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domingo, 17 de octubre de 2010

El Cuarto Camino. Gurdjieff


¿A qué se llama el Cuarto Camino? ¿En qué consiste este trabajo sobre sí mismo para la transformación de la conciencia? ¿Qué enseñanza trajo Gurdjieff a Occidente?Los tipos de trabajo que el hombre puede realizar para superar su Personalidad y acceder a su Yo Real se pueden clasificar en cuatro. Al Cuarto Camino se le califica como el más difícil de todos los caminos, porque es preciso practicarlo en medio de la vida.El primer camino es el Camino del Faquir. El segundo es el Camino del Monje. El Tercer Camino es el Camino del Yogui.El Cuarto Camino se desarrolla en la vida exterior, en medio del mundo.Se dice que este camino aparece en medio de la vida con mayor fuerza en épocas en las cuales la conciencia general de la humanidad se obscurece y aumenta el engaño respecto de los verdaderos objetivos de la vida y el auténtico ser y destino del hombre. En épocas como la nuestra en definitiva, es decir, en períodos de especial desorden, caos y pérdida de valores morales esenciales.El Cuarto Camino debe relacionarse siempre con las circunstancias variables de la vida puesto que se realiza en medio de todas las tareas y todas las circunstancias de nuestra vida corriente. Por tanto, el trabajo sobre sí nunca llega a tener una forma definida y rígida. Su enseñanza inmemorial y fija se adapta a cada época de forma admirable.Las personas que emprenden el trabajo en un grupo de Cuarto Camino deben ser capaces de adaptarse a las condiciones exteriores de la vida y mantener no obstante el sentido y el sentimiento exactos del trabajo. Este se divide en la práctica real en trabajo sobre sí (trabajar sobre uno mismo), en trabajo en unión con los demás (trabajar con otros) y trabajo en el servicio del propio trabajo (trabajar por el trabajo).En el Cuarto Camino la primera y principal realización a conseguir es llegar a ser el hombre Nº 4. Dicho tipo de hombre representa el hombre equilibrado o el hombre cabal. El que está en el Cuarto Camino ha de comprender que cualquier cambio exterior le es siempre útil, porque es precisamente en esas condiciones difíciles donde se desarrolla el esfuerzo consciente que pone en actividad las partes altas de los Centros mental y emotivo. De este modo no debe quejarse por ningún tipo de dificultades que surjan en su vida, sino tomarlas como retos y pruebas necesarios para aumentar en él “la fricción entre el Sí y el NO” que aumenta la temperatura psíquica para realizar la soldadura o cristalización interior de los yoes que desemboca, muy al final, en la adquisición de la individualidad y luego del Yo Real.Estas partes altas sólo se desarrollan mediante la atención, la observación de sí, la no identificación, la consideración exterior de los otros como uno mismo, la no consideración de sí mismo, el Recuerdo de Sí, etc.Sólo de este modo se transforma nuestra personalidad en el camino correcto hacia el hombre equilibrado como primera meta a conseguir hacia la individualidad y el Yo Real.La enseñanza del trabajo, por tanto, tiene una enorme flexibilidad y desapego; no se ha de identificar con ningún lugar ni con ninguna forma material que pueda adoptar a causa de las circunstancias concretas de la época o circunstancias materiales diversas. El trabajo existe a través de la actitud de cada cual hacia él, y sea cual fuere la situación exterior, no afecta a las normas inmemoriales que dirigen su actividad transformadora de la conciencia.La gente que está en el Cuarto Camino ha de ser siempre capaz, como dijo San Pablo, de “Ser todo con todos para ganar a todos”. El que emprende el trabajo debe ser capaz de desarrollar cada lado de sí mismo, en relación con cada persona que se relacione y con las diversas actividades profesionales o sociales que pueda realizar en la vida exterior, hasta un punto razonable de efectividad. De otro modo no comprende la idea del Cuarto Camino que se mantiene justo en medio de la vida. Justo en medio de todas las cosas que siguen su curso, adecuándose y, no obstante, manteniéndose siempre él mismo en el interior.El Cuarto Camino es y ha de ser siempre el más flexible de todos los caminos. Esta flexibilidad se refiere a la comprensión interior.Si una persona no es flexible, aunque intente mantener el sentimiento del trabajo, difícilmente logrará realizar en realidad el trabajo auténtico sobre sí. Éste será un sucedáneo para engañarse a sí mismo y perder el tiempo lastimosamente, si no, hacerse daño interiormente.No debe existir ninguna cosa o actividad en la vida con la que no pueda mantenerse en contacto y desempeñarse razonablemente quien sigue la vía del Cuarto Camino.El Cuarto Camino no es romántico. Es innecesario y perjudicial tener sentimientos románticos en relación con circunstancias vitales para desarrollar el trabajo. En este sentido, en el Cuarto Camino, tan pronto como algo no es ya valioso en relación con el trabajo, se lo abandona.Es una enseñanza firme del trabajo que las cosas, tarde o temprano, se hacen mecánicas, repetitivas, pierden la capacidad de ser vividas conscientemente por parte del sujeto a causa de la rutina y es preciso recibir un choque para que las cosas dejen de ser mecánicas. Los choques pueden consistir en cosas absolutamente variadas, pero siempre se refiere a algo nuevo que requiere más atención y esfuerzo y nos saca de la rutina al despertar el interés consciente.Pero el trabajo tiene algo que se cumple con absoluta seguridad para el practicante del camino sincero: Prosigue siempre efectivo, habla de misma forma y con la misma voz y otorga la misma fuerza a quienes lo reconocen y lo practican.En él no hay que realizar ejercicios extremadamente difíciles y dolorosos como el faquir, tampoco vivir como el monje en monasterios; ni peregrinar como el yogui en busca de remotas escuelas o pasar la vida meditando en cuevas.Afirma Maurice Nicoll en “Comentarios psicológicos sobre la enseñanza de Gurdjieff y Ouspensky”, Tomo I:“Por eso tenemos que trabajar en medio de la vida, rodeados por todas las desdichas de la vida, y con el tiempo la vida llega a ser nuestra maestra, es decir, tenemos que practicar la no identificación en medio de los sucesos de la vida; y tenemos que practicar el recuerdo de sí en medio de los asuntos; y observamos y separarnos de nuestras emociones negativas en medio de todas las heridas y escozores de la vida cotidiana. Y por esa razón se dice que un hombre que sigue el Cuarto Camino debe llegar a ser el hombre Nº 4, es decir, un hombre que ha desarrollado sus centros: mental, emocional e instintivo-motor. Significa un hombre que puede ser todas las cosas para todos los hombres, y significa un hombre que ha desarrollado todos los aspectos de sí mismo de modo que pueda enfrentar cualquier situación en una forma razonable, con cualquier género de persona, con cualquier punto de vista, con cualquier teoría, con cualquier cosa práctica o cosa teórica o cosa filosófica.[…]¿Serían capaces de hacerse cargo súbitamente de un ejército? ¿Serían capaces de dirigir un hotel? ¿Serían capaces de hablar con eficiencia al Primer Ministro? ¿Podrían escribir una pieza de teatro o comandar un barco o presentar una importante danza y conservar la tranquilidad y saber qué tienen que hacer? ¿Podrían escribir una buena crítica de un libro? ¿Podrían mantener una conversación con gente culta? Aunque todas estas cosas no son importantes y no se deben tomar literalmente, todos deben tener una idea de lo que significa el hombre Nº 4, pues el hombre Nº 4 no significa exactamente lo que he dicho. Significa el logro de una muy maravillosa multifaceticidad de modo que, aunque nunca mantuvieron una charla con el Primer ministro, en cuanto llegue el momento lo podrán hacer desde, su desarrollo interior y su fuerza interior.”Para terminar esta pequeñísima y muy incompleta introducción al trabajo, diré que el trabajo sólo puede actuar en nosotros y empezar a transformarnos cuando se lo emprende desde la comprensión, el sentimiento profundo y la práctica sincera. No es un camino para el intelectual, en el sentido en que se lo entiende habitualmente en Occidente, del que estudia teorías y las tiene en la memoria. No es ni siquiera algo para comprender y sentir y luego no aplicar en todas las relaciones que tenemos con los demás y con el Espíritu Absoluto. El trabajo requiere la creencia, en algún modo, en que existe algo trascendente. Por otro lado, el trabajo es una enorme sabiduría antiquísima que posee ingentes recursos psicológicos, físicos y espirituales que pone a disposición del buscador sincero para el conjunto de su logro. El trabajo es para los que, sinceramente desean hallar el sendero. 

martes, 7 de septiembre de 2010

En Relación con las Metas


La atención da energía y la intención transforma. Cualquier cosa a la que prestemos atención crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la que dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. Por otra parte, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención organiza su propia realización.

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una infinidad de sucesos espacio-temporales orientados a producir el resultado buscado. Esto se debe a que la intención, dirigida sobre el campo fértil de la atención, tiene un infinito poder organizador, lo que significa poder para organizar una infinidad de sucesos espacio-temporales, todos al mismo tiempo.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego.

La intención combinada con el desapego lleva a una consciencia del momento presente centrada en la vida. Y cuando la acción se realiza teniendo consciencia del momento presente, su eficacia es máxima. La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El futuro es algo que siempre podremos crear por medio de la intención desapegada.

El pasado es recuerdo, memoria; el futuro es expectación; el presente es consciencia. El tiempo es el movimiento del pensamiento. Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; sólo el presente, que es consciencia, es real y es eterno. Es la potencialidad para el mundo del espacio y del tiempo, la materia y la energía. Cuando nos liberamos de la carga del pasado, la acción en el presente se convierte en suelo fértil para la creación del futuro.

La intención, apoyada en esta libertad indiferente del presente, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Tener una intención focalizada significa mantener nuestra atención en el resultado que perseguimos, con un propósito tan inflexible que impida completamente que cualquier obstáculo consuma o disipe la concentración de nuestra atención. Se eliminan de la consciencia todos los obstáculos, de manera total y completa. Así podemos mantener una serenidad inconmovible, a la vez que mantenemos con pasión intensa el compromiso con nuestro objetivo. Este es, simultáneamente, el poder de la consciencia sin apego y la intención focalizada.

Aprendamos a aprovechar el poder de la intención, y podremos crear cualquier cosa que deseemos. Al seguir los cinco pasos para poner en práctica la Ley de la Intención y el Deseo, la intención generará su propio poder:

1.- Entremos en el espacio de la consciencia pura. Esto significa ubicarnos en medio de ese espacio silencioso que hay entre los pensamientos, entrar en el silencio, en ese nivel de sólo ser que es nuestro estado esencial.

2.- Una vez establecidos en ese estado de sólo ser, liberemos nuestras intenciones y nuestros deseos. Cuando uno está realmente en ese espacio, no hay pensamiento, no hay intención; pero cuando se sale de él - en esa unión entre el espacio silencioso y un pensamiento - es posible introducir la intención. Si tenemos una serie de metas, escribámoslas y concentremos nuestra intención en ellas antes de entrar en el espacio silencioso. Debemos entrar en el espacio silencioso con una intención, y así ella ya estará allí como una tenue llama vacilante en nuestra consciencia. Liberar las intenciones y los deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo fértil de la potencialidad pura y esperar que florezcan en el momento propicio. No es conveniente desenterrar las semillas de los deseos para ver si están creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como deberán desarrollarse. Lo único que hay que hacer es dejarlas libres.

3.- Permanezcamos en el estado de auto-referencia. Esto significa permanecer establecidos en la consciencia de nuestro verdadero yo, nuestro espíritu, nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. También significa no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o dejarnos influir por las opiniones o críticas de los demás. Una buena manera de mantener el estado de auto-referencia es no divulgar nuestros deseos; no compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los mismos deseos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte.

4.- Renunciemos a nuestro apego al resultado. Esto significa renunciar a nuestro rígido interés por un resultado específico y vivir en la sabiduría de la incertidumbre. Significa disfrutar cada momento de la jornada de la vida, aunque desconozcamos el desenlace.

5.- Dejemos que el universo se encargue de los detalles. Nuestras intenciones y nuestros deseos, una vez liberados en el espacio silencioso, tienen un infinito poder organizador. Confiemos en que ese infinito poder de la intención orquestará todos los detalles por nosotros.

Recordemos que nuestra verdadera naturaleza es el espíritu puro. Llevemos la consciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, liberemos suavemente nuestros deseos, y el universo manejará los detalles por nosotros.

Mi Talento Unico.- Es nuestra capacidad más importante, la que nos hace más valiosos. La usamos para nuestro crecimiento personal y para ayudar a los otros a crecer. Cuando estamos desarrollando esta actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de este talento único nos introduce en un estado de consciencia atemporal.

Como Aplicar la Ley de la Intención y del Deseo:

l.- Haré una lista de mis deseos, y la llevaré a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi meditación. La miraré antes de dormir por la noche. La miraré al despertar en la mañana.

2.- Liberaré esta lista de mis deseos y la entregaré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están saliendo bien, hay una razón, y es que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.

3.- Recordaré practicar la consciencia del momento presente en todos mis actos. No permitiré que los obstáculos consuman o disipen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.



Deepak Chopra


Extractado por Farid Azael de
Deepak Chopra.- Las Siete Leyes Espirituales del Exito
Edaf.

domingo, 8 de agosto de 2010

Gurdjieff: Encuentros con Hombres Notables

Pelicula que describe los personajes, países y situaciones del mundo islamico por que vivió Gurdjieff en su búsqueda espiritual.

WebIslam

jueves, 22 de julio de 2010

Economizando Nuestra Energía

El cuerpo humano es una máquina capaz de realizar trabajo, y la energía para realizarlo se deriva de los alimentos, el aire y las impresiones. Comemos comida, respiramos aire y recibimos impresiones a través de los órganos de los sentidos. El intercambio entre estas tres formas de nutrición crea la variedad de energías que manifestamos.

Estas energías son de tres tipos: física, emocional y mental, y para cada uno de estos gastos de energía es necesario crear los recursos en nosotros. Por supuesto que no podemos gastar más que nuestros ingresos, No sólo no podemos hacer físicamente más de lo que nuestra alimentación lo permite, sino que tampoco podemos sentir o pensar más de lo que nos permitan los correspondientes ingresos. Estaremos «cansados» de pensar y no pensaremos más; estaremos «cansados» de las sensaciones y no sentiremos más, tal como nos cansamos dell ejercicio físico. La fatiga en cualquiera de estos aspectos significa la misma cosa, esto es, que hemos agotado temporalmente nuestra energía almacenada. Luego de dormir, o comer, o cambiar de aire o situación, podemos nuevamente actuar, sentir o pensar; pero por el momento estamos vacíos.

Hay, sin embargo, dos tipos de fatiga: imaginaria y real. Es bastante común que la gente piense que está cansada cuando en realidad no lo está. Dada una nueva motivación, la persona se sorprende de la energía que encuentra disponible. Este fenómeno en términos físicos, se suele llamar «el segundo aliento», y es como si fuera una segunda reserva de energía a la que se puede echar mano sólo cuando la primera está exhausta. El mismo fenómeno puede ocurrir respecto del sentir y el pensar, aunque generalmente desistimos después de agotado el «primer aliento». Pero podemos, por así decir, proponernos pasar de la primera fatiga al segundo aliento o reserva.

La fatiga real, muy distinta de una mera primera fatiga, sucede cuando la segunda o, quizás, la tercera reserva ha sido agotada. Entonces es necesario el descanso y la recuperación, o la máquina se derrumbará. Nuestra máquina está construída de modo tal que prácticamente todos los días creamos dentro de nosotros uno a uno los tres tipos de energía. No invertimos más que una pequeña parte de nuestros ingresos en las tareas que realizamos. Sin embargo, nos acostamos cansados, extenuados. ¿Por qué ocurre eso?

La máquina humana puede ser comparada con una fábrica de tres pisos, cada uno de los cuales está dedicado a una forma de trabajo particular. En la planta baja está nuestra vida física, en el segundo piso la emocional, y en el tercer piso nuestra vida intelectual. Cuando estamos trabajando en uno de los tres pisos, no es necesario que los otros estén también en actividad. No encendemos las luces de toda nuestra casa cuando estamos en una sola habitación, sería un desperdicio de electricidad. De igual forma no debemos estar usando energía de los tres compartimentos de nuestro organismo cuando en realidad sólo estamos usando uno de ellos. Por ejemplo, si estamos pensando, no es necesario que el cuerpo esté también gastando energía; o si estamos trabajando físicamente, no es necesario que la mente vagabundee y gaste energía haciendo nada. Debemos aprender a interrumpir la energía en cada piso a voluntad para que que la máquina no funcione cuando no estamos en esa habitación para guiarla.

Toda acción «inconsciente» desperdicia energía; sólo la acción consciente la ahorra. Así, el primer principio de economía es el actuar en forma consciente y voluntaria, sin permitir que cualquier actividad escape a nuestra atención y derroche la energía por su cuenta. Las tres principales fuentes de pérdida corresponden a los tres compartimentos de nuestro organismo y pueden ser definidas como: esfuerzo muscular inconsciente, vagancia mental y preocupación o lamentación.

Examine el estado de sus músculos en este instante. Note que lo más probable es que esté sentado con un esfuerzo completamente innecesario. Sus piernas están trabadas, los músculos de su cuello están tensos, su mandíbula está apretada, sus brazos están en actitud de levantar un peso. Esto significa que usted tiene las luces encendidas en las habitaciones de la planta baja, aunque de hecho no las necesita puesto que está leyendo en el tercer piso. El medidor está corriendo inútilmente en desmedro de su bolsillo. El remedio es relajar el cuerpo cuando no esté en uso. Siempre que no lo esté usando, déjelo suelto. A causa de haber vivido constantemente en tensión, el cuerpo no se relaja por su cuenta, pero puede ser entrenado para ello. El consecuente ahorro de energía es enorme.

El pensamiento sin propósito es dejar la luz encendida en el tercer piso cuando ella no es necesaria. Pero todo el mundo lo hace. Observe a sus compañeros de viaje en un bus o en el metro. Ellos no están abocados a la solución de un problema definido. Su mente sólo se está paseando por los incidentes del día, los de ayer o los del año pasado. No están tratando de llegar a ninguna conclusión. De hecho, no están pensando; pero su mecanismo mental está siendo ocupado por asociaciones de ideas; y como está procesando sucesos, recuerdos, imágenes, consume energía. Cuando más tarde quieramos realmente pensar, usando nuestro cerebro con un propósito definido, encontraremos que nuestra cuota diaria de energía mental se ha agotado. El remedio es nunca pensar sin objetivo. Cuando sorprenda a su mente girando por su cuenta, ya sea soñando de día, sumergida en imaginaciones, perdida en recuerdos, hágala pensar en forma precisa. Diga las tablas de multiplicar al revés, recite algunos versos. Redacte una carta o un discurso. Elabore claramente su plan de acción para el día de mañana. Enumere con exactitud los sucesos del día. Haga cualquier cosa que usted intente hacer, pero no permita que lo haga su mente por su cuenta. Este esfuerzo puede parecer agotador, pero en realidad es refrescante. Emplea sangre que es llevada al cerebro. El pensar en forma inconsciente es, por el contrario, una mera hemorragia que lleva al agotamiento.

La preocupación, o los sentimientos involuntarios, son la tercera causa de nuestra fatiga, aún más común que la producida por el desperdicio mental y el corporal. Como Shelley dijo: «Miramos el pasado y el presente y suspiramos por lo que ya no está». Acerca de los acontecimientos de ayer y de mañana es absurdo que sintamos y nos lamentemos por ellos, ya que no están presentes y sólo existen en la memoria o en la imaginación. Este hábito nos roba la energía con la que debiéramos sentir lo que sucede hoy. Llamamos «sentimentales» a aquellos que acostumbran habitar en los eventos del pasado o del futuro. Las luces de su segundo piso están siempre encendidas. Al mismo tiempo es notorio que los sentimentales no sienten con intensidad las situaciones del presente inmediato. Ellos viven intensamente el ayer o el mañana, nunca el hoy. El remedio consiste en concentrar la atención en la persona o situación inmediatamente presente. Aquí, justo enfrente de nosotros, y no en la memoria o la imaginación, es donde está aquello acerca de lo cual tendríamos que sentir, simpatizar, ayudar. Deje que el mañana y el ayer se cuiden a sí mismos.

Los que practiquen estos tres métodos se encontrarán muy pronto con más energía porque ahora ellos saben que hacer con ella. Les será difícil cansarse.

A.R. Orage

Traducido y extractado por Farid Azael de
A. R. Orage.- "Psychological Exercises & Essays"
Samuel Weiser Inc.

miércoles, 16 de junio de 2010

¿Se puede adquirir la intuición?


La intuición puede ser más fácil de describir que de definir. No es un pensamiento y no es un sentimiento. Quizás es una clase de compuesto químico producto de ambos. Sus resultados toman la forma de juicios rápidos, generalmente sobre insuficiente evidencia para una deducción 1ógica. Donde la razón es pedestre y tiene que caminar paso a paso, la intuición salta, brinca, o vuela hacia las conclusiones. Es un regalo de la naturaleza y emerge donde es escuchada. Algunas personas la tienen, otras no, unas menos y otras más. Y en general, es más común entre las mujeres que entre los hombres. Las conclusiones derivadas de la intuición son a menudo asombrosamente correctas, sin embargo, no son absolutamente ciertas. Aun los mismos intuitivos han aprendido bastante de la experiencia de dudar de sus intuiciones más evidentes. De hecho, las intuiciones son de la naturaleza de las adivinanzas, y, sin embargo, ellas pueden alcanzar un alto grado de posibilidad, y al fin probar ser correctas, pero sólo los más arriesgados podrían confiar en ellas previo a la evidencia.

La afinidad de la intuición y la adivinación sugiere una manera de desarrollar y adiestrar el don. Nos hemos familiarizado con los juegos de adivinación en nuestra infancia; y es interesante resaltar que la adivinación es una cualidad natural en la mente juvenil. Comúnmente nuestros padres y profesores desalientan tanto como les es posible esta tendencia y tratan de sustituirla por el razonamiento. Ellos pueden ser muy sabios al cultivar la razón, pero ¿actúan cuerdamente al hacerlo a expensas del posible desarrollo de la intuición? Suponga que la tendencia hacia la adivinación, manifestada en todos los niños imaginativos, pudiera ser el germen de la facultad de la intuición, y que por el cultivo deliberado de esta manera de llegar a conclusiones, la intuición pueda desarrollarse realmente, ¿no tendríamos dos poderes donde ahora, por regla general, tenemos sólo uno? Si la intuición se compara con la razón como el volar al caminar, ¿no podríamos desarrollar ambos métodos de locomoción sin sacrificar el uno por el otro? Sugerimos el cultivo deliberado de la adivinación en los niños a la par con el cultivo de la razón. Deberían ser estimulados los juegos de adivinación en las fiestas infantiles, e idearse y practicarse ejercicios de adivinación en las escuelas.

Los posibles medios de desarrollar la intuición deben ser necesariamente diferentes para los adultos. Ellos no pueden revivir las tempranas tendencias infantiles, no pueden ser niños nuevamente para regresar hasta donde las dejaron de lado. Al menos los métodos no son los mismos. ¿Por qué medios puede un adulto tratar de reparar los defectos de su educación y ejercitar un don que ha sido ignorado, si no, totalmente muerto?

No puede ser pensamiento en el sentido ordinario de la palabra, tampoco puede ser sentimiento. ¿Hay entonces un proceso que no sea ni lo uno ni lo otro y, al mismo tiempo, que no sea una adivinación infantil, pero que tenga, por lo menos, afinidad con la intuición y sea capaz de producir progresivamente resultados satisfactorios? Creemos que lo hay, y le daremos el nombre de «trabajo psicológico» para distinguirlo del pensamiento ordinario, el sentimiento y la adivinación.

Usted tiene un amigo con quien ha peleado por algo más o menos intrascendente. Hay un malentendido entre ustedes, que ninguno de los dos parece poder disipar. Usted y él tratan de hacerlo, pero sus esfuerzos sólo empeoran las cosas. ¿Qué se puede hacer? Trate de hacer lo siguiente: escriba una carta, como si fuera de parte de su amigo para usted, la que lo complacería por entero si la recibiera. Ponga en ella exactamente las palabras que le gustaría que su amigo le escribiera o dijera. Descubrirá que este esfuerzo mental no es exactamente pensamiento, tampoco sentimiento ni adivinación, ya que usted tiene medios de verificar su exactitud. En resumen, es intuición deliberada o, como lo hemos llamado, «trabajo psicológico».

0 usted duda de lo que cierta gente piensa realmente de usted. Saber la opinión que ellos tienen de usted le sería de un gran valor. Quizás su futuro dependa de su juicio, pero usted no está seguro de cuál es. Nuevamente aquí hay una oportunidad para un trabajo psicológico deliberado. Imagínese que a ellos se les solicita que expresen la sincera opinión que tengan sobre usted. Escriba lo que usted imagina que dirían sobre usted si se les preguntara. Se sorprenderá de cuán diferente es el resultado de las expectativas que ahora tiene usted; y, en segundo lugar, cuán cercana a la verdad resultaría esta prueba. Algo en nosotros nunca se auto engaña, y un esfuerzo como el que acabamos de describir es un medio para llegar a nuestra propia auto revelación consciente de la verdad sobre nosotros.

Una de las experiencias más comunes de la vida es la de ofender y ser ofendidos sin intención. Gente valiosa nos decepciona en algo, haciendo que desistamos de futuras relaciones. Sin saber por qué, nos alejamos. Por otra parte, gente que se interesaba en nosotros deja de hacerlo. No sabemos la causa de su frialdad o indiferencia y lo atribuimos a capricho. En ambos casos un poco de esfuerzo psicológico lograría posiblemente resultados clarificadores.

Si se encuentra en el primer caso, intente deliberadamente descubrir que es lo que lo alejó de sus amistades y, de la misma manera, imagine lo que él o ella debiera haber hecho o debería hacer para recuperar su estimación. No es suficiente que usted sepa que desea ser tratado de forma diferente, usted debe saber exactamente cómo deseaba o desea ser tratado. No es de importancia alguna que su amigo debiera actuar sobre la base de este descubrimiento, usted no necesita decirle lo que debiera o debe hacer. Que usted lo haya comprendido ya tiene suficiente valor en sí mismo.

En el segundo caso, debido posiblemente a haber sido mal interpretado, repase los incidentes de la última reunión con esa persona haciéndose estas dos preguntas: ¿Qué esperaba de mí en ese momento mi amigo, y qué le di yo? El esfuerzo para responder estas preguntas sinceramente no es sólo un ejercicio de intuición, sino que incidentalmente ayudaría en la aclaración de antiguos malentendidos y prevendría nuevos. Varios ejercicios similares se le ocurrirán a quien estudie esto con seriedad, teniendo todos un valor práctico inmediato, retirándolos de la categoría de juegos, y además tendrán un valor de desarrollo personal que incluso trasciende su valor inmediato. En resumen, comparten la naturaleza de la doctrina cristiana tan enseñada y tan poco practicada: “Haz a los otros lo que te gustaría que te hicieran a ti”. Nunca podremos ser cristianos practicantes usando sólo la razón y el sentimiento. Unicamente por medio de la intuición entrenada podemos llegar a la verdad de cómo quisiéramos ser tratados y cómo debiéramos tratar a nuestro prójimo.



A. R. Orage.


Traducido y extractado por Patricia Zárraga de
"Psychological Exercises & Essays"
Samuel Weiser Inc.

lunes, 7 de junio de 2010

PSICOTRANSFORMISMO

Psicotransformismo



Psicotransformismo es el término que usó Ouspensky para describir una serie de cambios que pueden tener lugar en la psiquis del hombre. El Psicotransformismo trata de la posibilidad que el hombre tiene de transformarse desde un ser que es Enemigo Público Nº 1 desde el punto de vista de la biósfera - una creatura muy desarmónica y peligrosa - en un ser que puede vivir en armonía consigo mismo y con el universo. De acuerdo a esta teoría, el hombre posee posibilidades de desarrollo que generalmente ni siquiera conoce, ni mucho menos usa.

La naturaleza garantiza que el hombre se desarrollará hasta la etapa de un animal sexualmente maduro. En este punto lo abandona para que haga lo que le plazca. Ya sea que se desarrolle más allá o no, depende enteramente de sus propios deseos. Puede, y generalmente lo hace, vivir como un tonto y morir como un perro, en cuyo caso llega a ser mera «comida para gusanos». 0 puede, mediante cierta clase de esfuerzo intencionado transformarse en una clase más elevada de ser, y entonces es incorporado a una etapa ascendente del proceso cósmico.

La validez de la teoría del Psicotransformismo puede ser probada por cualquiera, porque el hombre siempre puede usarse a sí mismo como conejillo de Indias para ver si funciona. No hay que creer nada, sólo intentar el experimento.

En orden a estudiar esta teoría científicamente, es necesario considerar la estructura y función del cerebro humano. El cerebro del hombre es el más complejo y peligroso de todos los aparatos que se han desarrollado en la biósfera terrestre. Es un órgano horrorosamente desarmónico. Su desarmonía proviene del hecho de que no es «uno» sino «muchos». Incorpora tres diferentes cerebros en una sola entidad: un cerebro instintivo cercano al nivel de un cocodrilo, un cerebro emocional no muy por encima del de un caballo, y, encaramado al tope de esta inestable combinación, como un rey en un trono tambaleante, un cerebro humano recientemente evolucionado, alojado en dos hemisferios cerebrales de grandes dimensiones.


De este modo, parece razonable que cualquier ser, lo suficientemente desafortunado para tener que crear alguna clase de armonía entre un cocodrilo, un caballo y un hombre, tenga alguna dificultad. Basta revisar la historia de la humanidad para darnos cuenta de la horrible confusión que esta mezcla ha provocado. Arthur Koestler en «El fantasma en la máquina», sugiere que el hombre es víctima de un error en la formación del cerebro. El error proviene de la incapacidad de los viejos cerebros para evolucionar armoniosamente con el nuevo. El resultado es un desastre biológico que puede llevar no solamente a la extinción de la raza humana, sino también a un daño irreparable en la biósfera del planeta tierra.

La candente pregunta que surge, ante la cual todas las otras preguntas parecen triviales, es ésta: ¿Tiene el cerebro humano en sí mismo la capacidad, primero, de reconocer sus propios defectos y, segundo, de remediarlos?.

La teoría del Psicotransformismo contesta que la posición del hombre es difícil y peligrosa, pero no sin esperanzas. El cerebro, como ciertos computadores muy sofisticados, tiene la capacidad de reconocer y corregir algunos de sus errores. Para hacer esto debe usar un sistema del cerebro que, si bien existe en el hombre, no es normalmente conocido. Permanece sin uso como una poderosa máquina cuyo dueño ni siquiera sabe que la posee.

Si miramos los sistemas cerebrales que determinan el comportamiento del hombre y los otros animales, veremos que predominan dos sistemas. Siguiendo a John Lilly, los llamaremos los sistemas de detención y de partida.

Psicodinámica de los sistemas cerebrales:

partida..............................detención
acción...............................inacción
placer...............................dolor
recompensa.....................castigo

Neurohormonas:

Norepinefrina....................Acetilcolina


Los dos sistemas están íntimamente relacionados con recompensa y castigo. El sistema de partida ofrece al animal su recompensa. Es más o menos sinónimo con el centro del placer, cuyo poder fue tan dramáticamente demostrado por Olds en ratas y por Lilly en el mono. Si insertamos un electrodo en el centro del placer de una rata o de un mono y lo conectamos a una barra que la creatura pueda pulsar, tendremos una fascinante, e incluso atemorizadora, demostración del poder que este centro puede ejercer. Hora tras hora, descuidando todas sus otras necesidades, el animal permanecerá ahí oprimiendo la barra. Es, literalmente, un esclavo de su centro del placer.

El efecto del sistema de detención es igualmente dramático aunque, afortunadamente para nosotros, está localizado en una parte muy pequeña del cerebro. Este sistema cerebral castiga al hombre tan drásticamente que, si se implanta un electrodo allí y es frecuentemente activado, la creatura se decae, pierde interés en la vida y finalmente muere. La única manera de detener su depresión es activando su sistema de partida.

Es digno de mencionar que estos dos sistemas dependen para su funcionamiento de dos diferentes sustancias químicas. El sistema del placer o partida depende de la neurohormona norepinefrina; el dolor o detención depende de la neurohormona acetilcolina. Es muy importante que nos demos cuenta de cómo todos nuestros estados de ánimo y nuestro total sentido de aquello que llamamos «uno mismo» depende de diminutas trazas de ciertas sustancias químicas, las neurohormonas, liberadas en las terminales de las fibras nerviosas. Un defecto en el metabolismo de la norepinefrina puede hundir a una persona en las profundidades de una inexplicable depresión o inducir las alucinaciones de la esquizofrenia. Los médicos sacudirán sus cabezas y, si son de «orientación psicoanalítica» referirán al paciente a un colega psiquiatra, quien pondrá a la persona contra las cuerdas, cobrándole cincuenta dólares por la hora. Pero ésto es inútil, porque el problema real es químico. Todas las formas de conducta pueden finalmente estar relacionadas con eventos a nivel molecular que ocurren en ciertas áreas del cerebro. Las llamadas drogas psicotrópicas actúan en el cerebro alterando estos procesos bioquímicos.

Los sistemas de detención y de partida sustentan todas las conductas comunes. El hombre busca estímulos que activen su centro del placer. Con igual buena fe busca evitar cualquier influencia que active el centro del dolor. Se mueve como un asno entre el garrote y la zanahoria, una bestia estúpidamente dirigida por impulsos que difícilmente puede entender, en un viaje sin dirección y sin un real sentido. Ya sea tratando de capturar el placer o huyendo del dolor, es un esclavo de estos tiránicos centros cerebrales que limitan su libertad y lo transforman en un muñeco desvalido.


«Corrupta y vieja naturaleza, nos empuja vehemente.
Un aguijón es la lujuria y el otro , el dolor.»


Estas palabras, gritadas por un loco en una de las más inspiradas novelas de H. G. Wells, resumen la condición del hombre en el nivel de ser en que habitualmente existe, Pero la teoría del Psicotransformismo establece que éste no tiene porqué existir en ese desdichado nivel.

El nuevo cerebro del hombre, la neocorteza, es un grande, complejo y verdaderamente magnífico órgano, cuyo poseedor no sabe como usar. Es como un extraordinario computador puesto en manos de un ignorante y rústico labriego que no tiene ni la más nebulosa idea de para qué es. E incluso peor, el manual de instrucciones se ha perdido.

Sumado a los centros de detención y partida, que el hombre comparte con los otros animales, la neocorteza contiene centros superiores, los centros del poder y de la liberación. Aquel que pueda activar estos centros cesa de ser un esclavo de la dualidad placer-dolor. Tal persona obtiene una libertad interior aparejada a una comprensión totalmente nueva de sí mismo y de su poder, ha colmado su potencialidad y ha llegado a ser verdaderamente un hombre. La teoría del Psicotransformismo establece que aunque estos centros superiores existen en el cerebro del hombre, sólo pueden ser activados mediante esfuerzos intencionales. Es como si la naturaleza obsequiara al hombre con un soberbio regalo y luego, arrepintiéndose de su generosidad, pusiera ciertos obstáculos en su psiquis que le harán casi imposible usar el regalo. En el Nuevo Testamento, que es un tratado de Psicotransformismo escrito en clave, encontramos referencias a esta idea en varias parábolas. El centro superior del cerebro del hombre ofrece las llaves de ese estado llamado «el reino de los cielos». El hombre comúnmente no sabe que este reino existe. Si pertenece a la llamada Iglesia Cristiana, puede haber escuchado que este reino está situado en alguna parte en la estratósfera, y poblado por improbable fauna, como querubines o ángeles, o que es un estado que se obtiene después de la muerte. Pero el reino de los cielos existe en su propio cerebro. Depende de él encontrarlo. Así, en las parábolas del Nuevo Testamento, el reino de los cielos es comparado al tesoro oculto en un campo y que, cuando el hombre lo descubre, vende todo lo que tiene para comprar ese campo.

La misma idea es presentada en forma algo diferente en la parábola del hijo pródigo. Habiendo despilfarrado sus bienes en una vida disipada se encuentra reducido al nivel de un porquerizo que gustosamente se llenaría la barriga con los desperdicios de lo que los cerdos comieron. Sólo en esta deplorable situación extrema, recuerda la casa de su padre y resuelve volver allá a toda costa.

Estas parábolas expresan alegóricamente dos de los más importantes principios del Psicotransformismo. En primer lugar, antes que el hombre siquiera comience a desarrollarse, debe darse cuenta de que, mientras permanezca esclavo de los centros del placer y del dolor, su vida no es mejor que la de un animal. Es un cerdo entre los cerdos. De hecho, está más abajo que ellos porque al menos los cerdos no tienen un potencial mayor que desperdiciar. En segundo lugar, el hombre debe entender que, para entrar en el reino de los cielos en la alegoría de los Evangelios, debe estar dispuesto a sacrificar todo lo que posee.

La naturaleza no tiene previsto asegurar que el hombre desarrollará todo su poder. Entenderemos ésto al comparar al hombre con un insecto, una mariposa, por ejemplo, que pasa por varias formas: huevo, oruga, crisálida y adulto alado. La naturaleza asegura que el insecto pasará por todos estos estados. Pero el hombre, cuya última transformación interior puede ser comparada al cambio de oruga a mariposa, es forzado a depender enteramente de sus propios esfuerzos intencionales para efectuar esta metamorfosis. La naturaleza no sólo no lo ayuda, sino que además pone grandes obstáculos en su camino. Si quiere alcanzar su total desarrollo y despertar los centros superiores de su cerebro, debe trabajar en contra de la naturaleza. Más correctamente, podemos decir que debe trabajar en contra de la naturaleza en un nivel, en orden a servir los propósitos de ella en un nivel más elevado, porque la razón nos obliga a percibir varios niveles en el funcionamiento del cosmos. Los procesos que tienen lugar en un nivel pueden ser opuestos a los que ocurren en otro. No es necesario ir tan lejos como aquellos dualistas babilonios que postulaban dos principios: una fuerza de la oscuridad y una fuerza de la luz. Basta decir que el proceso que llamamos naturaleza opera en varios niveles y que el hombre se encuentra colocado entre dos niveles de ese proceso cósmico. Tiene la posibilidad de transcenderse a sí mismo y alcanzar un nivel superior de ser, o puede permanecer como está, siendo un cerdo entre los cerdos.

El Psicotransformismo se refiere a las leyes que gobiernan la auto transcendencia. En muchos sistemas de enseñanza el Psicotransformismo es comparado con un viaje. Este viaje interior es aludido como el Camino, y los diferentes niveles de desarrollo son señalados como etapas del Camino. Podemos dibujar un mapa del Camino y distinguir cinco etapas, como se muestra en la figura siguiente.





En el nivel más bajo está la selva, representada aquí como un círculo, porque nadie a ese nivel llega jamás a alguna parte. La gente se mueve en círculos como los burros que hacen girar una rueda de molino. Ellos viven entre la zanahoria y el garrote. Son arrastrados por deseos, ya sea de riqueza, fama, placer sexual, etc. o son manejados por temores, temor a la pobreza, enfermedades, cesantía. Este nivel es llamado «la selva» porque en él se vive bajo la ley de la selva: comer y ser comidos.

Más allá de la selva se extiende el bosque. Es un mejor lugar para estar que la selva. Al menos hay senderos en el bosque y algunos de esos senderos llevan a alguna parte. También hay guías y algunos de ellos conocen el terreno.

La primera etapa en el camino es pasar desde la selva al bosque. Esto ocurre cuando alguien despierta al hecho de que la vida en la rueda del molino, entre el garrote y la zanahoria, no es una forma de existencia particularmente satisfactoria. Tal persona comenzará a buscar una manera de vivir más significativa. La búsqueda a ese nivel consiste en leer libros, asistir a charlas, hablar con otros recolectando material acerca del Camino. Todo lo recopilado irá formando un entidad definida en la persona del buscador, la que es llamada en el Psicotransformismo «el centro magnético».

El buscador que entra en el bosque sólo tiene a su centro magnético para guiarlo. Este puede ser fuerte e inteligente o débil y estúpido. La función del centro magnético es poner al buscador en contacto con un guía. Cada buscador consigue el guía que se merece. Un tonto obtiene un tonto como guía, un farsante a un farsante. Una persona con discernimiento continuará buscando hasta encontrar un genuino guía. Esto no es fácil. Los farsantes son muy numerosos, los guías genuinos son pocos.

Cuando el buscador encuentra a su guía comienza una fase más intensa de trabajo interior. Llega a ser aspirante para la iniciación. En el aspirante, el centro magnético cambia lentamente a una nueva y más poderosa entidad. Esta es llamada el Observador o el Testigo. En esta etapa el buscador tiene una gran obligación: verse a sí mismo como realmente es. Sin esto, nada es posible.

El buscador verá, antes que nada, que no tiene control sobre su vida, que es mantenido en esta confusión, esta selva, por ciertas funciones que están simbolizadas en las cartas del Tarot por el Loco, el Demonio y la Rueda de la Fortuna.

El Loco representa la sugestionabilidad y la credulidad en el hombre. Se tragará cualquier cuento viejo. Vagando con la cabeza en el aire, está a punto de caer en un barranco, pero no lo nota porque está inmerso en sus sueños. Transporta los cuatro símbolos sagrados a su espalda sin saber que significa ninguno de ellos - ni siquiera sabe porqué los lleva.

El Demonio es todas las mentiras en que vivimos, las mentiras que nos decimos a nosotros mismos y las que nos dicen nuestros líderes; y la Rueda de la Fortuna es la tendencia que tiene el hombre de engancharse en actividades totalmente fortuitas y sin dirección. El hombre no sabe lo que hace. Actúa por impulsos, sin real intención y cada impulso es llamado «yo».

Con miras a entender el rol del observador, debemos darnos cuenta de que en su habitual estado de inconsciencia el hombre tiene muchos «yoes». Cada uno de ellos puede llegar a ser dominante por un tiempo. Algunos son directamente opuestos a los otros. Esto ocurre por el estado de desarmonía interior tan característico de la vida del hombre en la selva.

La función del observador es estudiar a estos «yoes». Es como un administrador recién nombrado para hacerse cargo de un negocio que está fracasando por la incapacidad del equipo para trabajar en conjunto.

El observador estudia los diferentes «yoes» objetivamente. Debe decidir cuales son valiosos y cuales peligrosos. Tiene muy poca autoridad con qué comenzar y no puede ejercer ningún control. Además carece de objetividad y puede engañarse al rehusarse a ver a ciertos «yoes» o a evaluarlos correctamente. Aquí especialmente necesita ayuda de su guía.

A medida que el observador aumenta su poder, se va trasladando gradualmente de la personalidad a la esencia. La personalidad es superficial, la esencia es profunda. Una vez que la esencia es alcanzada, el nivel de ser del aspirante cambia. Hasta cierto punto ya no es más un aspirante a la iniciación. Llega a ser un iniciado del primer orden. Ha alcanzado el nivel del hombre objetivo.

En nuestro mapa del camino localizamos al hombre objetivo al pie de la primera montaña, la montaña del poder. El ha pasado por ciertas pruebas, la más importante se llama «desnudar el falso ego». La principal característica del hombre objetivo es que no se le puede adular ni insultar. Está más allá del alcance de la alabanza y la reprobación. Se ha desembarazado de la importancia de su «yo» y se ha dado cuenta de su insignificancia.

No es poca cosa llegar a ser un hombre objetivo. Se necesitan años de esfuerzo más la ayuda de un buen guía. En verdad, puede tomarle tanto tiempo a una persona alcanzar este nivel que la vejez, el último enemigo del hombre de conocimiento, puede hacer imposible cualquier desarrollo posterior. Pero, si no es muy viejo, el iniciado de primer orden podrá embarcarse en la siguiente etapa del Camino, el acceso a la montaña del poder.

Ahora nos volvemos hacia un mapa diferente del mundo interior del hombre. El mandala que se muestra en la figura siguiente pertenece a la clase de diagramas llamados «yantras» y contiene gran cantidad de información. Algunos de estos son aplicables al mundo en que el hombre vive, otros al mundo interior del hombre.


El gran círculo negro exterior es la barrera que evita que la gente siquiera comience el gran trabajo, el gran proceso alquímico. Luego hay tres círculos sucesivos los cuales, en el mandala tibetano, serían el círculo de las llamas, el de los rayos (o dorjes) y el de los lotos. Esto corresponde a ciertas energías en el hombre, las que éste puede aprender a despertar y a usar para la transmutación interna.

Los dos cuadrados interiores del mandala representan las habitaciones cerradas de la psiquis humana. Son equivalentes a la montaña del poder y a la montaña de la liberación de la figura anterior. A las cámaras interiores se accede a través de cuatro puertas y cada puerta tiene su guardián. El hombre objetivo, aunque iniciado de primer orden, sólo está en el umbral del primer cuadrado. Para entrar en la primera habitación, debe vencer al guardián de la puerta. El guardián representa ciertos patrones fijos de pensamiento, sentimiento y percepción que mantienen al hombre en su mundo habitual. El mundo dentro del mandala no es familiar. Es, pidiendo prestada una frase de Carlos Castañeda, «una realidad separada». En la lucha por entrar a este extraño mundo, el viajero encontrará fenómenos peculiarmente engañosos e ilusorios, los fenómenos del umbral. Han sido muy bien descritos por Ouspensky en «El Nuevo Modelo del Universo», en el capítulo titulado «Misticismo Experimental». Ellos son siempre productos de la imaginación del viajero y, por muy fascinantes que puedan parecer, debe despedirse de ellos.

El que asciende la montaña del poder desarrollará los poderes o «siddhis».Quien posee estos poderes puede ejercer influencia sobre la gente que los rodea. Puede doblegarlos a su voluntad, dominarlos, hipnotizarlos, e incluso, destruirlos. Puede hacer esto porque ahora tiene una voluntad unificada obtenida mediante el proceso llamado «la batalla entre el sí y el no». En el curso de esta lucha, los «yoes» en conflicto en el ser del hombre se han fundido en una sola entidad poderosa, un maestro interno. Aquel que ha creado en sí mismo esta entidad es un hombre de poder, o iniciado de segundo grado.

Una persona puede alcanzar esta etapa del Camino sin llegar a ser un hombre objetivo. Hay ciertos atajos hacia la montaña del poder. El que toma estos atajos lo hace asumiendo riesgos. Entra al cerco sagrado del mandala llevando aun su ego personal, y será tentado a usar sus poderes para fines egoístas y a menudo destructivos. La idea del brujo perverso o del mago negro, se refiere esencialmente a alguien que ha tomado el atajo hacia la montaña del poder. En los pueblos primitivos, el «shamán> o médico brujo, es frecuentemente alguien que ha tomado este atajo. A menudo, eran más temidos por su poder de destruir que venerados por su poder de sanar.

El cuadrado más interno del mandala corresponde a la montaña de la liberación. Es lo sacrosanto del templo interior del hombre. Hacia esa etapa del Camino no hay atajos. Quien haya alcanzado este nivel de ser es un iniciado de tercer grado, un hombre perfecto, un Buda, un liberado. Es completamente imposible para alguien así hacer mal uso de sus poderes, porque ha transcendido totalmente su ego personal. Se ha vaciado de su conciencia separada para acceder a la conciencia universal. Está completamente libre, no se apega a nada. Citando al Bhagavad Gita: «El ve al Ser en todo y todo en el Ser». En él, el proceso del Psicotransformismo ha alcanzado la última etapa.

En el centro del mandala hay una mancha blanca, la cual es la semilla del mundo no manifestado, la fuente de toda vida. El mandala como un todo representa el proceso cósmico de lo no manifestado fluyendo hacia la manifestación a través de la dualidad Yin - Yang.


Robert S. De Ropp



Traducido y extractado por Carmen Bustos de
On the Way to Self Knowledge
editado por Jacob Needleman and Dennis Lewis.
Alfred A. Knopf.- New York.

Este artículo fué publicado en el Nº 2 de la Revista ALCIONE

viernes, 30 de abril de 2010

Atención – Deseo - Voluntad


¿Cómo perciben ustedes un objeto? ¿Por qué ese objeto en particular entre tantos otros? Algo nos conecta a nosotros con ese objeto, y no con los otros objetos. Ese objeto atrae nuestra atención. Prestamos atención a ese objeto. Atrae nuestra atención a través de uno de nuestros sentidos: ojos, oídos, nariz, y los demás. Nuestro ojo, oído o nariz presta nuestra atención a ese objeto. Nuestros deseos están conectados con el objeto de alguna manera. Queremos tenerlo; o queremos evitarlo; o queremos mirarlo más que lo que queremos mirar cualquier otro objeto.

Esta mañana vi un perro con dos pequeños muchachos. La totalidad de su atención estaba pegada a sus dos amos, vigilando para ver lo que ellos harían, hacia dónde irían, para poder seguirlos y estar con ellos. No tenía atención para nada más. Y su atención continuaba estando concentrada sobre los dos muchachos tanto como pude observar. Éste es por cierto un grado superior de atención, a pesar de que sólo es atención animal, es mucho más fuerte que la que tienen los humanos.

Ahora llegamos al deseo. El deseo es sólo, por así decirlo, un punto en el espacio. Si solamente deseamos un objeto, nunca lo tendremos. Para poder poseerlo, debemos comenzar a movernos hacia él. Este movimiento es el comienzo de la voluntad. Si el deseo es un “punto”, este tipo de voluntad genera una “línea”, moviéndose hacia el objeto, con la intención de poseerlo, o de identificarse con él.

En cada nivel del universo existen grados de voluntad. El hierro y la piedra imantada representan la voluntad puramente mecánica, el hierro también se mueve hacia un objetivo. El gusano se mueve a lo largo de la hoja si quiere comerla. En el caso del perro, algunas veces desea tan fuertemente estar con su amo que, cuando el amo fallece, el perro se echa junto a su tumba y permanece ahí hasta que muere. Éste es ya un grado muy alto de voluntad, aun y cuando sólo sea una voluntad animal. Pocos humanos la logran.

Ciertamente existe una atención, y una voluntad, en los objetos externos. Un objeto nos atrae; nosotros no atraemos al objeto. Los objetos nos gobiernan desde el exterior. Ellos hacen que nosotros hagamos todo tipo de cosas. No es la dama la que compra el sombrero, sino el sombrero es el que compra a la dama. El hombre no fuma el cigarro; el cigarro se fuma al hombre, como decía el Sr. Gurdjieff.

La atención y la voluntad generada por los objetos externos, a través de los sentidos, no es de nuestra propiedad. Son parte del mecanismo de la Naturaleza. La Naturaleza trabaja sobre nosotros. Nosotros no conquistamos la Naturaleza; la Naturaleza nos conquista a nosotros. La atención y la voluntad conectadas con los sentidos físicos y con los objetos externos no es de nuestra propiedad. Esa voluntad no es libre, sino que responde al llamado de cada objeto exterior.

Pero existe otra Atención, y otra Voluntad (con mayúscula). El hombre tiene dos naturalezas, una inferior, y una superior. La naturaleza inferior es parecida a la del animal, quizás más sutil y compleja, pero casi siempre trabaja de la misma manera. La naturaleza superior es la única real. Ésta es incompleta, pero capaz de crecer dentro de un hombre completo.

Para la naturaleza superior, existe otra Atención y otra Voluntad, que no nace fuera de nosotros, sino que nace en nosotros. Esta Atención es el comienzo de la Consciencia Real; y su Voluntad es el comienzo de la Libre Voluntad. Con esta Atención podemos observarnos a nosotros mismos; con esta Atención, podemos recordarnos a nosotros mismos. Con esta Voluntad podemos hacer los esfuerzos para alcanzar nuestra meta más grande: completarnos a nosotros mismos.

Pero debemos realmente "poseerlas". El conocimiento no es bastante. Es bueno y necesario, por cierto, pero por sí mismo no cambiará nada en nosotros. La comprensión es necesaria. Debemos tener un nuevo conocimiento, por ejemplo, para lograr saber qué puede ser deseado. Pero a menos que actualmente lo deseemos, no tendremos oportunidad de lograr nada. Y el solo deseo, no es bastante. Podemos desear por siempre, pero a menos que nos movamos hacia lo que nosotros deseamos nunca lo obtendremos. Debemos tener la determinación.

Pero nosotros no "tenemos" bastante Voluntad. Y tampoco "tenemos" mucha Atención. Así que debemos incrementarlas lo mejor que podamos. Y la única manera de incrementarlas es ejecutando el tipo correcto de esfuerzos. Sin esfuerzos, nada puede incrementarse. Pero si conducimos toda nuestra Atención, toda nuestra Voluntad, y todos nuestros Esfuerzos, hacia nuestra gran meta, poco a poco, parecidos al gusano, nos aproximaremos a ella: al gran objetivo o meta.

Tomás de Hartmann

lunes, 29 de marzo de 2010

El Control de las Emociones

El hecho es que cuando nos dejamos llevar por la ira u otra emoción negativa, somos incapaces, excepto en muy raros casos, de razonar como lo hacemos habitualmente. Si realmente tuviéramos un desarrollo de nuestro poder mental, como el que da un entrenamiento especial, podría tal vez ser posible contraponer el pensamiento a la emoción, y esperar una victoria del pensamiento. Pero, tal como son las cosas, no sólo nuestro desarrollo mental es inferior a nuestra emocionalidad animal, sino que además la energía de nuestro pensar cotidiano es de menor voltaje que la de nuestra emoción. En orden de intensidad, la energía de nuestro instinto, emoción y pensamiento están en la misma gradiente que la electricidad, el gas y el vapor. Por lo tanto, una gran cantidad de las energías más bajas es necesaria para contraponerse a una cantidad relativamente pequeña de energía de mayor voltaje, El razonamiento en contra de la ira u otra emoción negativa es como enfrentar una cantidad igual de energías de diferente intensidad. El resultado es previsible.

Cuando el razonamiento parece producir algún efecto sobre una emoción negativa, la explicación se encuentra en la mezcla de algún otro sentimiento o en la adición de algún poderoso instinto. Por ejemplo, las cosas nos provocan menos cuando estamos bien físicamente. Nuestro cuerpo está lleno de vitalidad y sostiene al débil razonamiento contra la amenaza de una explosión emocional. Similarmente, cuando tenemos un sentimiento de amor, miedo o cualquier otro, su ayuda puede socorrer a la razón a suprimir o sobrellevar un ataque de ira. La mayoría de las prescripciones comunes contra ella consisten en uno de dos ingredientes. Caen, de hecho, en dos clases: prescripciones de orden físico y prescripciones que consideran otros sentimientos aparte de la emoción negativa misma. Cuando Kipling dice que la cura para disminuir la presión de un arrebato es cavar hasta transpirar suavemente, o Gilbert recomienda un placebo contra la melancolía, están haciendo prescripciones del primer tipo. Y cuando nuestros padres, guardianes y amigos apelan, como dicen, a nuestra «mejor naturaleza» o invocan una imagen de miedo, inconscientemente preparan una prescripción del segundo tipo.

Ambos tipos de prescripción, evidentemente, podemos aplicarlas a nosotros mismos, si tenemos la resolución de hacerlo. Pero hay un placer infantil en ser recetados y recibir atención, y las pataletas son particularmente infantiles en sus demandas de ser regaloneados. Las naturalezas más adultas, sin embargo, pueden prescribirse a ellas mismas, y tomar su propia medicina. Es, de hecho, una señal de ser adulto el que podamos transar con nuestras emociones negativas (al menos cuando son relativamente suaves). Las emociones negativas más serias, como ataques severos de inseguridad o celos, están más allá del poder de la mayoría de los adultos para tratarlas por ellos mismos. Los dos tipos de prescripción sirven normalmente en casos que exceden la auto aplicación; y es igualmente difícil inducir al paciente a aceptarlas de otra persona. Entonces no hay nada que hacer, excepto esperar hasta que la emoción negativa se haya gastado sola, a veces con perjudiciales consecuencias para los involucrados.

Supongamos que un hombre o una mujer estén verdaderamente deseosos de trabajar sobre sus «sentimientos oscuros» de ira, desesperación, miedo, celos, odio o, en resumen, sus emociones negativas. ¿Significa eso algo?

Para comenzar, es necesario admitir en uno mismo que este estado emocional es una enfermedad nerviosa. El paciente debe aprender a decir: «estoy enfermo». La tendencia, por supuesto, es culpar a la supuesta causa, situación, persona o incidente que pareciera haber provocado la enfermedad. Pero no hay alivio en justificarse. Nadie nunca se ha recuperado de un acceso de mal humor culpando a la causa imaginada. Es mil veces mejor y verdadero decir: «estoy enfermo», que decir o sentir: «esto y lo otro me hizo enfermar». Esta actitud hacia las emociones negativas ya comienza a modificar su furor. Tiene algo de la magia del aceite sobre las olas.

Pero no es suficiente adoptar una actitud, aunque sea la correcta. Algo se debe hacer, dado que Satán siempre encuentra un mal uso para la energía libre que tenemos, y las emociones negativas son sólo despilfarro de energía. El Demonio vive en nuestra energía malgastada.

Trate de no pensar en la supuesta causa de la emoción o en las cosas y circunstancias que estén en su trasfondo. El pensar en un estado de emoción negativa necesariamente se ve distorsionado por el agitado medio que ella produce. Es como mirar un objeto a través de aguas tumultuosas y turbias. Pensar en este estado jamás conduce a la verdad.

Trate también de no sentir. Esto se ve imposible a primera vista, parece un consejo para dejar de sentirse desdichado. Pero todos sabemos que es posible convivir o no con un sentimiento. Todos conocemos la tentación de apretar con la lengua un diente que está doliendo, para que duela más. La recomendación de no sentir no es demasiado irrelevante. No sienta más de lo que puede soportar.

Pero el secreto no está contenido en alguno de los alivios anteriores. Es algo totalmente diferente, que puede ser descrito como sigue: cuando se está con un sentimiento amargo o en su proceso de desarrollo, observe y note sólo su estado físico. El cuerpo es a veces muy elocuente, muestra un conjunto especial de síntomas para cada sentimiento. Observe y note, a manera de curiosidad personal y científica, cómo su cuerpo manifiesta los malos sentimientos. Por ejemplo, su boca puede secarse o tener un sabor desagradable. Su piel puede sentir picazón, algunos músculos pueden contraerse, puede tener indigestión, náuseas o sentir el corazón oprimido. Los síntomas se revelan por sí mismos. Si usted simplemente los observa, anota y enumera, como si los estuviera recopilando para una novela o texto de psicología, verá que cuando haya terminado, habrán desaparecido, Habrá ahorrado energía al usarla para observar.



A. R. Orage.



Traducido y extractado por Italo Godoy de
A. R. Orage.- "Psychological Exercises & Essays"
Samuel Weiser Inc.
Este artículo fué publicado en el Nº 16 de la Revista ALCIONE

miércoles, 24 de marzo de 2010

Aprender a Pensar


Damos por supuesto que el hombre es un animal pensante. Pero existe un mundo de diferencia entre lo que puede ser llamado pensamiento natural y aquel deliberadamente desarrollado y entrenado. El hombre es también por naturaleza un animal usador de herramientas. Pero sabemos la diferencia que hay entre la capacidad de uso de herramientas entre los fueguinos y la de un ingeniero civil adiestrado; y conocemos la diferencia entre esa capacidad del ingeniero y la de un funcionario inexperto. Esto es con seguridad un asunto de posibilidades innatas. Ningún sistema de educación técnica aplicada a un fueguino podría hacer de él un Edison. La herencia racial fija límites, los cuales, si bien puede ser que nunca se alcancen, de ninguna manera pueden ser sobrepasados.

Por otra parte, dada una misma herencia racial, el desarrollo de las posibilidades connaturales depende del empleo que cada cual dé a sus recursos. Un empleado puede convertirse en un ingeniero de primer orden; sus dotes hereditarias pueden permitirlo perfectamente. Pero en la ausencia de un desarrollo y entrenamiento adecuados, su capacidad potencial nunca se hará realidad. Lo mismo es con el pensamiento. La humanidad varia racialmente en un muy alto rango. Pero, aun en la misma raza, individuos con las mismas posibilidades hereditarias realizan sus capacidades en grados muy distintos. Y la diferencia, en su caso, depende del entrenamiento.

Hay dos tipos de entrenamiento que tienen el efecto de desarrollar y realizar una determinada capacidad hereditaria para pensar: el adiestramiento accidental y aquel debido a un proyecto deliberado. Supongamos, por ejemplo, que dos muchachos con la misma capacidad pensante potencial son colocados, el uno como ascensorista y el otro como aprendiz de ingeniero. Es obvio que este último tendrá que desarrollar más su capacidad pensante que el primero, por la sola condición de tener que adaptarse a su trabajo. Potencialmente son iguales, comienzan nivelados. Pero debido al hecho de que las circunstancias apremian a uno de ellos, pero no al otro, a desarrollar su potencialidad y realizarla, él parece ser, y es, un mejor pensador, es decir, más humano.

Podemos llevar esta idea aún más lejos. La gran mayoría de la gente tiene grandes potencialidades de pensamiento, mucho más allá de lo que comúnmente se sospecha: pero muy rara vez se dan las circunstancias a su alrededor de tal manera que necesiten actualizarse, así la gran mayoría muere sin darse cuenta de más que una fracción de sus poderes innatos. Los que han nacido para ser millonarios viven y mueren en la pobreza por la carencia de circunstancias que los habrían compelido a convertir su pasivo en activo.

Pero es sólo a un nivel pequeño que podemos controlar las circunstancias. Por una parte, la mayoría de aquellas que nos influyen fueron determinadas antes de que fuéramos lo suficientemente mayores como para haber tenido derecho siquiera a participar. Por otra parte, dichas circunstancias dependen en alto grado de aquello que llamamos suerte u oportunidad. Y aun cuando nos parece tener una decisión en nuestras propias manos, nuestra elección es en gran medida limitada y predestinada por nuestras circunstancias casuales pasadas. Teóricamente podemos ponernos en cualquiera de muchas situaciones diferentes en el día de mañana, que nos presionen a pensar. Pero sólo en una de mil veces «elegiremos» las futuras situaciones por su valor para nosotros como oportunidad para desarrollar pensamientos, en vez de hacerlo sólo de acuerdo a nuestros hábitos ya formados. De hecho, las circunstancias nos elegirán a nosotros. Así, si el desarrollo de nuestro poder de pensamiento es dejado a su merced, las oportunidades para un enriquecimiento que sobrepase lo «natural», es decir, lo fácil. son remotas. No pensaremos más de que es necesario pensar y nuestro nivel de desarrollo dependerá del puro y simple azar.

El entrenamiento no «natural», y que no depende de las circunstancias, puede ser considerado y deseado deliberadamente; y, al contrario del primer tipo de entrenamiento, requiere del empleo de ciertos ejercicios determinados. Un herrero no necesita ejercicios gimnásticos para desarrollar los músculos de sus brazos; ellos se fortalecen naturalmente durante el curso de su trabajo. Pero un escribiente que desee ser un atleta debe practicar ejercicios físicos deliberadamente con ese fin. De igual forma, para un hombre cuyo trabajo no requiere esfuerzo mental, o para uno cuya ocupación eventual no le exige suficiente esfuerzo o un esfuerzo lo suficientemente variado para satisfacer su percepción de capacidad innata, los ejercicios especiales y el entrenamiento en pensar son indispensables. Posiblemente él no llegue a parte alguna sin ellos. A menos que realice ejercicios especiales, está condenado a sólo permanecer tan desarrollado como las circunstancias lo demanden, Su poder de pensamiento es creado por circunstancias casuales.

Hay muchos colegios cuyos profesores enseñan ejercicios diseñados para desarrollar el poder del pensamiento. Algunos son buenos; otros, malos; y es difícil distinguir entre ellos sin una prolongada observación que involucra la pérdida de mucho y valioso tiempo. ¿Existe alguna forma simple pero efectiva, que cualquiera pueda emplear sin profesor, sin clases, con la sola resolución de conseguir algo?

Dado el deseo de desarrollar el propio poder de pensamiento y así pensar como un hombre y no como una máquina, ¿existe alguna forma de fácil alcance que cualquiera de nosotros pueda empezar a practicar? Sin ir a un gimnasio el empleado puede desarrollarse físicamente, al menos lo suficiente para brindarse mucha satisfacción. ¿Puede uno desarrollarse mentalmente de similar forma y bajo similares condiciones? La respuesta es sí.

Sáquese el reloj y observe el recorrido del segundero. Realiza su circuito en sesenta segundos. Observe el puntero desde que comience un nuevo círculo sin dejar que su ojo vague desde él al dial del reloj, sino que manténgalo enfocado al puntero que se mueve. Cuando usted esté honestamente seguro de que puede mantener su foco de atención en el segundero durante una revolución completa, habrá dado un importante paso en el desarrollo deliberado de su poder mental.

Ahora otro paso. Manteniendo su enfoque como antes, cuente mentalmente del uno al diez y viceversa, lentamente, durante el curso de una vuelta del segundero. Notará que esto requiere una doble atención. Usted está observando el movimiento del puntero y al mismo tiempo contando deliberadamente, Al principio puede ser fácil, pero repítalo una y otra vez hasta que se vuelva difícil; entonces ¡ hágalo ! Esta es una recomendación muy importante.

El siguiente paso es agregar a estas dos actividades simultáneas una tercera. Mientras continúa observando el segundero y contando mentalmente, dígase algunos versos que conozca.

Practique a menudo, dondequiera que tenga minutos libres, y el efecto en su poder mental y concentración será rápidamente notorio.


A. R. Orage


Traducido y extractado por Silvia Rodríguez de
"Psychological Exercises & Essays"
Samuel Weiser Inc.