lunes, 8 de diciembre de 2008

Cap. III. De los Diez Mandamientos de la Luz. Catecismo de la Química Superior. Karl von Eckartshausen.


CATECISMO DE LA QUÍMICA SUPERIOR

CAPÍTULO III

DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LUZ
(Archivo 5º)



PREGUNTA: ¿Cuál es el capítulo tercero de la Comunidad de la Luz?
RESPUESTA: Los diez mandamientos de la Luz, a propósito de los que está escrito “si quieres realizar algo, realízalo por la ejecución de los mandamientos o de la ley”.

P: ¿Cuáles son los diez mandamientos de la ley?
R: Son los siguientes:

1) Hay una sola materia*(17).
2) Las propiedades de esta materia han de ser utilizadas en orden.
3) La materia acaba su trabajo cotidiano en seis acciones, ya que tres fuerzas producen tres seres, y reposa en la séptima fuerza, plenitud de sus acciones; esta fuerza sabbat de la luz*(18) ha de ser santa para ti.
4) La Luz y el fuego, como elementos pasivo y activo, han de inspirarte respeto; pues el fuego es el elemento macho y la Luz el elemento hembra. Son el padre y la madre de todas las cosas.
5) No le quites a la Luz lo que vivifica, a fin de que la materia, que ha de ser realzada, no muera.
6) No mezcles tu obra sacándola fuera del orden establecido. Todas las cosas tienen sus momentos y sus rotaciones. Tu deber consiste en unir las fuerzas dispersas.
7) No le quites sus propiedades a la Luz y al fuego; el deber del sabio es hacer que actúen totalmente. Deja a cada uno lo que le pertenece.
8) No tomes por verdadera una falsa aparición; no aceptes nada impuro o extranjero, incapaz de absorber la Luz, no sea que el artificio te produzca una falsa imagen.
9) El espíritu que emana de la Luz y del fuego no desea ninguna cosa que aún esté ligada a las otras y que no esté separada de ellas.
10) Por otra parte, este espíritu no desea ninguna materia que le sea extraña y no se le asemeje*(19).

P: ¿En que consiste el contenido principal de estas leyes de la Luz?
R: En que la Luz ha de penetrar enteramente tu materia o substancia, a fin de que el fuego esté totalmente unido por la Luz y que el espíritu que emana de la Luz y del fuego vivifique tu materia enteramente. Ésta es la primera ley.
La segunda es similar a la primera. Has de tratar del mismo modo la materia con la que trabajas, así como cualquier otra esencia que quieras llevar a la perfección.
En estas dos condiciones principales se basa toda la ciencia de la Luz y en ellas se apoyan todos sus adheridos.

P: ¿Cuáles son los mandamientos de la Comunidad de la Luz que trabaja?
R: Son cinco:

1) Respeta los mandamientos de reposo en el trabajo pues son sagrados. La Luz tiene sus sabbats y el trabajador ha de santificar estas fiestas.
2) Durante estas fiestas de Luz, consagra la substancia del sacrificio santo; deja a lo puro separarse de lo impuro, lo activo de lo inactivo, a través del agua de la Luz.
3) Abstente en tu trabajo de todo lo que esté en contra de la ley de la Luz, tanto en las fuerzas y en los actos, como en las formas y las esencias de las cosas; éstas son los cuatro cuatembros de la Escuela de la Luz.
4) Al menos una vez al año, intenta hablar con un amigo de los progresos que haces y trata de descubrir qué te molesta, a fin de tener un sostén en tu camino, que te conduzca hacia la perfección.
5) Cuando te lo indique la razón, abstente de abrir tu corazón a lo otros, así como de ligarte prematuramente.

P: ¿Por qué hay que respetar los mandamientos de la Comunidad de la Luz de los verdaderos conocedores?
R: Porque las leyes o condiciones de la Luz ordenan que el hombre no obedezca únicamente a lo que es necesario, al interior de la naturaleza, para alcanzar el objetivo fijado, sino también a lo exterior de este objetivo; en efecto, el cuarto mandamiento de la Luz supone estas exigencias y cualquiera que no respete sus buenas disposiciones y sus preceptos, será considerado como un profano, un hombre carnal que ignora las leyes del espíritu.
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*(17). Todos los alquimistas auténticos coinciden en que hay una sola materia… Marco Antonio Crasellame escribía en La Luz surgiendo por sí misma de las Tinieblas (III-5): «Sí, la materia es única, está en todas partes y los pobres la pueden obtener al igual que los ricos. Es desconocida de todo el mundo y todo el mundo la tiene ante los ojos, es despreciada como el barro por el vulgo ignorante y se vende a precio vil, pero para el filósofo, que conoce su valor, es preciosa». (Véase el texto completo de este delicioso tratado en Barón de Tschoudy, La estrella flamígera, Ed. Obelisco, Barcelona, 2005, Apéndice).
*(18). La expresión «Sabbat de la Luz» debe entenderse como «descanso de la Luz». Más adelante nuestro autor nos explicará que «la Luz tiene sus sabbats y el trabajador ha de santificar estas fiestas». La fiesta, como la siesta, es un descanso. Como escribía Louis Cattiaux (Véase Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, Ed. Sirio, Málaga, 1978, libro III-16), «El Sabio reposa en la plenitud de una única Luz» y «El loco se agota en el vacío de las tinieblas múltiples».
*(19). Porque, como escriben todos los alquimistas, «lo puro no se une más que a lo puro». Hablando del Mercurio de los Sabios, el discreto autor del Salterio de Hermófilo (1974) declara que: «Separa la Luz de las tinieblas que oscurecen a sus hermanos, esclavos de la impureza y, finalmente, es un puro espíritu que atrae así todo lo que es puro».

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