martes, 8 de septiembre de 2009

Tarot de Mantegna

Este estudio aquí publicado procede de [LA PUERTA]

1. EL MÍSERO
Misero I

La primera lámina del Tarot simboliza la parte inferior de la Creación, allí donde la luz del Creador a duras penas puede llegar. Se representa por medio de un mendigo, el Mísero, palabra proveniente de la latina miser, que signiFIca ‘desdichado, infeliz, miserable’. San Isidoro de Sevilla explica de la manera siguiente la idea antigua de la etimología de esta palabra: «Propiamente porque ha perdido (amiserit) toda la felicidad. Cicerón llama míseros a los muertos porque han perdido (amiserunt) la vida.»1 Siguiendo los conceptos renacentistas, el Mísero «es como un muerto» por estar alejado del manantial de la Vida; por ello es desdichado, pues no conoce la auténtica felicidad que proviene de los dioses.
En la lámina se observa a este hombre, vestido con andrajos, con un bastón sin pulir. Lo vemos entre las ruinas de un templo destruido, junto a un árbol seco y muerto, pues no recibe el viento vivificante de primavera, y con unos perros mordiéndole los pies, que son su fundamento. Es una imagen parecida a la carta del Loco perteneciente al Tarot de Marsella, de la cual E. d’Hooghvorst explica que, grabando esta lámina, «el imaginero ha querido significar el exilio del hombre en este mundo: creado para el Arte, la poesía, la profecía, hele aquí mudo, en silencio satánico. [...] El dibujo nos muestra claramente a un hombre en camino. Camina desde siempre. ¿Adónde va? A ninguna parte. Tal es su destino heredado de los sueños del vagabundeo, su único bagaje».2

Serie S: Los rangos y oficios del hombre


1. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 833: X, 173.
2. «Los Tarots» (cit. en p. 26, n. 26), p. 114.

2. EL SERVIDOR
Fameio II

La segunda lámina es la representación de un Servidor, en idioma original Fameio, del latín famulus, que significaba ‘servidor, doméstico’, de donde procede la palabra familia: ‘conjunto de personas que un señor sustenta dentro de su casa’.
En la imagen, el Servidor anda llevando una crátera en las manos, a la que mira fijamente. Es lógico relacionar esta lámina con una carta del Tarot de Marsella, la Sota de Copas.1 La copa representa simbólicamente un recipiente que contiene alguna cosa, y esto nos remite a la copa medieval simbólicamente más importante, el santo Grial, recipiente donde se recogió la sangre de Cristo. Según J. E. Cirlot, «el Grial significa simultáneamente un vaso (grasale) y un libro (gradale)».2 El Servidor es quien lleva este precioso tesoro, ya sea la sangre de Jesucristo, que salva al hombre de la muerte, ya sea el libro en donde está escrita la Revelación de Dios. Pero aquello que lleva el Servidor de ningún modo le pertenece, quizás ni tan siquiera lo conoce, ya que sólo es un intermediario que lo transporta. El recipiente está cubierto, todavía no se deja ver aquello que contiene.

Serie S: Los rangos y oWcios del hombre


1. Cf. S. R. Kaplan (cit. en p. 21, n. 17), p. 52.
2. Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1982, voz «Graal».

3. EL ARTESANO
Artixan III

El Artesano trabaja y da formas nobles a las materias brutas; su nombre proviene del vocablo latino ars, ‘conjunto de normas y reglas para hacer algo bien’. San Isidoro de Sevilla explica que «deriva del griego arete´-s, esto es, de lo que en latín decimos virtus».1 Virtus es a su vez un derivado de vir, ‘hombre’, pues éste es quien tiene la fuerza creadora capaz de dar forma a la materia.
Dentro de un ediWcio, el Artesano de la lámina trabaja sobre un pequeño yunque, teniendo sobre la mesa diversas herramientas; al fondo a la derecha, hay una forja con una visible llama de fuego. En el modelo iconográWco que Ripa propone para el arte debe haber un fuego, ya que «la ígnea llama aparece como principal instrumento de las cosas que al arte pertenecen, pues, consolidando o ablandando la materia, la hace apta para ser utilizada por el hombre en muchas de sus industriosas actividades».2 A los artesanos que trabajan con el fuego se les ha relacionado siempre con la Alquimia,3 y por ello los alquimistas son llamados «Wlósofos por el fuego».
Al otro lado de la forja, un personaje que parece su maestro supervisa el trabajo del Artesano con una extraña posición de manos. Desde la Antigüedad clásica los artesanos se agruparon en gremios; debían ayudarse y amarse todos como hermanos, y transmitirse los secretos del oWcio, junto a secretos iniciáticos y WlosóWcos.

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1. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 277: I, 1, 2.
2. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 116.
3. Cf. M. Eliade, Herreros y alquimistas, Madrid, Alianza Editorial, 1974.

4. EL MERCADER
Merchadante IIII

Mercader deriva del latín merx, ‘mercancía’, que en la lengua familiar se empleaba como ‘negocio, asunto, cosa’, incluso reWriéndose a personas; de la misma raíz proviene Mercurius, dios del comercio.1
El Mercader de esta sobria lámina, ataviado con la ropa de la burguesía Xoreciente de la época, lee atentamente una carta o una contrata, sujetándola con las dos manos, lo cual parece inducirnos a recuperar la relación etimológica entre Mercader y Mercurio. San Agustín, recogiendo la sabiduría clásica, escribe: «Se dice llamado Mercurio porque ‘corre en medio’ (medius currens), al igual que la palabra corre media entre los hombres. [...] De ahí le viene también el que presida las mercaderías, porque entre los que venden y los que compran media la palabra.»2
Ripa, explicando la imagen iconográWca del Comercio y trato de la vida humana como el intercambio de relaciones y palabras entre los hombres, enseña que el Gran Maestro y Señor del Mundo hizo muy sabiamente en no colmar ningún lugar de la tierra con todos los productos que existen, para que los unos precisen de los otros: «Esta necesidad provoca que cada nación tenga ocasión de tratar con las otras y ayudarse de ellas, de donde viene el intercambio que se produce con el comprar y el vender.»3 Es como el cielo y la tierra, que, desde la caída, no son completos y uno necesita del otro.

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1. Cf. A. Ernout et A. Meillet, Dictionnaire étymologique de la langue latine, París, Klincksieck, 1985, voz «Merx».
2. «La Ciudad de Dios», en Obras de san Agustín, Madrid, BAC, 1964,
vol. XVI, p. 372.
3. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 196.

5. EL GENTILHOMBRE
Zintilomo V

A finales del siglo xv, los gentilhombres eran nobles que servían o acompañaban al rey en sus diferentes actividades. La palabra proviene del latín gens, gentis, ‘raza, familia o tribu’.
En la lámina vemos a un Gentilhombre durante una cacería. El personaje principal practica el arte de la cetrería junto a un ayudante que lleva dos perros. La caza de volatería por medio de halcones amaestrados fue el deporte favorito de la nobleza feudal, pero además contiene una signiWcativa lectura simbólica. Es un símbolo que provenía de los egipcios, pues para ellos el halcón era el jeroglíWco del alma humana, lo cual recogieron los griegos; en griego halcón se dice hiéraks, que se relaciona directamente con hierós, ‘sagrado’. Según Horapolo del Nilo, único autor clásico que explica el signiWcado de los antiguos jeroglíWcos, «el halcón, por estar relacionado con el alma, no bebe agua, sino sangre, con lo que también se alimenta el alma [...] porque parece ser imagen del sol, mirando con vista penetrante hacia sus rayos a diferencia de todas las aves».1 Cuando el halcón tiene la cabeza cubierta con el capirote representa el alma (psykhe´-), prisionera en la oscuridad del cuerpo, pero cuando se le saca el capirote, el ave, es decir el alma, se dirige hacia el sol, que es el origen de las almas, y al que el halcón puede mirar Wjamente sin cegarse.
Se conocen varios emblemas renacentistas en los que se ve un halcón con el capirote, cuyo lema reza: «Espero la luz después de las tinieblas», aludiendo al signiWcado jeroglíWco del arte de la cetrería, que el hábil grabador del Tarot ha escondido en esta lámina.

Serie S: Los rangos y oWcios del hombre


1. Hieroglyphica, Madrid, Akal, 1991, pp. 83 y 87.

6. EL CABALLERO
Chavalier VI

Extraña representación de un caballero sin caballo, quizás para mostrar que lo importante del Caballero no es precisamente el hecho de ir a caballo. Covarrubias lo indica al explicar el sentido de la palabra: «El cavallero se llama en latín miles [...]. Esto trae origen del modo de elegir un cavallero, porque de mil soldados escogían uno [...]. De manera que no se dirá cavallero absolutamente el que anda a cavallo, sino por ser escogido para la orden de cavallería, que consta de hombres escogidos cada uno entre mil».1 El Caballero lo era en tanto pertenecía a una orden o escuela iniciática, y para ello debía ser investido en una ceremonia de carácter sagrado.
En el grabado vemos dos personajes: en primer término un Caballero con una espada corta y detrás suyo un servidor con una espada larga; esto hace referencia a la costumbre de los caballeros de Wnales de la Edad Media de llevar dos espadas, una grande para atacar, ceñida a la izquierda, y otra más corta, o bien un puñal llamado misericordia, ceñida a la derecha, que se utilizaba para herir a los jinetes caídos. Estas dos espadas representan el simbolismo doble propio de la espada, que es una arma de «doble Wlo», como dice R. Guénon: «La espada es un símbolo del Verbo o de la Palabra, con su doble poder creador y destructor.»2
La aventura del Caballero era propiamente una búsqueda, cuyo Wn, como narra un ritual caballeresco, consistía en recorrer «el Oriente y el Occidente, el Septentrión y el Mediodía, en busca de la Palabra Perdida. A pesar de las tinieblas que nos envolvían y las diWcultades que el error y la ignorancia han sembrado sobre nuestros pasos, creemos haberla encontrado».3

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1. Tesoro de la lengua castellana o española, Barcelona, Alta Fulla, 1987, voz «Cavallero».
2. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Buenos Aires, EUDEBA, 1969, p. 157.
3. Según P. Mariel, Rituels des sociétés secrètes, París, La Colombe, 1961,
p. 109.

7. EL DUQUE
Doxe VII

A causa de la Wgura de esta lámina, algunos autores han pensado en un posible origen veneciano de estos grabados; pues, en efecto, el personaje va ataviado como los Dux de Venecia. Los Dux eran en todo diferentes a los demás Duques, ya que su dignidad era una imagen o representación de la soberanía que residía en toda la Junta de Senadores. Los Dux llevaban un gorro frigio, como los adeptos de Mitra en la Roma Imperial; Mitra representa el amor, y se le considera «príncipe de las generaciones y de la fecundidad, que perpetúa y renueva el mundo».1 Por este motivo se ha atribuido un signiWcado fálico a este gorro.
Duque proviene del latín dux, que signiWcaba ‘conductor, guía’; era un término del antiguo lenguaje pastoril, atribuido a quien ‘conducía’ el rebaño.2 En la antigua Roma, se utilizaba para designar a la persona que conducía el ejército con el estandarte. Un detalle destaca de la Wgura, quizás ligado con el sentido etimológico: la posición de la mano siniestra que señala el centro de su cuerpo, mientras que, para que se pueda observar esta señal, con la diestra aparta su larga capa. Así, el personaje parece ‘conducir’ hacia el interior de uno mismo, aplicando la máxima antigua «Conócete a ti mismo».

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1. J. F. M. Noël, Diccionario de mitología universal, Barcelona, Edicomunicación, 1991, voz «Mitra».
2. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Dux».

8. EL REY
Re VIII

El Rey, en latín rex, era quien dirigía él solo los asuntos del Estado. En la lámina aparece el Rey entronizado como las dos últimas Wguras de la serie, indicando dominio y potestad, y vestido como un general romano, coronado y mirando atentamente la vara o cetro de mando, pues con ella ‘rige’. Rex proviene de rego, ‘regir’, que signiWca propiamente ‘dirigir en línea recta’ y secundariamente ‘ejercer la dirección o el mando de algo’.1 A partir de esta etimología san Isidoro de Sevilla aWrma: «No “rige” el que no “corrige”. El nombre de “rey” se posee cuando se obra “rectamente”, y se pierde cuando se obra mal. De aquí aquel proverbio que corría entre los antiguos: “Serás rey si obras con rectitud; si no obras así, no lo serás.”»2
La composición de la Wgura se centra en el cetro que el Rey sostiene verticalmente con su diestra; ello es así porque el cetro es dado a aquel que ha «corregido» su naturaleza caída y tiene el dominio sobre la creación. Ripa deWne el modelo iconográWco del Dominio como un personaje que sostiene un cetro y escribe que «es clarísimo signo de Dominio, según resulta de numerosos autores, y en particular de Pitágoras, quien bajo Wguras míticas representa su Wlosofía. Pues éste deWnió a Osiris como Rey y Señor».3
Osiris es la imagen simbólica del rey, porque por medio de su muerte y resurrección ha «corregido» la mala formación, eliminando lo que en él era heterogéneo. En Alquimia se llama rey al «oro de los Wlósofos, [...] principio de Wjeza que anima el mercurio de los sabios y la materia de la piedra».4 Es una imagen del Rey que anima y domina el universo por medio del cetro, que es la medida perfecta de todas las cosas.

Serie S: Los rangos y oWcios del hombre


1. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Rego».
2. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 765: IX, 3, 4.
3. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 296.
4. A. J. Pernety, Diccionario mito-hermético, Barcelona, Indigo, 1993, voz «Rey».


9. EL EMPERADOR
Imperator VIIII


Emperador es una palabra proveniente del latín imperator, que a su vez está compuesta de in y paro, y que signiWca propiamente ‘tomar medidas, hacer preparativos para que una cosa se haga’; según ello, el sentido de ‘gobernar’ derivaría de la idea de ‘ordenar’.1 Por sus vestidos y atributos el Emperador de la lámina se relaciona con Júpiter, del cual ha dicho Agrippa: «Ciertamente, es el pensamiento de este mundo que, conteniéndose en sí mismo, lo produjo.»2 Los rasgos de ancianidad y su barba muestran la eternidad de este pensamiento.
Los atributos que identiWcan al personaje de la lámina son los que desde Augusto usaban los romanos para signiWcar al Emperador; éste iba cubierto con el manto púrpura de los generales victoriosos, se ceñía la corona de laurel, árbol atribuido a Júpiter, poseía el cetro corto del mismo dios y sostenía en su mano el globo que representaba el universo. En el grabado, el personaje lo mira Wjamente como si lo fecundara con la mirada. La utilización de los atributos de Júpiter indica que el Emperador encarnaba el poder de dicho dios sobre la tierra. Tal aspecto es conWrmado por el hecho de encontrarse detrás de una cortina, lo que le conWere un carácter sagrado, separado del mundo profano. Los pies cruzados, como en el Emperador del Tarot de Marsella, indican un gesto ritual que, como explica G. van Rijnberk, «signiWca la concentración volitiva necesaria para construir, consolidar y mantener lo que ha creado con su inteligencia».3
El águila situada en la parte inferior de la lámina es un símbolo de inmortalidad en la tradición occidental, ya que, según la leyenda, cuando está a punto de morir desciende volando hacia una fuente, en la que se sumerge tres veces para renovarse y volver a ser joven.

Serie S: Los rangos y oWcios del hombre


1. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Impero».
2. La Wlosofía oculta (cit. en p. 34, n. 41), p. 262.
3. Le Tarot (cit. en p. 22, n. 21), p. 232.

10. EL PAPA
Papa X

La serie de los rangos y oWcios del hombre acaba con la Wgura del Sumo PontíWce romano, sucesor de san Pedro. Es el vértice de todos los poderes y primera jerarquía, en tanto que jerarquía signiWca ‘gobierno sagrado’.
El Papa lleva la triple tiara sobre su cabeza, y los tres pisos de ésta evocan los tres mundos, el físico, el anímico y el espiritual, sobre los que el Papa ejerce su poder. El piso inferior, que representa el mundo material, es la herencia que el hombre recibe de sus padres; el segundo piso, que representa el mundo psíquico, son las inXuencias astrales que el hombre recibe al nacer, y Wnalmente el último piso, que representa el mundo espiritual, es la parte divina que está en el hombre. Las vestiduras del Papa son blancas, símbolo de la puriWcación de los tres reinos.
Con su mano derecha sostiene dos llaves que signiWcan la autoridad y la potestad espiritual que ostenta, como lo enseñó Jesucristo: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.»1 Se han relacionado estas dos llaves con las dos operaciones alquímicas fundamentales, el solve, la llave que desata, y el coagula, la llave que ata. Su mano izquierda se apoya sobre un libro cerrado, donde están escritos los misterios revelados que la Iglesia guarda y transmite.

Serie S: Los rangos y oWcios del hombre


1. Mateo, XVI, 19.

11. CALÍOPE
Caliope XI


Calíope es una palabra griega y significa ‘que tiene una bella voz, que suena agradable’, de kalós, ‘bello’, y óps, ‘voz, palabra’. Todas las Musas participan de esta ‘bella voz’; por ello se consideraba a Calíope la primera de las nueve Musas y se le atribuía la sabiduría del conjunto de las Musas, de tal modo que nombrándola a ella se entendían comprendidas todas las demás. Cuando Hesíodo cita el nombre de las nueve Musas, termina por Calíope y dice de ella: «Ésta es la más señalada de todas. Ella es la que asiste a los venerables reyes. [...] A éstos les vierte sobre su lengua una dulce gota de miel y de sus bocas Xuyen meliXuas palabras.»1 El autor del Tarot representa la ‘bella voz’ por medio de un clarín, una voz metálica, un sonido vivo, capaz de resucitar a los muertos, como las trompetas del Apocalipsis.
Calíope es propiamente la Musa de la elocuencia y de la poesía heroica, pues, como escribió Virgilio, «Calíope confía a los libros los poemas heroicos».2 En algunas representaciones aparece sosteniendo con la diestra tres libros, la Odisea, la Ilíada y la Eneida, los grandes poemas heroicos de la tradición clásica. Homero escribió sobre Calíope: «La Musa inspiró al aedo que cantase las hazañas de héroes, de una acción cuya fama llegó por entonces al cielo anchuroso.»3
En la lámina, Calíope se encuentra en la ladera del monte Helicón, también llamado Parnaso, donde residían las Musas, y junto a la fuente de Hipocrene, cuyas aguas favorecen la inspiración de los poetas. Algunos poetas de la Antigüedad suponen que Calíope es la madre de Orfeo, el primero de los poetas y el profeta de los gentiles, que con su voz amansaba las Weras.

Serie D: Apolo y las Musas


1. Teogonía, México, UNAM, 1986, p. 3: 79.
2. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 115.
3. Odisea, Madrid, Gredos, 1986, p. 209: VIII, 73.

12. URANIA
Urania XII

Urania es la Musa del cielo, ya que éste es el signiWcado de su nombre, del griego ouránios, ‘del cielo, celeste’ en su primer sentido; en el segundo significa ‘que eleva, que lanza hacia el cielo’.1 Este doble sentido etimológico es el que recoge Ripa al deWnir a esta Musa: «La Musa de la que tratamos es llamada Celeste por los Latinos, pues Urano es lo mismo que el Cielo. Y aún sostienen algunos que recibe este nombre porque eleva hasta el Cielo a los hombres más doctos.»2 Urania acompaña el alma del artista hacia su origen y así lo diviniza, llevándolo al apoteosis, en el sentido propio del término griego: apó y théo-sis, ‘acción de divinizar, deiWcación’.
El grabador de nuestro Tarot la representa sosteniendo con una mano el globo del mundo y con la otra un compás para medir. Dice sobre ella Virgilio en su opúsculo De Musis: «Urania examina los movimientos de los cielos y los astros.»3 También a esta Musa parece referirse el poeta latino cuando escribe: «Las dulces Musas me muestren las constelaciones y los cursos de los astros, los variados eclipses del Sol y los desfallecimientos de la Luna; cuál es la causa de los terremotos, qué fuerza hinche los abismos del mar...»4
Del movimiento de los cielos proviene el amor divino, por lo que la Musa Urania se identiWca con la Venus celeste, la que da el amor puro; por ello escribe Platón: «Y es éste el Amor que es bello, el que es “celeste”, el que procede de la Musa Urania», y a continuación explica que se debe a este Amor de Urania «incluso la ordenación de las estaciones de los años».5

Serie D: Apolo y las Musas


1. Cf. A. Bailly, Dictionnaire grec-français, París, Hachette, 1963, voz «Ouránis».
2. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 114.
3. Según Ripa, Iconología, ibid.
4. Geórgicas, Madrid, Gredos, 1990, p. 314: II, 475ss.
5. El banquete, Barcelona, Planeta, 1982, p. 24: 187d.

13. TERPSÍCORE
Tersicore XIII

Por su nombre se la identiWca como la Musa de la danza, ya que sus atributos no se diferencian de los de sus hermanas. Terpsícore, Terpsikhóra, signiWca ‘aquella que ama la danza’, término formado por el verbo térpo-, ‘amar, encontrar placer en’, y khorós, ‘coro de danza, personajes de la danza’. Sobre su cabeza se observan tres astros, pues éstos danzan por las regiones del universo, siguiendo la música de las Musas, y en especial de Terpsícore. Pitágoras enseñaba que al moverse los cuerpos celestes generaban unas voces que se correspondían en armónica concordancia, y que esta música celeste era la causa de que el mundo se sustentara, dándole peso, número y medida.
Se la representa llevando una cítara con la que marca los pasos de la danza, basándose en el opúsculo atribuido a Virgilio De Musis, pues éste dice: «Conmueve, gobierna, acrecienta las emociones con tu cítara.»1
Pasa a veces por ser la madre de las sirenas, que habría concebido del dios-río Aqueloo. Quizás por ello, en el fondo de la imagen del Tarot que la representa, se puede ver un río. De su unión con Apolo nació Lino, célebre poeta y músico tebano, a quien Virgilio llama «pastor de divino canto».2

Serie D: Apolo y las Musas


1. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 114.
2. Bucólicas, Madrid, Gredos, 1990, p. 199: VI, 67.

14. ERATO
Erato XIIII

Esta Musa recibe su nombre de la palabra griega éros, ‘amor’, como lo señala Ovidio: «Ahora, más que nunca, séme favorable, Erato, pues tú tienes el nombre del amor.»1 La presencia de esta Musa era invocada por los amantes, sobre todo en el mes de abril, mes que entre los romanos estaba consagrado muy particularmente al amor, y presidido por esta Musa tal como consigna Ovidio en otro lugar: «El mes citereo está concedido a ella, por llevar el nombre del amor tierno.»2 En este momento del año la vida se renueva sobre la tierra y, por un acto de amor, el espíritu fecundante del cielo hace crecer todas las semillas de la tierra.
Erato inspira los versos que nacen junto al deseo amoroso, por ello preside la poesía lírica y anacreóntica, aquella que, a imitación de Anacreonte, canta los placeres del amor y del vino con ligereza, donaire y gusto reWnado. Este poeta escribía: «¿Que me estás enseñando Wlosofías vanas y de los sabios necios sentencias y elegancias? Enséñame a que beba el licor de las parras, que es ciencia de provecho para el cuerpo y el alma; enséñame a que ría con Venus la dorada...»3
En la lámina del Tarot vemos a Erato bailando al son de una pandereta que marca el ritmo, tal como explica Virgilio, cuando escribe que Erato «danza con los pies, con el canto, con el rostro».4

Serie D: Apolo y las Musas


1. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 113.
2. Fastos, Madrid, Gredos, 1988, p. 139: IV, 195.
3. Odas, XXXVI. Traducción de F. de Quevedo. Obras Completas, Madrid, Aguilar, 1964, vol. II, p. 314.
4. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 113.

15. POLIMNIA
Polimnia XV


Polimnia es un nombre de origen griego, Polýmnia, de cuya etimología se han hecho distintas interpretaciones. Según Ripa, quien cita a Hesíodo, el nombre de Polimnia «está compuesto de la palabra poly y la palabra mnia, que juntas signiWcan abundante memoria»,1 y la considera por ello la Musa que preside la Retórica, pues recuerda todos los recursos de la lengua para persuadir.
Sin embargo, parece mucho más verosímil que esté compuesto de polýs, ‘mucho’, y hýmnos, ‘himno, canto de alabanza a Dios o a los dioses’, y así signiWque ‘muchos himnos’; por ello Polimnia está considerada la Musa que inspira los cantos sagrados. La palabra hýmnos signiWca también ‘canto nupcial’;2 de aquí su relación con Himeneo, el dios que preside los cortejos nupciales, hijo de Dioniso y Afrodita. Basándose probablemente en esta etimología, Platón considera a Polimnia la madre del amor terrestre.3 De este amor dice Ficino: «Es aquella capacidad de engendrar que se atribuye al alma del mundo.»4 El alma del mundo se simboliza por medio de los siete tubos de un órgano, como el que lleva Polimnia en el grabado.

Serie D: Apolo y las Musas


1. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 113.
2. Cf. P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque, París, Klincksieck, 1984, voz «Hýmnos».
3. El banquete (cit. en p. 72, n. 5), 187d.
4. De Amore (cit. en p. 13, n. 3), p. 39.

16. TALÍA
Talia XVI

Talía es el nombre de una de la nueve Musas, que se relaciona con la raíz thállo-, que en griego quiere decir ‘Xorecer, reverdecer, llenarse de hojas o frutos’; por ello en la lámina la vemos en un campo, con árboles frondosos, junto a un arroyo. Se atribuye a Talía un temperamento húmedo, por lo que su inclinación natural la hace lasciva y variable.
Se la considera la Musa que preside el arte de la comedia, como lo aWrma Virgilio: «La cómica Talía se alegra con la lasciva charla.»1 Existe una relación misteriosa entre la risa, propia de la comedia, y el nombre de Talía, que, como hemos dicho, signiWca ‘reverdecer’. Sobre esta relación escribe E. d’Hooghvorst: «Esta Musa de la comedia representa los misterios bajo un aspecto que incita a la risa. El poeta [Virgilio] nos dice que no se sonrojó por habitar los bosques, lo cual es una alusión al aspecto grosero de la prima materia que, en efecto, se encuentra en los antros silvestres [...]. Talía era la Musa de la comedia ligada a los misterios de Baco.»2 Las Musas conducen a los hombres hacia los secretos iniciáticos; en el Himno órWco dedicado a ellas se dice: «Vosotras, que disteis a conocer a los mortales los misterios rituales, [...] venid, por favor, para vuestros iniciados, multicolores y castas, aportando una emulación gloriosa, deseada y por muchos celebrada.»3

Serie D: Apolo y las Musas


1. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 111.
2. «Chromis et Mnasylus in antro», en La Puerta. Tradición latina, Barcelona, Obelisco, 1995, p. 13.
3. Himnos órWcos, Madrid, Gredos, 1987, p. 229: LXXVI, «A las Musas».


El tarot de Mantegna
Raimon Arola
Editorial Alta Fulla
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La Primera Causa

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy buen post! Con mucha informacion de las cartas de Tarot y de el destino