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domingo, 18 de julio de 2010

El Sol: Mito y Símbolo






El Sol es la evidencia más grande, radiante, directa y cotidiana que podemos tener todos los habitantes terrestres acerca de la vida y de su origen en el planeta. Esto ha sido así desde los más lejanos orígenes conocidos. Considerado legítimamente como un dios por los pueblos originarios, para quienes todo dependía – en términos de vida o muerte - de la presencia o eventual ausencia del dios. En la vida de los hombres más primitivos, los recolectores nómades, todo es inmediatez, no se puede preservar la comida, aún no existen las cosechas pues no hay desarrollo agrícola, y todo depende de la presencia inmediata del gran astro. Así pues, es el hombre el que se mueve, tal como las manadas animales, hacia aquellos lugares donde el Sol y el agua dulce podían asegurar la existencia de vida y de alimento. La observación prolongada de los cambios cíclicos pero constantes en la luminosidad solar a través de largos períodos, fue probablemente lo que permitió a nuestros ancestros arriesgarse a esperar en un lugar fijo el retorno de la primavera y el verano, y con ello el brote de la vegetación y la maduración de los frutos. Rápido de decir, pero un inmenso cambio cultural y de las costumbres para la especie. Empiezan así los pueblos agrícolas, en su gran mayoría sedentarios.

Dice el Génesis que los astros fueron creados al tercer día. “E hizo Dios los luminares grandes: el luminar grande para que señorease en el día, y el luminar pequeño para que señorease en la noche, y las estrellas. Y púsolos Dios en el extendimiento de los cielos, para alumbrar sobre la tierra…”

El firmamento está sembrado de estrellas, y una inmensa mayoría de ellas es de mucha mayor magnitud que la de nuestro Sol local. Sin embargo, nuestro pequeño Sol es la única estrella visible que, para nuestra humana visión, emite una luz continua, a diferencia de las otras, discretas y titilantes. Para nuestra pléyade planetaria entonces, el Sol es la continuidad y la permanencia, la certeza, la sobrevivencia, la constante presencia.

El Sol permanece en el lenguaje cotidiano como sinónimo de luz, de irradiación, de vida, de calor, de centro vital de todas las cosas. “Eres un sol”, decimos a alguien que nos llena de vida, de alegría, de calor, o que parezca impregnar con su vitalidad a todo su entorno. En la Astrología, el Sol como cuerpo celeste es el centro luminoso de consciencia alrededor del cual “giran” todos los demás aspectos de la carta natal, que vienen a ser facetas parciales o cualidades específicas de ese todo que puede resumirse en el Sol, que es el verdadero héroe – nuestra consciencia - que viaja desde el alba hasta el ocaso de nuestra vida, capitalizando la esencia de todos los fragmentos: actividades, pensamientos, sentimientos, sueños, anhelos, emociones, experiencias diversas. Al final de la vida, el Sol es la síntesis; al cabo de todo el trayecto, es el punto donde todo se sume y resume.

Como astro celeste rige el signo de Leo, reconocido como aquel que hace girar las cosas en torno de su persona, retribuyendo a cambio con una vitalidad y creatividad constante a su entorno. Los nativos de Leo – y la parte leonina de cualquiera de nosotros - pueden ser extraordinariamente expresivos y creadores durante toda su vida, y mantener hasta el fin de su existencia un espíritu juguetón capaz de ver las cosas como la vez primera, encontrando siempre nuevas formas de disponerlas, representarlas, revitalizarlas o acercarse a ellas, en una generación constante de nuevas vidas u obras.

En el cuerpo humano, el Sol rige el corazón, órgano central de nuestra vida encarnada, aquel que nos individualiza como ningún otro órgano corporal. La mente puede estar poblada de ideas ajenas, de principios aprendidos, de obsesiones, de temores reales o imaginarios, pero lo que sentimos en el corazón es lo que es, no se puede falsear, aunque se pueda negar o reprimir. “El corazón tiene razones que la razón desconoce” (Blas Pascal).

La mente puede enfermar o morir y aún así la vida puede seguir. Cuando el corazón muere, la vida encarnada simplemente acaba. Sincronísticamente, los cardiólogos han declarado a Agosto el mes del corazón, y Agosto es el mes del Signo Solar de Leo.



Por más o menos identificados que nos encontremos con nuestra mente, con nuestra cabeza como el centro directriz de nuestra vida, como el punto más elevado y gobernador de todo aquello que nos parezca “jerárquicamente inferior”, cuando hablamos de nosotros mismos y decimos “yo”, uno de nuestros dedos, o la mano completa, tocan el pecho, la residencia del corazón. El corazón, el cor, es, etimológicamente, “la cuerda” que enhebra la esencia de nuestras experiencias desde los más remotos tiempos, como las cuentas de un collar. En el corazón, simbólicamente, se almacena la suma de lo vivido, que es indestructible.

El corazón, tal como el Sol, llena de vida y calor al cuerpo completo, irradiando en todas direcciones; el corazón es el centro de nuestra vida, bombea tanto la sangre como el sentir a todo el organismo; de modo análogo, el dedo del corazón es también el dedo medio de la mano. Por extensión, el centro, el medio de cualquier cuerpo, objeto, ciudad, organización o grupo, es considerado “el corazón”, como el centro medular alrededor del cual los demás niveles se organizan o subordinan, ya se trate del pedestre “corazón de la sandía”, de la plaza de armas del pueblo o del corazón espiritual del mundo.

En la Mitología grecorromana, más de una figura se asocia al astro celeste. Por una parte, el propio Sol griego, Helios, hermano de la Aurora y de la Luna (Eos y Selene), quien recorre todo el cielo, en su carro de fuego tirado por cuatro caballos, de oriente a occidente hasta llegar al mar, donde se bañan las cabalgaduras luego de la jornada. Por la noche vuelve al punto de partida a bordo de una barca que cruza los mares nocturnos. El Sol se representa también en el mucho más reconocido dios Apolo, hijo de Júpiter, el más hermoso de los dioses y protector de las Artes, las Letras y la Medicina. Patrono de la belleza, el equilibrio y la armonía. Inspiración de los creadores, inteligente, poderoso y temible, es considerado también un dios oracular y guía de la purificación de los cuerpos y de las almas. Dios del calor y del verano, su influjo hace germinar a la naturaleza y madurar a los frutos.

Tal como la polaridad celeste de Sol y Luna, Apolo tenía una hermana gemela complementaria, Artemisa. Luego de algunas malas conductas que lo llevaron a enemistarse con su grandioso padre, y numerosas aventuras, finalmente fue perdonado por aquel, quien le asignó la importante misión de conducir el Carro del Sol, diariamente, desde la Aurora hasta el Ocaso en el mar. Apolo tuvo numerosas aventuras amorosas, masculinas y femeninas, algunas de ellas bastante desdichadas por no ser correspondido. Por haberse burlado en una ocasión de Cupido, éste se vengó provocando en Apolo un amor irrefrenable por la ninfa Dafne, y en ésta, un total desdén por el dios. Huyendo de su pasión desbordante y a punto de ser alcanzada, suplica Dafne por ayuda, siendo convertida en el perennemente verde árbol del laurel.

Desde entonces el laurel fue el árbol predilecto de Apolo y con sus hojas coronó a los victoriosos, a los grandes creadores y artistas, a los emperadores, a todos aquellos que constituyen la élite de la sociedad en cualquier plano, y que como tales se convierten en motivo de admiración e inspiración para sus conciudadanos, en modelos a seguir, en pequeños soles en medio de la población. La corona de laurel pasó a ser sinónimo del reconocimiento de la excelencia de las creaciones o actos admirables, de la sabiduría o el heroísmo, y de la gloriosa inmortalidad adquirida por aquellos. De esta forma el galardonado adquiría algunas de las cualidades de su dios tutelar. Las hojas de laurel eran también la base del estado de trance que requería la pitonisa y demás augures para invocar al dios y recibir las respuestas para quienes los consultaban, y además se le atribuía el poder de ahuyentar el mal y la oscuridad. Al ser el laurel el árbol sagrado de Apolo, el contacto con la planta, ya fuera como corona, masticando sus hojas o quemándolas en el brasero, suponía la protección e inspiración directa del dios, e incluso el traspaso de algunos de sus divinos atributos.

Interpretado desde la psicología moderna, podría considerarse que Apolo es un símbolo de la consciencia, tal como el mismo Sol. Pero este dios no es el Sol, sino su auriga; es el portador de luz, y no la luz misma. El templo de Delfos, dedicado a Apolo e inspirado en su figura, tenía la inscripción “Conócete a ti mismo”, y supone que la influencia del dios ayudaba – a través de la Pitonisa - a encender la luz de la consciencia interior del consultante y disipar la oscuridad. Lo que permanece oculto o velado no puede ser superado ni menos sanar. Debemos notar que Apolo no habla directamente al consultante, lo hace a través de un intermediario o augur, y no necesariamente con palabras explícitas o directas. Su inspiración busca que cada persona afirme un centro estable dentro de sí misma, un sentido propio que se auto sostenga sin depender de los demás. El Sol de cada uno debe independizarse de la opinión ajena y brillar en forma independiente.



En el Tarot, el Arcano del Sol, el número XIX, alcanza similares significados. La imagen muestra un enorme sol irradiando luz y calor (rayos dorados y rojos), arriba, y bajo él, una pareja de niños en un entorno campestre. La escena habla de vitalidad, calor, alegría, vida renovada. Los niños muestran la vida nueva, alegre, juguetona, plena de espíritu lúdicro y capacidad creativa, como si las cualidades solares se traspasaran directamente a sus personitas transformándolos en pequeños magos, al mismo estilo apolíneo. Pero no es éste uno del los primeros arcanos, sino que el antepenúltimo, lo que suscita la analogía de que no se trata de la inocencia de la primera infancia, sino la recobrada o la renacida luego de una serie de experiencias diversas por toda la gama humana posible.

La sentencia de Jesús “Os aseguro que si no os hacéis como niños, no entraréis al reino de los cielos”, sugiere que no se trata de permanecer en un estado cándidamente infantil al estilo del síndrome de Peter Pan, sino de recuperar la pureza y transparencia infantil, luego de la serie previa de Arcanos: la lucha, la decepción, los primeros logros, la fascinación, la búsqueda, la muerte del pasado, la transformación. El arcano El Sol sucede al Arcano XVIII, La Luna, y todos sus miedos inconscientes asociados. Retorna pues en el Sol la capacidad de gozar en el presente, de experimentar en forma natural y alegre, espontánea, sin considerar consecuencias o esperar otro beneficio que el goce mismo en el momento. Bajo el Sol todo puede ser posible, divertido, creativo, sin necesidad de que sea útil, perdurable o continuo. Se re-descubre aquí un nuevo valor en la vida, con ojos nuevos y maravillados. Porque el Sol es alegría de vivir, gozo y espontaneidad, y no puede reprimir su irradiación, independientemente de los efectos que produzca o las consecuencias que eso traiga. El Sol es el presente, lo que sucede en y por su presencia sucede ahora. Tal como dijéramos para el corazón, que siente lo que siente sin que se pueda falsear. El corazón no puede sentir a futuro, a diferencia de la mente, capaz de proyectar desde el presente a cualquier distancia por venir.

En un sentido adivinatorio, la influencia benéfica del Arcano del Sol del Tarot puede indicar la genialidad del consultante, aquello en lo que es único y talentoso, y también los logros, la alegría, la paz, la lucidez, la abundancia, el éxito. Pero así como en la carta astral el Sol es el “yo”, según el diámetro del círculo que ese yo suscriba también puede considerarse su lado negativo, el de un Sol sobredimensionado, es decir, un gran ego. El punto central es interdependiente con el círculo, es decir, con aquello que lo rodea. No tiene sentido un Sol, ni un Leo, sin un sistema girando a su alrededor, de tal modo que, en su aspecto negativo, el Sol puede convertirse en un déspota, en un tirano, en un destructor, distorsionando sus poderes creativos y vivificadores en elementos de control o posesión de su entorno, de la misma forma como el Sol estelar podría calcinar la vida terrestre en un abrir y cerrar de ojos. De su exceso viene la destrucción. Los símbolos a menudo presentan este carácter ambivalente, presente también en el símbolo solar: quien da la vida, paternalmente, es también quien la puede quitar.

Por oposición a sus innumerables virtudes, el Sol, y los nativos de Leo, son propensos al orgullo de su propia gloria y grandeza, pudiendo desviar sus cualidades hacia las del aprendiz de hechicero o tiranizando a su entorno. En la mitología, esta faceta solar se encuentra representada en el mito de Faetón, hijo de Helios, orgulloso y arrogante, continuamente vanagloriándose de su origen divino. Habiéndole su padre concedido el deseo de conducir su carro de fuego, los caballos se desbocaron produciendo una estela de muerte y destrucción a su paso, calcinando los cielos y la tierra, motivo por el cual fue aniquilado por un rayo de Zeus. El dolor de sus hermanas, las Faetontides o Helíades, fue tan grande y prolongado, que sus lágrimas se transformaron en el solar ámbar, y ellas mismas, en sauces. El poder solar es inmenso, pero mal usado conduce a su propia destrucción.

En la astrología, esto puede suceder cuando el Sol de la carta se encuentra en relaciones desafiantes o difíciles con otros planetas de la carta, y en el Tarot, cuando la carta del Sol cae invertida. En ambos casos, puede haber dificultades para expresar la parte positiva del las características solares, pudiendo haber frustración en la creatividad, dificultades de expresión, arrogancia, vanidad, falta de alegría o confianza en el propio valor, depresión, debilidad, o bien dominación autoritaria del entorno o destructividad hacia sí mismo o quienes lo rodean. La enorme diferencia es que el Tarot se consulta para situaciones específicas o períodos de la vida, en cambio la carta natal rige para toda una vida y por tanto la tarea es depurar y lograr superar las asperezas que un Sol mal aspectado pueda plantear, y esto es un desafío permanente.



En el mundo animal, el símbolo solar por antonomasia es el león, rey de los animales, con su melena nímbica rodeando la cabeza semejante a la corona del Sol, su porte majestuoso, su valor y tranquila dignidad, su benevolencia y fiereza, capaces de administrar la vida o la muerte de los demás animales a su alrededor. Animal heráldico y simbólico, simboliza la fuerza y también la nobleza, y se le atribuye una infatigable capacidad amatoria. Su color dorado, desde el pelaje hasta los ojos, han facilitado la analogía entre el león y el Sol, como asimismo al oro en los metales, y a la misma divinidad, en casi todas las épocas y culturas, habiéndose asociado sus cualidades al Buda, a Cristo, Krishna y el yerno de Mahoma.

En la arquitectura, el símbolo solar por excelencia es el anfiteatro, construido como un círculo central rodeado de graderías ascendentes, como círculos o elipsis concéntricas. El centro, más profundo, concita la atención de todos los circunstantes atraídos por el espectáculo. Un concepto semejante articula el circo, la plaza de toros y otras construcciones similares.

En la alquimia, el Sol es el oro filosófico, meta de la obra y máximo logro de transmutación, también representado por el punto dentro del círculo. El punto de partida es lunar, plateado, mercurial. El símbolo es mucho más antiguo, siempre asociado a la divinidad y a la eternidad, desde el antiguo Egipto, donde se lo asociaba al dios solar Ra.

El círculo, mostrando un perímetro en medio de la nada, representa una totalidad, un núcleo con identidad común delimitada, diferenciada de la nada informe que la rodea. El círculo es la figura que tiene su centro en todas partes y su circunferencia en ninguna, de ahí su asociación con lo permanente y lo eterno. El punto central aparece como fruto de una voluntad, de una identidad. En esa totalidad, ya diferenciada, hay “alguien”, un centro de fuerza que gobierna y dirige, no es una totalidad inconsciente de sí misma. Para los alquimistas, representaba a la Mónada, el verdadero Ser. Pero a cualquier nivel que se lo considere, es el símbolo de un ser consciente que posee y ejerce una voluntad en su entorno, una intención, ya se trate del nivel del pequeño ser temporal representado en el Sol de la astrología hasta el nivel del gran Ser, la divinidad.

La analogía del Sol con la consciencia es antiquísima, considerando a la consciencia como aquello que tenemos presente en nuestra atención, que se halla visible ante nuestros ojos o comprensión. Es lo que se encuentra “iluminado” en forma clara y directa. Las ensoñaciones, los mundos escatológicos, la suposición, la sospecha, la duda, la especulación, la vida astral, los delirios, la superstición, la ultratumba, las bajas pasiones como el resentimiento y todo lo inconfesable, no pertenecen al mundo solar. Porque la existencia del Sol no requiere de fe ni de suposiciones ni de creencias, no amerita duda ni dobles interpretaciones ni ocultamiento ni demostración: está ahí, es directamente visible, nadie especula sobre su existencia, que es innegable e irradiante en forma constante. Es aquello en lo que todos los demás niveles alrededor están de acuerdo o que, al menos, no lo cuestionan.

La luz solar puede incluso transparentar verdades que se encuentran bajo superficies toscas u opacas, y es una de las razones por las que el Sol es considerado como representación del Fuego inextinguible del Espíritu, capaz de revelar lo oculto o no evidente. El Espíritu, sinónimo de divinidad, lo ve todo, lo sabe todo. En la mitología griega, Helios era considerado “el ojo de Zeus”, quien informaba a éste todo lo que ocurría sobre la Tierra, y también en otras culturas, el Sol simbólico es el ojo de Ra o de Allah. Es quien informa porque es el que echa luz sobre las cosas, que le otorga la capacidad tanto de “ver” como de permitir la visión.

El Espíritu interpenetra y es inmanente a todos los mundos, a todos los niveles. El Espíritu siempre ha sido considerado como elemento Fuego, masculino, fecundador, iniciador. Dice el Génesis que en el principio, luego de la primera polaridad creada, los cielos y la tierra, “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: “Sea la luz: y fue la luz.” De la primera polaridad, impersonal, los cielos y la tierra, se sucede la segunda, la luz y las tinieblas. La analogía con el Sol y la Luna – señor y señora de la luz y la oscuridad respectivamente - como cuerpos celestes mucho más cercanos y visibles, representando al fuego y al agua primordiales, resultó inmediatamente natural. El Sol como principio activo y masculino, con su contraparte femenina lunar, pasiva fría y acuosa; nuevamente, “el espíritu sobre las aguas”, siendo el Espíritu quien le da vida y presta luz a las aguas.

En el origen de un mundo, la primera escena es la total oscuridad, hasta que se crean las condiciones, un vacío que permite la creación (el Parabrahman del hinduismo); entonces surge la causa primera o gran aliento, Brahman, y aparece el punto en medio del círculo, que es la voluntad, la intención, a partir de la cual surge toda la creación: la trinidad, la materia, la vida orgánica. Así pues, el Sol es considerado como la manifestación visible del Creador, que sostiene la totalidad de la vida engendrada en un mundo determinado. A nivel personal, es el emblema del ser personal, que, salvando todas las proporciones y distancias, es capaz de crear su propio mundo por medio de su voluntad, vitalidad y creatividad, desde el nivel más elemental, su simple materia o cuerpo físico, hasta –eventualmente - su más elevado potencial: su propio espíritu. El Sol es el fuego creador del ser en el tiempo, que se expresa en las formas en las que va configurando su materia, asimilando sus experiencias y recorriendo su camino en cada encarnación.

Simbólicamente, el Sol, a cualquier nivel, es el héroe que recorre su camino diario desde el nacimiento hasta la muerte en el ocaso, ya se trate del trayecto entre el nacimiento y la muerte de una persona, de un mundo o de un universo completo. En la astrología, el camino del héroe es la eclíptica, la franja dentro de la cual el Sol se desplaza en el zodíaco para vivir todas las experiencias posibles dentro de sucesivos alientos de vida. En cada ocaso, la esencia del trayecto del ser - personal o universal - se reabsorbe en un punto sin dimensión.

Es el Sol el arquetipo del héroe porque es capaz de renacer luego de cada muerte. El propósito de cada ciclo es el incremento del ser a través del desarrollo de una autoconsciencia creciente, en una espiral de la que el Sol es el centro integrador de las experiencias. Pero esto no es necesariamente espontáneo, pues bien podemos estancarnos y girar en círculos. Un centro de consciencia, como el representado en el núcleo de energía solar, por definición no puede desarrollarse o evolucionar en forma inconsciente; por el contrario, debemos dirigir la mirada y atender lo que el fuego solar – nuestro ser - nos ilumina, lo que no puede ocurrir en forma inadvertida.

Usamos habitualmente expresiones equívocas como “salió el Sol” o “voy a ver la puesta del Sol”, pero solemos olvidar que el Sol no “sale” ni “se pone”. Está siempre ahí, somos nosotros los que debemos voltear para verlo. Es el planeta el que gira. Para verlo, somos nosotros quienes debemos detener el revoloteo a fin de percibir su ser y alinearnos con nuestra fuente de vida e inspiración, estar en su luz y presencia de irradiación constante, para crecer en nuestro polo consciente, por contraposición a lo lunar. Si en el origen todo surgió a partir de un punto en medio de un círculo, desde el espíritu puro hasta la más densa de las substancias, el camino de retorno es la transmutación inversa: desde la materia dispersa hasta el punto en medio del círculo.

La escena de la puesta de Sol ha atraído a los seres humanos de todas las épocas y latitudes. Por una parte, el evento crepuscular se produce en una hora del día en la que estamos aquietados, en la que las fuerzas masculinas se encuentran en estado de equilibrio con las femeninas, lo que nos hace más receptivos y proclives a la “contemplación”. Por otra parte, al estar en una ribera contemplando cómo el carro de fuego se hunde en el mar – aquellos que tenemos al océano en el ocaso - nos estamos contemplando a nosotros mismos en toda nuestra dimensión: la tierra (el cuerpo físico), el agua (nuestro sentir emocional), el aire (el mundo mental), todo eso atravesado por el fuego de la consciencia solar. Así pues, por más veces que la veamos, siempre nos conmueve íntimamente con su esencialidad arquetípica. En cada ocaso, el “Espíritu de Dios” vuelve a moverse “sobre la faz de las aguas.”





María Maya

sábado, 17 de abril de 2010

Mitxel Casas - Astrologia 1 - Profesor Lester

Mitxel Casas - Astrologia 2 - Profesor Lester

viernes, 5 de febrero de 2010

ASTROLOGÍA Y ALQUIMIA EN LA OBRA DE QUEVEDO. Pere Sánchez Ferré



Francisco de Quevedo y Villegas vivió en una época en que la sociedad española reposaba sobre dos columnas: el honor y el dinero. La hidalguía, la actividad desinteresada y la pureza de sangre, junto con la religión, eran los valores más apreciados entre las clases cultas y adineradas, y de los que aspiraban a serlo, todos ellos bajo la mirada escrutadora del Santo Oficio. El dinero era la otra gran preocupación de los españoles, especialmente si con él se podían comprar títulos y prebendas.

La base del prestigio social y la propia estructura de la sociedad barroca pivotaba sobre el principio de pureza de sangre. Había los limpios y los manchados; los hispanoárabes y los hispanohebreos —todos ellos cristianos nuevos— no eran limpios y, por tanto, eran ciudadanos de segunda clase. Los judíos se habían dedicado tradicionalmente a las tareas científicas y técnicas, por lo que dichas actividades fueron despreciadas por un sector importante de la sociedad porque eran identificados con el judaísmo (1). La Iglesia, por medio de la Inquisición, sancionaba legalmente las pruebas genealógicas de pureza de sangre, aceptado como algo lógico y normal entre el común de los españoles. En este mundo, cristiano era sinónimo de hombre y, por otra parte, el catolicismo venía afirmando desde hacía bastante más de un milenio que los judíos habían matado a Cristo.

El 1559 el rey Felipe II (muy interesado en la alquimia) prohibió que los españoles fuesen a estudiar o enseñar al extranjero, pero España no era un país aislado de Europa, aunque sí es verdad que imperaba una mística religiosa muy nacionalista, unida a un hispanismo militante que cultivaban con gusto la mayoría de literatos e intelectuales. El siglo XVII fue también el de la Revolución científica, en que empezaron a prosperar las tesis de aquellos que aplicaban el racionalismo materialista a todas las cosas y realidades, primer paso para exiliar a Dios del mundo y colocar al hombre en su lugar. Querían desencantar el mundo por medio de la razón y la técnica, pero España no se dejaba desencantar, a pesar de que aquí también llegó la novedad, el eco tímido de la nueva ciencia y el recién estrenado gusto por «lo nuevo». El ateísmo no existía, puesto que los sectarios y los herejes simplemente creían en otro Dios o practicaban sistemas «erróneos» de cristianismo.

Quevedo vivió y escribió en esa España, fuertemente espiritual y tradicional, donde la preeminencia de la mentalidad antigua se reflejaba en todos los aspectos de la realidad. Así, el mito de Hércules y sus doce trabajos estaba grandemente popularizado y se decía que el héroe había fundado ciudades como Sevilla, Tarazona, Sagunto o Mérida, entre otras. En Cataluña la tradición quería que hubiese fundado Barcelona, Balaguer, Vic, La Seu d’Urgell y Manresa (2). Las columnas de Hércules estaban situadas al Sur de la Península y muchos identificaban la vieja Hesperia con el jardín de las Hespérides y sus manzanas de Oro (3).

Por otra parte, no debe olvidarse que, entre los países occidentales, España es el único de los actualmente vivos que ha explicado su historia a partir de un mito clásico fundamental, como es el Siglo de Oro, porque, en palabras de J. M. Rozas, siempre ha tenido presente la temporalidad y la dualidad de un tiempo de oro y un tiempo de hierro (4).

La astrología y la alquimia se popularizaron entre el vulgo al convertirse en un elemento adscrito a la picaresca y su mundo, que constituye un fenómeno social de la España barroca, estrechamente unida al Camino de Santiago. Ya desde mucho antes nuestro país había sido objeto de peregrinación por parte de un número muy elevado de europeos que cruzaban la frontera y la mayoría de ellos se dirigían a Santiago de Compostela. Esa tradición convirtió las tierras y pueblos por donde pasaba el Camino de Santiago en un mundo singular. Allí proliferaban los desocupados, los marginales de la época y los vividores, confundidos con los auténticos peregrinos, todo lo cual quedó plasmado en el mundo de la picaresca.

Abundaban también ciertos personajes a los que se atribuía extravagancias sin cuento, como los supuestos magos, los charlatanes astrólogos y los falsos alquimistas, todos ellos dedicados a engañar incautos y a excitar la imaginación de las gentes. C. Pérez de Herrera refiere que muchos franceses prometían a sus hijas, como dote, lo que consiguiesen en un viaje a Santiago, como si fueran a las Indias (5). En el siglo XVII, el Hospital Real de Burgos albergaba anualmente entre ocho y diez mil peregrinos extranjeros, a los que se daba cobijo y alimentación durante dos o tres días. Muchos de ellos se pasaban media vida dando vueltas por España y no pocos hijos de buena familia abandonaban su casa para vivir una temporada de aventuras en el Camino de Santiago.

Pero también hombres como Paracelso y E. Cornelio Agrippa viajaron a España y éste último fue el cronista del rey Carlos V (6). La figura del alquimista embaucador de avariciosos e ingenuos se popularizó hasta el punto que pasó a convertirse en un cuché literario usado en el género picaresco, donde también aparecían los magos de pacotilla, los pseudo-astrólogos, quirománticos y sanadores de dudosa fiabilidad. Todo ello, junto al interés que desde antiguo demostraron por el Arte de Hermes reyes, nobles e incluso Alguaciles del Santo Oficio, como Luis de Aldrete y Soto, popularizó la alquimia, exaltó la fantasía popular acerca de sus misterios y algunos de sus términos, como alambicar, pasaron a incorporarse a la lengua castellana.

Creemos de interés señalar que la alquimia, la astrología e incluso ciertos postulados de la magia no eran considerados opuestos a la religión católica, siempre y cuando no hiciesen apología del judaísmo o del Islam, o no fuesen expuestos de manera que contradijesen los dogmas cristianos, puesto que la venida de Cristo anulaba el poder de los astros y su fuerza salvadora estaba por encima de cualquier manipulación humana de la materia y de sus fuerzas e influencias.

Que la frontera de lo permisible no siempre estuvo bien determinada, es evidente, puesto que si bien es cierto que la literatura sobre esos temas circulaba con profusión, por otra parte en las cárceles españolas de la Inquisición abundaban los herejes dedicados a esas actividades y en 1600 Giordano Bruno fue muerto en la hoguera por el Santo Oficio italiano.

No obstante, los rigores inquisitoriales no impidieron que, desde su siglo de hierro, un sector de la inteligencia española soñara y laborara por recuperar el Siglo de Oro, cuyo punto de referencia lo constituyó la Antigüedad clásica y sus discípulos del Renacimiento, como Petrarca, empeñados en devolver su pureza a la lengua latina y restaurar así aquella época dorada de la «romanitas» universal embebida de helenismo. Y como sea que no hay Edad de Oro sin Lengua de Oro, renacentistas y barrocos, también en España, se afanaron en limpiar, pulir y enriquecer la lengua castellana.

Quevedo participó de esos valores y por medio de la Sátira, la burla despiadada y la inspiración poética, dejó magistralmente escrito lo que odiaba, lo que amaba y lo que esperaba de este mundo y del mundo por venir, sabedor de que el Siglo de Oro era en realidad el Siglo del Hombre en el Reino de Dios.

Quevedo fue poeta, teólogo, político, maestro de la escritura y, como afirma J. L. Borges, sólo estudioso de la verdad (7). En su obra, la presencia de la muerte es constante, pero recuérdese que es muy salutífero tenerla presente si se busca en verdad a Dios. La vida es una enfermedad, cuya única medicina es la buena muerte, afirma nuestro autor y lo repite en muchas ocasiones: No hay otro camino para pasar a vida sin muerte(8). Este es uno de los grandes temas espirituales de Quevedo, así como la precariedad de la condición humana, la esperanza de la salvación, la justicia de Dios, por la que cada uno teje en este mundo su propio destino. Una misma cosa a unos salva y a otros condena; los perdidos están fuera de Dios, los salvados, dentro (9). Honor y humillación, riqueza y pobreza son siempre de consecuencias inciertas, porque muchas veces castiga Dios con lo que da y premia con lo que niega (10).

Reflexión y enseñanza abundan en la obra de Quevedo, que en eso sigue también el precepto tradicional según el cual no puede haber literatura sin instrucción; lo demás es vanidad o inutilidad. Así, toda su obra está salpicada del saber que realmente importa y, en muchas ocasiones, lo más rico y profundo está expresado con pocas y precisas palabras: Con los doce cené; Yo fui a la cena(11). La soberbia tropieza volando, la humildad vuela cayendo (12). No es filósofo el que sabe dónde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. Menester es desnudarse de las tinieblas quien se quiere vestir de claridad (13).

Estas sentencias las encontramos en piezas que tratan de los temas más variados; la sátira social, la crítica política, el simple humor corrosivo, cualquier tema es bueno en Quevedo para insertar en su pletórica cosecha verbal esos frutos de luz que deleitan, seducen e instruyen al lector capaz de percibir cuándo la inspiración vibra y la belleza se manifiesta.

ASTROLOGIA Y ALQUIMIA EN QUEVEDO

A nuestro entender, pocos estudiosos han comprendido el verdadero significado de sus escritos y en particular de la poesía, precisamente porque se trata de creaciones de inspiración hermética, como lo son igualmente las de Homero, Virgilio o Dante.

Algunos autores, como los hispanistas Amédée Mas y Alessandro Martinengo, han estudiado ese aspecto de su obra, pero sus métodos científicos y la dificultad que supone acercarse a los textos herméticos no les han llevado más allá de poner de manifiesto los conocimientos librescos de Quevedo sobre temas como la alquimia, la astrología o la quiromancia.

Mas se ha ocupado del pasaje dedicado a los alquimistas en Las zahurdas de Plutón y ha sabido identificar los juegos verbales quevedescos con axiomas y principios alquímicos. Por su parte, A. Martinengo ha dedicado dos trabajos a la astrología y a la alquimia en la obra de Quevedo. Son, sin duda, estudios muy bien documentados, en los que el autor desvela las influencias formales de Ramón Llull en El Sueño del Infierno, mientras que en La Hora de todos y la Fortuna con seso, cree ver una mayor influencia de Paracelso (14). Martinengo pone también de manifiesto los conocimientos astrológicos y alquímicos de nuestro autor, e intenta esclarecer su posición acerca de dichas materias. No obstante, tanto los análisis de Mas como los de Martinengo no abordan adecuadamente la cuestión, puesto que ni siquiera se preguntan qué tipo de astrólogo y alquimista condena o aprueba Quevedo, como tampoco han sabido —creemos nosotros— entrever la enorme importancia que para el escritor español tenía el pensamiento hermético, así como la gran influencia que éste ejerció en sus escritos.

Toda la obra de Quevedo está repleta de alusiones más o menos veladas al misterio de la regeneración humana, bastante evidentes para aquellos que están familiarizados con los textos alquímicos o herméticos. Creemos que nuestro poeta no sólo interpreta correctamente los principios de la Tabla de Esmeralda —a la que en varias ocasiones alude— sino que aplica también este sistema de pensamiento para interpretar a los autores clásicos como Virgilio. Lo cual no es, empero, una singularidad suya, ya que es lo propio de los filósofos químicos, como d’Espagnet, Ireneo Filaleteo, o Luis de Centellas, por citar a un español, quien relaciona ciertas operaciones alquímicas con un conocido verso de Virgilio (Bucólicas, Egloga IV): Iam nova progenis coelo demititur alto (ahora una nueva generación se te manda del cielo) (15).

Quevedo sabe que Dante ha escrito La Divina Comedia para explicar el misterio de la muerte y la resurrección, y no para hacer «literatura», puesto que ésta es tan sólo el soporte. Ello no impide, sin embargo, que se pueda hacer de dicha obra una lectura formal, ideológica o política.

Aunque el poeta español se ocupe de astrólogos y alquimistas en tono burlesco o en sátiras despiadadas, sabe muy bien de quién se burla, como también a quiénes otorga callando. No queremos decir con ello que Quevedo sea un Adepto, pero tampoco podemos dudar de que fue un ferviente buscador que habló incesantemente de su búsqueda y de la esperada unión con Dios, como sólo un conocedor de la tradición hermética podía hacerlo.

A continuación, extraeremos de sus escritos algunos ejemplos de lo que afirmamos, así como de su posición acerca de la alquimia y la astrología. Empezaremos por ésta última.

QUEVEDO Y LA ASTROLOGIA

En su obra Los Sueños, sitúa a los astrólogos en el infierno. El español, a semblanza de Dante, también hace un descenso a los infiernos por medio de una pieza satírica —con crítica social incluida— en la que nigromantes, embaucadores y falsos alquimistas comparten morada con astrólogos, alguaciles, boticarios, clérigos, etc.

Pero los astrólogos no están en el infierno porque no crea Quevedo en las influencias de los astros —como pronto veremos—, sino por ser supersticiosos, porque están más atentos de los astros que de Dios. El epígrafe de un soneto suyo dedicado a la venida de Cristo es bien expresivo: Al Nacimiento. Mostrando que la astrología misteriosa admira a la celeste. Como dirá en otra parte, el astrólogo va al infierno porque ha tratado muchos cielos en vida, cuandó en realidad, por falta de uno solo será condenado(16). Evidentemente, ese único cielo salvador es el de nuestro nuevo nacimiento, el que verdaderamente cuenta y el que reivindica y espera Quevedo. Dicho sea de paso, en eso consiste la llamada astrología «esotérica» y no en mucho de lo que se escribe y explica en nuestros días.

Es así como esos desviados astrólogos pueblan el infierno, ya que tan sólo son lectores vulgares y exteriores del cielo sublunar; no son Filósofos... Y por tanto, Quevedo los ridiculiza con toda su divertida ironía y mordacidad. En Las zahurdas de Plutón hace exclamar a uno de ellos: ¡Vive Dios que, si me pariera mi madre medio minuto antes, que me salvo!

En El Sueño del infierno, otro lector de los astros llega al lugar donde se celebra el juicio final dando voces y cargado de mapas, astrolabios, globos.., y un diablo observa que se ha llevado consigo toda la madera necesaria para su propia hoguera (17).

Otro supersticioso pide con insistencia a los diablos que se cercioren si es verdad que él ha muerto, lo cual no puede ser, puesto que tenía a Júpiter por ascendente y a Venus en la casa de la vida, sin aspecto ninguno malo... (18)

Veremos a continuación diversos fragmentos de poemas en los que el tema astrológico está tratado con profundidad y sentido, siendo algunos de ellos verdaderos testimonios tanto de sus conocimientos sobre la materia, como de su actitud frente a las influencias astrales en este mundo. He aquí algunos versos del Himno a las estrellas:

A vosotras, estrellas (...)

que por campañas de zafir marchando

guardáis el trono del eterno coro

con diversas escuadras militando; (...)

cuyos pasos arrastran la Fortuna, (...)

árbitros de la paz y de la guerra,

que, en ausencia del sol, regís la tierra; (...)

vosotras, cuyas leyes

guarda observante el tiempo en toda parte,

amenazas de príncipes y reyes,

si os aborta Saturno, Jove o Marte; (...)

Creemos que los fragmentos transcritos huelgan, por su claridad, todo comentario. Sin embargo, nos detendremos un momento en el verso que, en ausencia del sol, regís la tierra. Es obvio que las estrellas son las reinas de la noche, pero también es cierto que si entendemos ese sol como el Sol invictus de la Navidad, que es Cristo, veremos cómo tiene un segundo sentido: el nacimiento del Redentor borra las influencias estelares. Y es precisamente en el ya aludido poema del Nacimiento donde está expresada con más belleza y claridad la idea de Quevedo (que es la tradicional) sobre el verdadero destino del hombre, es decir, su salvación, la salida de este mundo sublunar regido por los astros(19).

Ramón Llull, tan respetado por Quevedo, consideraba supersticioso —«herético»— a aquéll qui ha major temor de Géminis o de Cáncer que de Déu (20).

Es en ese sentido que debe entenderse el siguiente poema:

Cuando esperando está la sepoltura

por semilla mi cuerpo fatigado,

doy mi sudor al reluciente arado

y sigo la robusta agricultura. (...)

Recojo en fruto lo que aquí derramo,

y derramaba allá lo que cogía.

quien sefia de Dios sirve a buen amo.

Más quiero depender del sol y el día,

y de la agua, aunque tarde, si la llamo,

que de l’áulica infiel astrología.

Es difícil decir tanto con tan breves y hermosos versos. Quevedo lo hace creyendo en lo que dice, porque espera de la robusta agricultura divina ser cosechado para la resurrección. Muchas cosas podrían decirse de ese sudor, que es el sudor de la tierra. Por otra parte, debe notarse que aquí el agua corresponde —creemos— a la Gracia de Dios, a la cual llama y de la que espera todo. A esa Agua viva la denominan los alquimistas Agua Ardiente, pues contiene la fuerza ígnea que anima el Universo, procede de la corona zodiacal, que es su-pra-lunar, y está asimilada al Alma del mundo (21). Bajo su forma amorosa lo expresa Quevedo en estos versos:

Amar es conocer virtud ardiente, (...)

eterno amante soy de eterna amada (22).

De qué clase de amor se trata lo explicita en este otro cuarteto, inspirado, según dice, en una sentencia de Platón:

Alma es del mundo Amor; Amor es mente

que vuelve en alta espléndida jornada

del sol infatigable luz sagrada,

y en varios cercos todo el oro ardiente (23).

No podía faltar a esta breve silva de versos su espléndido soneto dedicado al nacimiento de Cristo:

Hoy no sale de sí la astrología

que en la estrella del mar mira en el suelo

cerrado el sol, epilogado el cielo

y en alta noche amanecer el día;

las tinieblas pobladas de armonía,

temblando el fuego eterno, ardiendo el yelo;

alegre la tristeza, y el consuelo

que a sus lágrimas hace compañía.

Mira hacer el oficio del Oriente

al pesebre, en que son signos de oro

una mula y un buey dichosamente.

Ve al sol en el Cordero, y no en el Toro:

vele en la Virgen por diciembre ardiente,

a la aurora sin risa, al sol con lloro (24)..

Para indicar que la encarnación de Dios en el mundo acaba con las influencias astrales, Quevedo lleva a cabo una completa alteración del mundo sublunar: la estrella del mar—Venus— fuera de su lugar, el sol apagado y caído porque asistimos al amanecer de Dios. Ese sol no está en el Toro, aunque éste sea un símbolo solar, sino en el Cordero, que es el emblema de Cristo. He aquí un diciembre ardiente porque la Virgen da a luz al Salvador; ya no brillan estos astros, sino los del nuevo cielo mesiánico. Vemos, pues, que Quevedo no niega la realidad de la astrología, sino que abomina de lo que habían hecho de ella los profanos y los ignorantes. Para él ésta era una ciencia que, como todas las demás, debía de armonizarse con la teología. Quevedo descree de una razón que se pretende aplicar a todas las cosas y desaprueba una ciencia desligada de la religión, que aspire a descubrir los secretos del hombre y del Universo. Como abanderado que es del pensamiento tradicional, el poeta español afirma que todo deseo de conocer fuera de Dios es vanidad, puesto que la única sabiduría positiva es la de aprender a bien morir. Ante tal radicalismo espiritual, el hispanista A. Martinengo califica el pensamiento de Quevedo de nihilismo cristiano absoluto, puesto que niega las posibilidades mismas de la ciencia y del pensamiento humano (25). Quevedo, ciertamente, no era partidario de este «progreso» tan nuestro y, si atacaba la superchería, era por razones diametralmente opuestas a los defensores del racionalismo materialista. Finalmente —y puesto que hablamos de astrología— vamos a transcribir unos cuantos versos donde Quevedo nos habla de su carta astral, con su generoso humor cáustico:

Parióme adrede mi madre,

¡ojalá no me pariera!,

aun que estaba cuando me hizo, de gorja juerga Naturaleza. (...)

Nací debajo de Libra (...)

dióme el León su cuartana,

dióme el Escorpión su lengua,

Virgo el deseo de hallarle,

y el Carnero su paciencia (26).

QUEVEDO Y LA ALQUIMIA

Nos ocuparemos a continuación del juicio que la alquimia merece a nuestro escritor, cuyo tema aparece en varias de sus obras y en muchos sonetos. Como en el caso de la astrología, aquí también se hace necesario precisar qué tipo de alquimia y de alquimista des-califica, a fin de poder comprender cuál es su opinión y su actitud acerca de tan antigua y debatida disciplina.

En primer lugar, debemos señalar que Quevedo sabe muy bien de qué trata la ciencia de Hermes, conoce la terminología y los autores, entre los cuales únicamente cita a los que considera más prestigiosos. En su biblioteca había obras de Ramón Llull y de los llamados pseudo-lulianos, así como de Robert Fludd, Oswald Croll, Marsilio Ficino, la Clavis Artis lullianae, de Lugduni y el Almagestum, así como numerosas obras de astrología, ciencias aplicadas, medicina, historia natural y matemáticas. Poseía, además, un cierto número de tratados de magia, quiromancia, fisiognomía, y algunos sobre piedras preciosas (27).

Como veremos a continuación, Quevedo deja claro su respeto por la alquimia verdadera y, aunque en su prosa se refiera a ella y en particular a sus falsos discípulos en tono burlesco, su poesía está llena de referencias más o menos veladas al Arte Real, gracias a ese continuo juego de palabras que tan bien practica y a esa sugerente ambigüedad que sabe imprimir a sus versos. Y recordemos que la ambigüedad y el doble sentido son característicos de los escritos herméticos.

Antes de continuar, es preciso aclarar una importante cuestión terminológica respecto a la palabra «alquimista». Desde la Antigüedad clásica hasta el siglo XVIII éstos se llaman a sí mismos Adeptos, Sabios, discípulos de la ciencia de Hermes, del Arte Real, Filósofos del Fuego o simplemente Filósofos Anónimos, como Ireneo Filaleteo. Y si bien la palabra alquimia es bastante usual en los textos, entendida como uno de los nombres del Arte, se define al falso adepto como alquimista, es decir, lo que los franceses llaman «souffleurs». He aquí dos ejemplos:

En el Rosarium Philosophorum, (escrito en la primera mitad del siglo XIV, editado a partir de 1550 y del que se hicieron varias versiones en castellano) se establece claramente la distinción entre los buenos y los malos discípulos del Arte: Les Philosophes disent en effet: «Mon fis, les alchimistes et ceux qui croient á toutes leurs dissolutions, sublimations, conjuctions, etc. Qu'ils se taisent, ceux que annoncent un autre or que le notre, une autre eau que la notre, (...) qui sefont áfeu doux...(28).

Esa misma prevención contra los farsantes de la época hace escribir a Alvaro Alonso Barba, en su obra Arte de los metales (1690): Los Alquimistas (odioso nombre por la multitud de ignorantes, que con sus embustes lo han desacreditado)...(29).

Bien seguro que Quevedo compartía el parecer de los textos citados. Resumiendo la cuestión podríamos decir que los falsos adeptos son aquellos que esperan encontrar la piedra filosofal con su único recurso y sin la previa ayuda de Dios, mientras que los buenos discípulos convierten el Arte en una disciplina desinteresada, renunciando del todo al mundo y entregándose del todo a Dios; éstos son en verdad los únicos que podrán realizar la Gran Obra. Esa es la diferencia abismal entre unos y otros.

Y volviendo a los escritos quevedescos, podemos leer en El Sueño del Infierno que Demócrito Abderita en su Arte Sacra, Avicena, Géber y Ramón Llull no son alquimistas, porque ellos escribieron cómo de los metales se podía hacer oro y no lo hicieron ellos, y, si lo hicieron, nadie lo ha sabido hacer después acá (30). Así pues, en el infierno no están los Filósofos, sino los alquimistas, haciendo compañía a otros que, como ellos, no hacían en vida más que soplar. Por esa razón están allí también los saludadores -curanderos— que, andan siempre soplando (31). El juego burlón de Quevedo se basa aquí en que uno de los métodos comunes de sanar en la época era soplar al enfermo. Quevedo tiene interés en colocar en el infierno a todos los sopladores y por ello también están allí los odiados alguaciles, así como los llamados «corchetes» o «porquerones».

En el Sueño del infierno se dice (y se repite en otra parte) que la piedra filosofal se hace con la cosa más vil, que en este caso son «los corchetes», aunque un diablo considera que tienen demasiado aire para poder hacer la piedra. Es bueno saber que, en la época se denominaba corchetes a los ayudantes de los alguaciles quienes estaban en permanente relación con prostitutas y delincuentes.

En otro lugar los diablos encienden el fuego inmortal con «corchetes», en lugar de fuelles, porque soplaban mucho más (32).

De todos ellos viene a decir Quevedo: ¿Cómo es posible que se halle virtud en gente que anda siempre soplando? (33).

Es necesario recordar respecto a los sopladores que, en términos herméticos, éstos constituyen los malos alquimistas que no hacen más que excitar de forma perversa—prostituir— el fuego, que entonces sólo quema violentamente, en lugar de cocer dulcemente (34).

En un soneto, que es una alegoría del cohete, Quevedo nos habla del fuego de los discípulos desviados:

pues no siempre quien sube llega al cielo (...)

mira que hay fuego artificial farsante,

que es humo y representa las estrellas (35).

En contraposición a ese Fuego farsante, nuestro autor se refiere en otra parte al que es patrimonio de los Filósofos, y que denomina e/fuego no fuego de Raimundo (36). Con ese término ambiguo alude al fuego filosofal, del que Raimundo Llull era considerado el más grande de los maestros. Y para dejar bien sentada la diferencia entre unos y otros, Quevedo afirma en Las zahurdas de Plutón que los verdaderos alquimistas son los boticarios, que tienen el infierno lleno de bote en bote (...) porque hacen oro de las moscas, del estiércol, (...) ni hay piedra que no les dé ganancia (37).

Como es sabido, los textos alquímicos afirman que la Obra se hace a partir de una cosa al alcance de todos, sin valor y muy vil, lo cual sirve al autor para burlarse y acusar una vez más a los sopladores. Siguiendo esa misma línea, en el Infierno de Quevedo un diablo pregunta a los presentes. ¿Queréis saber cuál es la cosa más vil? Los alquimistas. Y así, porque se haga la piedra, es menester quemaros a todos.

Diéronles fuego y ardían casi de buena gana sólo para ver la piedra filosofal (38).

En otro pasaje de la misma obra se dice que naturaleza con la naturaleza se contenta y con ella misma se ayuda, (39) repitiendo un conocido axioma hermético. Cuando en uno de sus juegos verbales dice que los alquimistas miraban ya al negro blanco y le aguardaban colorado, no hace más que indicar los colores básicos que designan el proceso de la Obra (40). Y cuando afirma —siempre con ese juego feliz de palabras—: ¡Oh, qué de voces oí sobre el padre muerto ha resucitado y tornarlo a matar!, entendemos que, bajo esa frase jocosa, se hace alusión a otro principio alquímico, según el cual aquellos que no saben matar y resucitar que abandonen elArte.

En su receta para escribir libros de alquimia, nuestro poeta vuelve a referirse a la Gran Obra en los mismos términos:

Recibe el rubio y mátale y resucítale el negro. Item, tras el rubio toma lo de abajo y súbelo y baja lo de arriba y júntalos y tendrás lo de arriba. Y para que veas si tiene dificultad el hacer la piedra filosofal, advierte que lo primero que has hacer es tomar el sol, y esto es dtficultoso, por estar tan lejos (41).

Habrá que releer a Quevedo.

Reproducimos para concluir, el poema que dedicó a los alquimistas, es decir, a aquellos que no hacían más que «soplar»:

¿Podrá el vidrio llorar partos de Oriente?

¿Cabrá su habilidad en los crisoles?

¿Será la tierra adúltera a los soles,

por concebir de un horno siempre ardiente?

¿Destilarás en baños a Occidente?

¿Podrán lo mismo humos que arreboles?

¿Abreviarán por ti los españoles

el precioso naufragio de su gente?

Osas contrahacer su ingenio al día;

pretendes que le parle docta llama

los secretos de Dios a tu osadía.

Doctrina ciega, y ambiciosa fama

el oro miente en la ceniza fría,

y cuando le promete le derrama (42).



Notas

1- Américo Castro, «La edad conflictiva: Castas, honra y actividad intelectual», en Historia y crítica de la literatura española, edición de F. Rico y B. W. Wardropper, Ed. Crítica, Barcelona, 1983, vol. III, pp. 60-64.

2- Pere Tomich, Históries e con questes deis reys d’Aragó e compres de Catalunya, (Valéncia, 1970), edición facsímil de 1 534. Este cronista y caballero catalán divulgó la epopeya de Hércules como fundador de ciudades en Catalunya. Una lápida del siglo XV que se conservaba en el Ayuntamiento de Barcelona decía Barcino, fundada per Hércules i engrandidapeis cartaginesos: Rafael Tasis, Barcelona, R. Dalmau Editor, Barcelona, 1961, p. 14.

3- Hércules era uno de los patronos de los reyes de España; Carlos V fue convertido en un nuevo Hércules y al subir al trono Felipe IV la ciudad de Sevilla batió una moneda que en el reverso se representaba a Hércules niño estrangulando las serpientes: 5. Sebastián, Arte y Humanismo, Ed. Cátedra, Madrid, 1978. pp. 64-65 y 198-199.

4- Juan M: Rozas, «Siglo de Oro. Historia y mito», en Historia y crítica de la literatura española, vol. III; p. 67.

5- Juan Garcia Font, Historia de la alquimia en España, Madrid, 1976, p. 238.

6- Ibid., p. 238.

7- Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones, Ed. Alianza, Madrid, 1976, p. 46.

8- Quevedo, Obras, Bib. de Autores Espafioles, Madrid, 1876, vol. XLVIII, p. 372 a.

9- Quevedo, Sueños y Discursos, edición de Felipe C. R. Maldonado, Clásicos Castalia, Madrid, 1990, p. 77.

10- Quevedo, La Hora de todos y la Fortuna con seso, Edición de 1. Bourg, P. Dupont y P. Geneste, Ed. Cátedra, Madrid, 1987, p. 335.

11- Quevedo, Poesía original compleja, Ed. Planeta, Barcelona, 1990, poemas religiosos, 192.

12- Quevedo, Obras, Bib. de A. E., XLVIII, p. 8.

13- Quevedo, Sueños y Discursos, p. 173, y «La cuna y la sepultura», Obras en prosa, Ed. Aguilar, Madrid, 1958, p. 1216, respectivamente.

14- Amédée Mas, Quevedo. Las zahurdas de Plutón (El sueño del infierno), SFIL, Poitiers, 1956; Alessandro Martinengo, Quevedo et il simbolo alquimistico, Liviana Editrice in Padova, 1967; p. 11

15- Para una lectura hermética de Virgilio, véase Emm. d’Hooghvorst, Chromise! Mnasylus in antro... (réflexions sur Virgile alchimiste), «La Tourbe des Philosophes, n. 11,2º trim., 1980, pp. 36-42; Virgile Alchvmiste, u. 13, 4º trim., l980 pp. 9-15. Véase también, Dom Pemety, Les Fables égyptiennes et grecques dévoilées, Ed. La Table d’Emeraude, París, 1982, libro VI, pp. 597-627.

16- Quevedo, Sueños y Discursos, p. 85.

17- Ibid..

18- Quevedo, Los Sueños, Espasa-Calpe, Madrid, 1961, vol. II; p. 160.

19- Sobre este tema véase Ch. D’Hooghvorst, Determinismo astrológico y Don del Cielo, «La Puerta», n.º1, Barcelona. 1981. pp. 40-52.

20- Op. cit., p. 48.

21- Ibid.. El destino astral y la posibilidad de libramos de él lo expresa con brevedad y perfección Louis Cattiaux en El Mensaje Reencontrado (V, 79’): «El destino de los hombres está inscrito en los astros y se reabsorbe en ellos, pero quien ha fijado su vida en Dios escapa a las alternativas del destino.»

22- Quevedo, Poesía original completa, poemas amorosos, 331.

23- Op. cit., 332

24- Op. cit., 185.

25- A. Martinengo, La astrología en la obra de Quevedo: una clave de lectura, Ed. Alhambra, Madrid, l983,p. 153.

26- Quevedo, Op. cit., poemas satíricos, 696; el título originario de este poema era «Romance al nacimiento del autor».

27- A. Martinengo. La astrología en la obra de Quevedo, pp. 173 y ss.

28- Le Rosaire del Philosphes, Librairie Médicis, París, 1973, p. 225.

29- Reproducido por José R. de Luanco, La alquimia en España, edición de 1980, p. 93.

30-Los Sueños,p. 133.

31- Las zahurdas de Plutón, p. 156.

32- Quevedo, Obra en prosa, vol. 1, p. 14/.

33- Las zahurdas de Plutón, loc. cit.

34- Hay mucho para leer y comprender en El Mensaje Reencontrado, de Louis Cattiaux sobre los sopladores y los dos fuegos. He aquí dos ejemplos: Los sabios oficiales, herederos y descendientes de los sopladores rabiosos, que fueron los primeros en forzar el fuego, la naturaleza, a los seres y las cosas, ahora son más honrados y recompensados que nadie, porque son los sacerdotes de la ciencia del maldito que tiene al mundo entre sus garras... (XXXIX, 28). No es por casualidad que los demonios del infierno están representados accionando sin parar fuelles defragua que fuerzan el fuego donde se queman los condenados. (XXXIX, 29). Elfuego de Dios edifica la vida. El de los hombres la consume. No obstante, la suavidad del segundo puede manifestar la virtud del primero. (VIII, 54’). Véase también, E. H., Dieu le Feu, (presentación de L’Escalier des Sages), «Le Fil d’Ariane», u. 38, Bruselas, 1989, pp. 10 y ss.

35- Quevedo, Poesía original compleja, Poemas morales, 110.

36- Las zahurdas de Plutón,, p. 157.

37- Op. cit., pp. 132-133.

38- Op. cit., p. 159.

39- Op. cit., p. 158.

40- Ibid. Dom Pernety afirma en su Dictionnaire mytho-hermétique (voz «Chose vil») que esta «cosa» tiene los pies negros, el cuerpo blanco y la cabeza roja.

41- Quevedo, «Libro de todas las cosas», Obras en prosa, p. 116.

42- Quevedo, Poesía original completa, 83.

jueves, 7 de enero de 2010

EN CAPRICORNIO, CONSTRUYO. LA INVITACIÓN A LAS ESTRELLAS. Laurence Fritsch_Griffon

Soy sol en el solsticio de invierno. Nunca me han visto menos. Para mí es hora de retirarme a la paz, bajo la ley del silencio y del secreto, para preservar en el corazón del invierno la sagrada llama del fuego vital; la oculto en mis cenizas y la luna, como vestal, la vela. Morí para mí mismo el último día de Sagitario, ya sólo soy polvo de luz pero renazco ya como el fénix, pues mañana creceré un poco más cada día. Por lo demás, presido la Natividad. Y mi fuego, aunque haya cambiado de forma e intensidad, no deja de ser por ello de eternidad. En lo más profundo del suelo, el hortelano cava. Como yo, a partir de mañana, los terrores demigajados suben a la superficie, ventilando la tierra y restableciendo su equilibrio energético. En esta etapa del viaje, el peregrino se ha sentado para verificar, como cualquier buen hortelano de su alma, por última vez sus herramientas. Recogidas en cada etapa, aguzadas y a buen recaudo en Virgo, dominándolas cada vez mejor a cada paso por el camino, las herramientas son la fuerza y la belleza del obrero que sabe perfectamente que una herramienta bien utilizada puede hacerlo todo, incluso construir un templo. Y en su corazón, en lo más íntimo del santuario, el buscador de verdad colocará la llama eterna, símbolo de la vida, protegiéndola de las miradas indiscretas para que caldee siempre al hombre y la tierra. Pues lo divino se refugia en lo invisible y lo inefable. El árbol está seco en enero; ni desnudo ni vestido, se halla despojado y es sin embargo rico de savia y de su pasado. Vive, con una vida invisible y adormilada, solitaria en su madriguera, sin gran necesidad de ayuda exterior. Entonces oculta en su propia fibra toda su riqueza de corazón, sus sentimientos profundos y su capacidad de amor. Ha germinado de la semilla y crecido en espiral alrededor de su tutor como la habichuela o el tomate del huerto. Como el peregrino llegado al solsticio de invierno, ha sabido abandonar a los suyos para caminar hacia su destino. Ha aprendido por el camino a engendrarse a sí mismo, a mantenerse erguido para tocar las estrellas y elevarse hacia el cenit de su tema. Liberado de sus raíces, en adelante sabrá completar sus sueños y tener éxito, no forzosamente en su carrera, sino en su vida personal.
Y es preciso asegurarse cuando se es primero de cordada. Desde hace algún tiempo, el camino se ha empinado bajo los pasos del peregrino. Como la cabra de Capricornio, trepa y sigue trepando sin perder de vista la cima de la montaña y el propósito de su ambición. Y, para llegar a la cumbre, nuestro viajero debe mostrar resistencia, agudeza visual y una gran precisión.
En esta etapa del camino, ningún gesto es gratuito. Es preciso respetar el orden definido en sus menores detalles, porque la danza del escalador a lo largo de las rocas es una salvaguarda ampliamente comprobada. El ritual ha pasado la prueba e impregnarse de él, en silencio, sigue siendo como siempre comulgar con la ronda solar, respetar el cielo de la naturaleza y vivir en la conciencia la iniciación humana. Bien lo sabe el montañero que, solitario y callado, escucha el canto de la piedra para reconocer en él dónde clavar sus pitones y golpear con el piolet –al igual que el cantero que trabajaba en las catedrales-.
A la escucha de la piedra. A la escucha del Tiempo. Fiel a los Principios -¡particularmente a los suyos!-, el peregrino del zodíaco debe tomarse aquí tiempo, tiempo para asimilar el tiempo, aunque sea a veces algo largo para su compañero. En contacto directo con la roca, el peregrino se adhiere a la inmutable pared y se llena con la memoria del mundo. Dispone sus actos en función de su tradición y de la Tradición. Actúa en secreto y en sordina, pues éste es su deber de memoria.
Consumar con rigor su destino, realizarse a sí mismo para mejor actuar en la construcción del mundo, ésa es la función de esta décima escala para el peregrino de las estrellas. Eremita, con la lámpara en la mano, ilumina el camino. Eterno vigilante, el peregrino persevera y con su bastón hace brotar agua en el desierto.

El desierto es el lugar donde Dios habla al corazón puro. Si el corazón del fiel se ofrece por entero al abrazo del Bien-Amado, refleja la Invisible Presencia en cada uno de sus gestos. El espíritu santo, hortelano de su alma, excava Fuentes de agua viva, siembra gérmenes de Belleza, posa en sus tinieblas la Luz incorruptible, deja que florezca de nuevo el desierto interior. El desierto no es un espacio vacio… el silencio no es un tiempo mudo sino un estado virgen por el que quien medita encuentra la eternidad. El desierto es el espacio que llevo y me separa de Ti, lo atravieso con una implosión de Amor.
(Hermano Hean, Terre du Ciel.)

jueves, 10 de septiembre de 2009

ASTROLOGÍA CABALÍSTICA. LECC 01. LOS ELEMENTOS


Lección 1: Los Elementos
El zodíaco fue el huevo del que salió nuestro sistema solar. Los 12 signos son las 12 fuentes primordiales de energía que han permitido y permiten la edificación de todo lo creado. Si un día una de esas fuentes dejara de manar, desaparecería de nuestro universo solar aquello que pertenece a su naturaleza.
Como pequeños universos en miniatura que somos, llevamos todos en nuestro cuerpo materia que obedece a las leyes de los 12 signos, pero esa materia permanecería en estado pasivo, si no fuera activada por los planetas, al transitar por uno y otro signo. Son los planetas los que imprimen movimiento a la esencia zodiacal, dándole así protagonismo y poniendo en relieve su personalidad y haciendo que arraigue en nosotros su simiente. Así pues, la posición de los planetas en un horóscopo de nacimiento nos indicará cuáles son las partes zodiacales activas en un individuo, en qué grado lo son y cuál será la interpretación que el individuo recibirá de la fuerza zodiacal, ya que, si una sinfonía musical cambia según la personalidad del director de orquesta, también el mensaje zodiacal es interpretado de distinta manera según el planeta que nos lo transmite.
Cuando una persona dice que es de un signo determinado, es porque ha nacido cuando el Sol circulaba de 0 a 30 grados de ese signo. Pero en realidad ese dato oculta una enseñanza muy profunda. El Sol es el que marca el objetivo de vida de una persona, su personalidad profunda, del mismo modo que el Ascendente representa la personalidad exterior. De este modo, cuando conocemos las características de un signo, estamos aprendiendo algo sobre nuestro propio destino y sobre las herramientas con las cuales contamos para desarrollarlo. Del mismo modo podemos proceder para comprender a un pariente o a un amigo. Un día me comentó un colega: "es imposible contarle un secreto a Juan, al cabo de 5 minutos se lo cuenta a todo el mundo". Resulta que Juan era Géminis, Ascendente Géminis. Siendo éste el signo de la comunicación, la "obligación" de Juan es contar las cosas de forma inmediata, de lo contrario podrían explotar en su interior. De lo dicho se desprende la importancia de aprender Astrocábala, ya que es la mejor forma de conocernos a nosotros y a los demás.
La rueda zodiacal está compuesta por 12 signos que se representan por este orden:
Aries Leo Sagitario
Tauro Virgo Capricornio
Géminis Libra Acuario
Cáncer Escorpio Piscis
Así se nos presenta el zodíaco constituido, pero cuando el Dios de nuestro sistema solar inició los trabajos de creación de nuestro universo, no utilizó las fuerzas zodiacales por este orden, sino que primero organizó la vida con el material provinente de los signos de fuego; después utilizó los ingredientes procedentes de los signos de agua; luego, las fuerzas de los signos de aire, y finalmente las energías de los signos de tierra. Como la vida aquí abajo transcurre a la imagen de la de arriba, tendremos que también en nuestros asuntos humanos lo primero que aparece es el fuego, luego el agua, el aire y la tierra.
Así, tendremos una primera clasificación:
Signos de fuego: Aries, Leo, Sagitario
Signos de agua: Cáncer, Escorpio, Piscis
Signos de aire: Libra, Acuario, Géminis
Signos de tierra: Capricornio, Tauro, Virgo.
Tal como indicábamos en la sección preliminar, el elemento fuego representa la fase Yod y en él está activo Kether-Voluntad; el elemento agua representa la fase He y la fuerza activa es Hochmah-Amor. El elemento aire representa la fase Vav y la fuerza activa es Binah-Inteligencia estructuradora y el elemento tierra representa la fase segundo He y la fuerza activa es Hesed-Bondad-Paraíso.
Igualmente, tendremos que los signos cardinales son Yod; los signos fijos, He; y los signos dobles o comunes, Vav.
En el trabajo de creación, decíamos, el Dios de nuestro sistema solar empezó utilizando las fuerzas provenientes de los signos de fuego, las cuales alimentaron Su Designio, Su Propósito creador; es decir, le facilitaron la semilla de su futuro universo. Luego utilizó las fuerzas provenientes de los signos de agua, los cuales pusieron a su disposición esa esencia llamada Amor. Dios mezcló en esa etapa designio y amor, haciendo con ellos una de las columnas de su obra. Los signos de aire ofrecieron después sus fuerzas y con ellas Dios estableció las leyes que rigen el universo y de ellas nacieron en nuestro bajo mundo la lógica y la razón, que constituyen la segunda columna de la obra divina, la de la izquierda, y que nos permiten comprender el funcionamiento de la máquina cósmica, al descubrir las leyes que la mueven. Ya sólo faltaba que los signos de tierra entraran en funciones para ofrecer al Creador su fuerza coagulante y cristalizante con la que envolver las energías de los demás signos, de manera que dispusieran de un cuerpo material para manifestarse. Con esas fuerzas, Dios vistió Su Obra, le dio un ropaje y una apariencia.
Así lo hizo Dios y así lo hacemos nosotros, de manera que si en un horóscopo vemos que el individuo tiene una mayoría de planetas en signos de fuego, diremos que es portador de designio, de iniciativa, y que la persona es utilizada por Dios para plantar la semilla de su universo. Si la mayoría de los planetas se encuentran en signos de agua, diremos que los sentimientos las emociones dominan en esa persona y que todo lo ve de una manera subjetiva, personal, porque el agua corresponde al He, que es una fuerza interiorizadora y pone en relieve lo que va por dentro, lo que es propiedad exclusiva, patrimonio del individuo. Si la mayoría de los planetas se encuentran en signos de aire, diremos que es un individuo aplicado en descifrar las leyes, un hombre de lógica y de razón, cuyo comportamiento es bastante previsible, puesto que obedece a valores universales y objetivos. Binah, que domina aquí, es el gran creador de moldes. Si la mayoría de los planetas se encuentra en signos de tierra, diremos que es un hombre de realizaciones prácticas, un hombre que dispondrá de medios materiales para realizar de una forma tangible sus aspiraciones.
Resumiendo lo que acabamos de decir: los pertenecientes a signos de fuego pondrán en el mundo las semillas de las cosas y, como tales, serán portadores de futuro. Los pertenecientes a signos de agua ofrecerán su propia tierra corporal y emocional para que esa semilla pueda enraizarse: serán portadores de amor, que se expresa como un ardor interno que los impulsa a llevar a la perfección la obra. También sus frutos corresponderán a una etapa futura, pero a un futuro ya más inmediato. Los pertenecientes a signos de aire realizarán su obra a través de la ley y el orden: son portadores de lógica y de razón e instituyen el marco legal en el que la obra podrá ser realizada. Los pertenecientes a signos de tierra son los que instituyen realmente en el mundo físico lo que el espíritu proyectó en su día.
Así tendremos que cada experiencia humana que vivimos pasa por el cielo de fuego, el de agua, el de aire y, finalmente, se hace realidad en el cielo de tierra. Cuando esos cuatro ciclos han transcurrido y aportado cada uno su fruto experimental, el alma debe abandonar la realidad física, es decir, sus posesiones, sus pertenencias, para recomenzar un nuevo gran cielo experimental en el fuego a partir de cero.
Para vivir plenamente las experiencias de cada ciclo, es decir, para aprender las lecciones programadas por el Ego (Ego o Ego Superior. Kabaleb usa indistintamente estos dos términos para referirse a la personalidad divina que mora en cada ser humano), el hombre necesita, por lo general cuatro vidas. En la primera inicia los trabajos que han de llevarlo a la experiencia deseada. En la segunda vive intensamente por dentro lo que más tarde proyectará al exterior como un fruto de sus propias entrañas. En la tercera busca la manera de instituir lo que lleva dentro en el marco social, de forma que resulte compatible con los intereses de los demás y que sirvan también esos intereses ajenos, renunciando si es preciso a parte de su primitivo propósito. Y es en la cuarta encarnación cuando consigue ver su primigenio designio convertido en una realidad material que le permitirá darse cuenta de si realmente aquello es tal como lo imaginaba. Añadamos que no es obligado el que transcurra tanto tiempo para vivir plenamente un ciclo experimental y que todo depende de la velocidad de crucero del interesado. Ciertas personas consiguen realizar todo el trabajo cíclico en una sola vida.

Los signos de Fuego

Según la tradición cabalística, el Fuego fue el primero de los Elementos con los que trabajaron los creadores de nuestro sistema solar en el Primer Día del actual período de manifestación, y como esta diná-mica quedó escrita en el historial de los procesos creativos, cualquier iniciativa que tomemos en nuestras vidas ordinarias, comienza también por el Fuego.
Pertenecen al Elemento Fuego los signos de Aries, Leo y Sagitario.

En términos psicológicos, el Fuego se convierte en entusiasmo, fe, ardor interno que impulsa el individuo a crear, de modo que los nacidos bajo signos de Fuego son los creadores, los iniciadores, los que ponen su entusiasmo y su fe en algo que aun no existe y que no existiría si esas cualidades no fueran desplegadas. En toda obra humana, los hombres/Fuego son indispensables en el período inicial y, sin ellos, cualquier empresa se hunde rápidamente o no llega ni tan siquiera a ver la luz. El Fuego es el motor que lo mueve todo, es el elemento primordial, es la Voluntad Suprema sin la cual nada puede existir.
El signo de Aries es la puerta de entrada del Fuego en la naturaleza humana y los nativos de este signo se encuentran en el comienzo de un ciclo de experiencias. Son hombres de futuro, lanzados hacia lo que aún no tiene forma y se sienten poco conectados con el presente. Para ellos, la realidad no es lo que sucede, sino lo que sucederá
El signo de Leo estabiliza el Fuego en la naturaleza humana, y a la persona le viene la visión interna, inconsciente, de cómo funciona el mundo, traduciendo las reglas en valores morales, que son en realidad los pilares que sostienen el Universo. Por ello, se encuentra a menudo a estos nativos en puestos de responsabilidad política y social. Gracias a su dinámica el mundo se sostiene en pie.
El signo de Sagitario es el exteriorizador del Fuego. Estos nativos exteriorizan, pues, las reglas instituidas por la clase creadora, y gracias a su impulso, si no están corrompidos, el mundo funciona como debe funcionar.

Los signos de Agua

Pertenecen al Elemento Agua los signos de Cáncer, Escorpio y Piscis.
El Agua es el segundo de los Elementos, y nos dice la tradición cabalística que apareció en el segundo Día del actual período de manifestación. En el ciclo de creaciones humanas, también aparece en segundo lugar.
El Agua es el enemigo natural del Fuego, puesto que tiende a apagarlo. Traducido a términos psicológicos, el Agua es: sentimientos, emociones, deseos, pasiones. Cuando esas cualidades son dominantes en el individuo, la espiritualidad mengua, y el trabajo humano consiste en conciliar el Agua con el Fuego, y cuando se consigue, la vida se vuelve esplendorosa y fecunda, del mismo modo que la tierra necesita de agua y sol para su fertilidad.

El signo de Cáncer es la puerta de entrada del Agua, es decir, de los sentimientos, emociones, y deseos en el hombre. Analógicamente, es el agua de lluvia. El signo da personas soñadoras que viven impulsadas por sus emociones y que aportan a la sociedad las cualidades llamadas de corazón. Son productoras de sentimientos por excelencia, y gracias a ellas el mundo es más humano.
El signo de Escorpio estabiliza el Agua en la naturaleza humana y hace que el encadenamiento a los sentimientos sea muy fuerte. Analógicamente, las aguas de Escorpio son las de los ríos y lagos, y también las de los charcos polucionados. Ello da personas inmersas en sus sentimientos, en sus problemas personales, que contemplan complacientes su pasado y a veces sienten miedo ante las incógnitas que les plantea el porvenir.
El signo de Piscis es el exteriorizador del Agua, o sea, de las emociones, de los sentimientos, de las pasiones que son lanzadas al medio social para encontrar en él quien las encaje.
Analógicamente, las aguas de Piscis están en correspondencia con el mar, y los nacidos en este signo son auténticos depósitos de emociones, lo cual hace que se encuentren permanentemente movilizados en la búsqueda de un amor.

Los signos de Aire

Pertenecen al Elemento Aire los signos de: Libra, Acuario y Géminis.
El Aire es el tercero de los Elementos y apareció en el Tercer Día del actual período de manifestación. También en el ciclo de creaciones humanas, el Aire aparece cuando el Agua ya se ha retirado. Es decir, cuando las emociones desaparecen, empieza a reinar la razón, ya que en términos psicológicos Aire es razón, lógica, pensamiento. El Aire/razón ordena de una manera lógica los impulsos procedentes del Fuego y del Agua.
El signo de Libra es la puerta de entrada del Aire, o sea, de la razón en el hombre. El ideal que persigue Libra es el de integrar, de unir las partes dispersas y complementarias que en la sociedad existan. Por ello es el signo del matrimonio, de las asociaciones, de los pactos y de todo lo que significa organización.
El signo de Acuario estabiliza la razón en el interior del individuo, y este depósito de razón le permite percibir la idea que late en el fondo de las cosas; contempla los mecanismos del universo en lo abstracto y puede, por consiguiente, traducirlos en términos concretos. Por ello los inventores, los descubridores, los innovadores, pertenecen a menudo a este signo o tienen una fuerte concentración planetaria en él.
El signo de Géminis constituye la puerta de salida del Elemento Aire, o sea, a través de él se exterioriza el pensamiento, la idea, la opinión, después de haber sido elaborada en Libra y Acuario. Por ello Géminis es el signo de la difusión, del periodismo, de la literatura y se encuentra frecuentemente a los nacidos bajo ese signo ejerciendo funciones de periodistas y escritores.

Los signos de Tierra

Pertenecen al Elemento Tierra los signos de Capricornio, Tauro y Virgo.
La Tierra es el cuarto de los Elementos y dicen los cabalistas que apareció en este Cuarto Día del actual período de manifestación en el que nos encontramos.
En términos psicológicos, la Tierra se traduce por sentido práctico, capacidad de enraizarse. El hombre, que empieza su cielo experimental en el Fuego, vive intensamente sus emociones en el ciclo de Agua, pasa por experiencias intelectuales, de formación de su pensamiento, en el ciclo de Aire, y termina convirtiendo todas esas experiencias en hechos materiales en el cielo de Tierra.
El signo de Capricornio representa la puerta de entrada del Elemento Tierra en el hombre. Con las fuerzas de este signo el individuo edifica la sociedad, tanto en un sentido material, levantando casas, trazando carreteras, puentes, urbanizando, como en sentido figurado, dictando reglamentos y leyes que permitan vivir civilizadamente. Por ello es el signo de los políticos por excelencia.
El signo de Tauro estabiliza lo material en el individuo, a quien, después de haber sido impulsor de las cosas en el ciclo de fuego, de haber actuado apasionadamente en el ciclo de Agua, de haber edificado con el pensamiento en el ciclo de Aire, y después de haber realizado trabajos prácticos en Capricornio, le llega el momento de cobrar por todos los esfuerzos desplegados. Por ello los Tauro son a menudo personas que viven de sus rentas, sin obligaciones laborales, descansando del largo esfuerzo realizado en anteriores existencias.
El signo de Virgo constituye la puerta de salida del Elemento Tierra, y esto significa que los tesoros materiales acumulados en el período de Tauro, tienen que salir para que el hombre pueda pasar a otro ciclo experimental. Se encuentran pues los Virgo en una triste situación, porque les toca desprenderse de las riquezas, y en la actual sociedad, el hombre que se desprende de sus sentimientos en la etapa de Piscis, se encuentra en un estadio más sereno; el hombre que se desprende de sus pensamientos en el período de Géminis, siente el placer de influir en la sociedad con sus opiniones e ideas. Pero el que tie-ne que desprenderse de sus posesiones materiales lo hace sin placer alguno,, casi siempre forzado por el torrente de los acontecimientos. Pero es ineluctable que todo tenga un final y Virgo es el signo en el que un gran ciclo de experiencias termina.
Un camino de evolución
Los signos del Zodiaco constituyen, pues, un camino que ineludiblemente debemos recorrer una y otra vez, hasta haber vivido todas las experiencias posibles. En este recorrido, el peregrino se atasca a menudo. Cuando el paisaje es inhóspito, se recorre a toda velocidad, pero cuando entramos en un paisaje soleado, cuando la vida nos rodea de ternura y amor, entonces intentamos eternizarnos; pensamos que hemos llegado a la meta, que la vida no es otra cosa que una refrescante catarata de felicidad.
La comprensión de la Astrología nos sugiere que estamos inmersos en un universo en tránsito, hacia una perfección cada día mayor, cuya epopeya no concluirá hasta que dominemos los resortes de la Creación y nos convirtamos en creadores de un nuevo Universo, más perfecto y humano.

martes, 21 de julio de 2009

Mitologia: El Signo de SAGITARIO



El Signo de Sagitario se representa en el zodiaco griego por un centauro, criatura fantastica mitad caballo y mitad hombre, con un arco y sus flechas. No existe unanimidad entre los mitografos para saber a ciencia cierta que centauro de los muchos que aparecen en los mitos griegos es el que esta representado en esa constelacion: Quiron, Croto, Folo o incluso el jinete Belerofonte o el propio Heracles, aunque este nunca se le representa como jinete, sino tan solo como arquero. Los mas se inclinan por adjudicar ese honor a Croto o a Quiron.
Este ultimo es el mas citado en las historias miticas por lo que hablaramos en principio de el. Tambien es posible que varios de estos nombres sean diferentes versiones de un mismo personaje o tambien que los personajes no representen sino sagas, o grupos de personajes analogos, que evolucionan a lo largo de varias generaciones, por lo que bien puede tratarse del mismo personaje en distintas fases de su evolucion.
La palabra centauro significa centuria o grupo de 100 hombres armados en una unidad a efectos de organizacion militar, estos mismos personajes cuando se les quiere mostrar en actitud festiva se les representa con cuerpo de cabra y flauta en lugar de cuerpo de caballo y arcos, es decir, como Satiros. Los centauros o los satiros son miembros de una hermandad o etnia caracterizada por el caballo en su uso militar. Eran nativos de la Grecia antigua cuando esta fue invadida por tribus arias del norte.
Tradicionalmente los centauros estaban enfrentados a los lapitas, otras tribus de nativos, y esta ancestral disputa fue aprovechada por los invasores arios en su beneficio, es decir en la conquista de la tierra y esclavizacion de la poblacion, del mismo modo a como los conquistadores españoles aprovecharon las diferencias entre nativos aztecas o mayas para su conquista de america o como los portugueses aprovecharon estas mismas circunstancias en africa occidental para establecer su dominio en el negocio del la esclavizacion y venta de sus habitantes.
El centauro que al parecer es el que ocupa la constelacion de Sagitario podria ser Croto, un centauro famoso por ser el hermano adoptivo de las Musas del monte Helicon, ninfas inspiradoras de poetas y artistas, a las que amaba con autentica devocion. La fama de Quiron como maestro, sabio o mago bien pueden ser indicaciones para hacer coincidir a Croto con el, ya que estas caracteristicas de Quiron le exigirian una proximidad grande a las Musas, sin cuya inspiracion le habria sido imposible adquirir su provervial sabiduria. Para empezar hablaremos de Quiron y su compleja e interesante genealogia.
Quiron, el centauro, que en todos los grabados antiguos aparece como mitad hombre y mitad caballo, nacio producto del castigo de Zeus al lapita Ixion. Este ultimo tras haber asesinado traicioneramente a su futuro suegro Deyonero, intento seducir a Hera, la esposa de Zeus, la cual tenia motivos sobrados para vengar las multiples infidelidades de su esposo. Zeus adivino las intenciones de Ixion tras un banquete en el Olimpo, asi que hizo una mujer a imagen de Hera con la materia de una nube y la envio a Ixion para confundirle. Esta mujer se conoceria mas tarde como Nefele. Ixion no percibio la diferencia y la sedujo.
De la union entre Nefele e Ixion nacio el niño Centauro. Despues, este niño llego a adulto y tras copular con yeguas magnesias engendro hombres-caballos, conocidos como centauros, de ellos el mas famoso fue uno de sus reyes, Quiron. Por el intento de seduccion de Hera, Zeus ordeno a Hermes que azotara a Ixion, lo atara a una rueda ardiente y fuese colocado asi en el cielo hasta que se arrepintiera sinceramente.
La union de Nefele con Ixion puede representar un proceso de mestizaje entre invasores arios (dioses) y nativos (Ixion y las yeguas magnesias). Debieron engendrar una raza fuerte de habiles jinetes, los centauros, aunque a los arios de raza mas pura (Zeus o los dioses ) no debio gustar este mestizaje como puede deducirse del castigo de la rueda. Esta explicacion que intenta racionalizar historicamente el mito es facilmente superponible sobre otra explicacion, la suerte o destino del Rey Sagrado que se deduce de imagenes o grabados existentes cuya verdadera naturaleza avergonzaba a los mas modernos helenos de la epoca clasica , quienes no querian reconocer la participacion de sus antepasados en esos cultos preolimpicos matriarcales en los cuales los Reyes Sagrados eran sometidos a los mas violentos o degradantes abusos.
Quiron y su familia estan entrelazados con numerosas historias entre hombres y dioses ya que estas relaciones corresponden a las primeras etapas de las invasiones arias, una muy conocida es la de Eolo, el hijo mayor de Heleno, el antepasado comun de todos los griegos . Eolo sedujo a la ninfa Ftia, hija del centauro Quiron, una profetisa que algunos llaman Tetis y que era compañera de caza de Artemis. Para evitar que se conociera su embarazo, que habria disgustado a su padre Quiron, pidio la ayuda de Poseidon. Este, que habia sido su amigo y amante la ayudo transformandola en una yegua, conocida como la Yegua Evipe, para que pudiera esconderse, y asi, de esa relacion, pario al potrillo Melanipe. Posteriormente Poseidon transformo al potrillo en una niña. Eolo se hizo cargo de la niña y se la dio para que la criara a Desmontes, con el nombre de Arne. Poseidon puso a Ftia en el cielo como constelacion del Caballo.

En el primitivo culto del roble, los reyes sagrados eran sacrificados anualmente para atraer la lluvia y procurar asi la renovacion de la fertilidad de los campos.



El Rey-Sagrado era azotado y acariciado para que su sangre y su esperma fertilizase la madre tierra. Despues era castrado y decapitado, asandose su carne para ser consumida por sus familiares o su clan sacramentalmente en un banquete ritual. A partir de un cierto momento del desarrollo de estos pueblos los Reyes sagrados habian alcanzado el suficiente poder para evitar el sacrificio al menos durante ocho años seguidos. No obstante, a fin de no renunciar a estos ritos sobre la fertilidad y por tanto sobre la prosperidad economica de sus pueblos, sustituyeron su propio sacrificio por el de un Rey sustitutorio a quien se le hacia reinar durante el dia del sacrificio.
El rey sustituto, al final del dia de reinado, se sacrificaba ritualmente y el verdadero Rey volvia a reinar otro año, asi hasta que otro desgraciado era investido como Rey por un dia y se repetia la historia. Los antiguos reyes pre-olimpicos se llamaban Zeus, que es un titulo como Dios del Roble, posteriormente adquirieron el atributo del rayo. La imagen de Ixion atado a una rueda es una imagen del ritual del sacrificio anual de un Rey-sagrado. Los olimpicos que eliminaron este culto primitivo y se apropiaron del titulo de Zeus para sus reyes debieron inventar la historia del castigo de Ixion a fin de justificar el significado del mito de forma mas moral y aceptable a sus intereses.

Ademas de hijo de Ixion, a Quiron se le llama hijo Filira (flor del Tilo) en algunos relatos a causa de su fama de sabio, medico y profeta. El Tilo tiene una corteza que se empleaba para realizar unas delgadas tablillas para escribir y tambien se empleaba en forma de unas delgadas tiras alargadas para hacer adivinaciones. De la flor del Tilo se hace una infusion muy reconstituyente de donde deriva ciertsa relacion de Quiron con la medicina. En este relato, diferente del mas comun que le relaciona con Ixion, el Dios Crono habia tenido relaciones con Filira, una hija de Oceano, pero sorpredido por su esposa Rea, se transformo de inmediato en caballo, por lo que Filira dio a luz despues una criatura mitad hombre y mitad caballo.
Otro arquero mitologico que cabalga sobre un caballo fabuloso es Belerofonte, el jinete de Pegaso. Este caballo alado era hijo de Medusa tras ser violada por Poseidon. Belerefonte, era hijo de Glauco y nieto de Sisifo, los reyes de Corinto. Este principe tuvo que uir de su patria por haber matado a un joven llamado Belero (de donde le viene su nombre) y a uno de sus hermanos. En el primer lugar donde encontro cobijo tras su huida, el palacio del Rey de Tirinto, tuvo la mala suerte de que Antea la esposa de su anfitrion le propuso convertirlo en su amante y como Belerofonte se negara, ella le acuso falsamente de intentar violarla. Preto, el rey, creyo la historia de su esposa pero no quiso ordenar que lo mataran pues traia mala suerte matar a un huesped asi que lo envio al palacio de su suegro Yobates, Rey de Licia, con el encargo de fuera asesinado, pero Yobates tampoco quiso mancharse con la muerte de un huesped y le propuso varios encargos muy peligrosos en la esperanza de que muriera en alguno de ellos.
El primero de los encargos fue que matara a la Quimera, un monstruo compuesto por partes de tres animales distintos: el cuerpo de cabra, la cabeza de leon y la cola de serpiente. Tambien le pidio que acabara con las tribus de los solimos y las amazonas, a quienes no podia dominar a causa de su caracter belicoso e indomito. Primero Belerefonte invoco a Atenea quien le regalo una brida de oro y le indico que debia domar al caballo Pegaso para triunfar en esas empresas. Asi lo hizo y montado en el, pudo atacar desde el aire a sus enemigos, triunfando en todas sus empresas. Al final, engreido por sus triunfos, quiso ir al mismo Olimpo en su caballo, pero Zeus no lo consintio enviandole un tabano que pico a Pegaso y lo hizo desbocar, por lo que Belerofonte cayo al suelo terrestre, herido y ciego, murio despues de vagar solo y sin reconocimiento por sus trabajos. Pegaso se quedo en el Olimpo para uso de Zeus en el transporte de sus rayos.

La Quimera era un emblema que representaba el año de tres estaciones, cada estacion esta representada por un animal distinto: el Leon representa el verano, la Cabra la primavera y la Serpiente el invierno. Su muerte puede pefectamente representar la sustitucion de este calendario por otro de las nuevas tribus invasoras. El caballo Pegaso era un caballo de la Diosa Luna, asi que su doma y empleo no es sino una representacion de una alianza mas o menos forzada con algun clan autoctono de jinetes o bien el robo de los establos de la Diosa.
La destruccion de los Solimos y de las Amazonas son la descripcion de las luchas por imponer el sistema patriarcal. Los Solimos debian ser de procedencia semita, eran hijos de la Diosa Salma, una divinidad femenina que fue posteriormente masculinizada por los invasores arios con el nombre de Solimo, Salomon o tambien Ab-Salom.




El protagonista de este mito Belerofonte en un nativo o bien representa a algun clan o tribu, de los que se aliaron con los invasores. En todo el mito, Belerofonte, a pesar de sus esfuerzos, no consigue la confianza plena de Zeus, que ni siquiera le permite visitar su palacio. Belerofonte acaba su vida ciego y abandonado por todos. El final de este personaje es indicativo del desprecio con que eran tratados muchos de los colaboradores de los invasores arios, despreciados por todos, tanto invasores como nativos.
Quiron murio a causa de un desgraciado accidente, su amigo y discipulo Aquiles le atraveso el pie izquierdo con una flecha envenenada. Quiron, que no podia morir pues Zeus le habia inmortalizado, sufria tanto que solicito de Zeus la muerte y sustituir a su amigo Prometeo en el castigo celeste. Zeus permitio a Quiron la muerte y le coloco en la constelacion de Sagitario (otros dicen que la constelacion de Centauro). Sin embargo no todos estan de acuerdo y algunos afirman que esa constelacion es la representacion de otro centauro, Folo el hijo del satiro Sileno, famoso por superar a todos los mortales en el arte de adivinar a traves de las entrañas de los animales.




En casi todos los relatos miticos, los centauros se presentan como aliados de los invasores eolios y enemigos de la otra tribu importante de nativos, los lapitas. En Magnesia la ninfa Cenide , hija del rey lapita Corono, pidio al Dios del mar, Poseidon, que la transformara en hombre en compensacion por haberse acostado con el. Poseidon accedio a su peticion y cambio su sexo y la chica trasvestida empezo a llamarse Ceneo. Zeus no vio bien esto por el mal ejemplo que daria a las esposas mas sumisas, asi que persuadio a los centauros a que la matasen. Al morir y escapar el alma de su cuerpo, este se convirtio otra vez en el cuerpo de una mujer. Esta historia es una narracion de la derrota que sufrieron los lapitas por una alianza entre lo eolios de Yolco y los centauros de Magnesia. Posiblemente,el cambio de sexo de la ninfa Cenide sea el fruto de algun arreglo para que, en Argos, la sacerdotisa continuara como jefa tribal pero se le obligaria a que se vistiese como un hombre, incluso con barbas postizas para las ceremonias, como se aprecia en algunos grabados de la epoca, una vez que los eolios tomaron el control de la zona.



A pesar de todas las dudas sobre la identidad del centauro que esta representado en la constelacion de Sagitario, el mas famoso de los centauros miticos es sin duda Quiron, aparece en innumerables historias miticas siempre al lado de los invasores eolios y aqueos (algunos de ellos con generaciones de diferencia lo que demuestra que se trata de un titulo mas que de una persona) , defendiendoles o educando a sus hijos mas notables o como consejero de los dioses en sus correrias. Es conocido que aconsejo a Apolo el rapto de la ninfa Cirene, una princesa lapita de quien tuvo a Aristeo, el iniciador de las dinastias de reyes de Libia.
Una de esas historias mas antiguas es su intervencion para salvar la vida del joven Peleo a manos de un grupo de centauros salvajes que le habrian matado sin su intervencion. Quiron explico al joven Peleo como recuperar una espada magica que le pertenecia pues habia sido de su padre el Rey Eaco, con la que pudo vencer a sus atacantes. Peleo era hijo de Eaco y Endeis. Eaco tenia otro hijo de su anterior esposa a quien deseaba legarle su reino, la isla de Egina. Peleo conspiro para matar al heredero,el cual murio en una emboscada.
Aunque Peleo nego su participacion en la muerte del heredero tuvo que exiliarse para salvar su vida. Tras casarse con Polimela, una joven heredera, consiguio un tercio del reino de su suegro Actor, el rey de Ftia (otro nombre de Egina). Mientras tanto Zeus queria casarse con su amante Tetis (Tetis es otro nombre de Ftia, sacerdortisa, diosa o reina de Egina) pero las Parcas habian profetizado que el hijo de Tetis seria mas fuerte que su padre, asi que que Zeus eligio a Peleo para que se casara con Tetis, pues en caso de que se casara con otro inmortal tendria que renunciar a ella. Enterado de todo esto Quiron penso que Tetis se ofenderia por exigirsele un matrimonio con un mortal (es decir un nativo o mestizo) , asi que acompaño a Peleo a una playa donde Tetis solia bañarse desnuda a fin de que alli Peleo la sorprendiera y la forzara. Peleo consiguio realizar esto a pesar de que ella para soltarse de Peleo se convirtio sucesivamente en fuego, agua, leon y serpiente, y por ultimo en una enorme jibia, sin embargo la persistencia del abrazo de Peleo llevo a Tetis a enamorarse de el, por lo que pudo celebrarse la boda sin problemas.
Zeus dispuso que asistieran los doce dioses Olimpicos y 50 ninfas nereidas a la ceremonia que se celebro en una playa de las laderas del monte Pelion cerca de la residencia de Quiron. Quiron le regalo una lanza de fresno como simbolo de soberania. Parece ser que Tetis era en realidad la hija de Quiron, pero este quiso dar mas importancia a la boda con la historia de que Tetis era la propia Diosa, o su sacerdotisa.
Zeus regalo a Peleo un enorme ejercito de hormigas transformadas en guerreros, los conocidos mirmidones, con los que Peleo conquisto Yolco. Tetis tuvo muchos hijos de Peleo, a todos ellos los hacia inmortales y los enviaba al Olimpo (Es decir que los mataba en algun rito de purificacion o fertilidad), pero al ultimo de esos niños, Aquiles, sobrevivio pues no pudo terminar su echizo o ritual por intervencion de Peleo. Al no poder terminar el ritual le quedo un talon sin inmortalizar, el famoso "talon de Aquiles" , su parte mas debil y vulnerable. Este fue el Aquiles que se haria despues famoso en la guerra de Troya. Tetis queda molesta con este comportamiento de Peleo asi que lo abandono regresando a su residencia en el mar. Esta historia presenta al centauro Quiron como artifice de un importante matrimonio politico entre dos clanes o tribus, Ftia o Egina representada por Tetis y Yolco representada por Peleo.

La asistencia de los doce dioses olimpicos significa la asistencia o conformidad de la confederacion olimpica a esta union. Las ninfas nereidas son ninfas-foca, bailarinas sagradas que danzan con un traje imitando a una foca en una ceremonia nocturna que se celebra en una playa, durante la danza se quitan el traje y quedan completamente desnudas en un strip-tease sagrado. El heroe tras danzar y copular con ellas queda en la playa ya consagrado para su futuro reinado anual que grantizaria la revivificacion de la naturaleza; ellas recuperan sus trajes de foca y desaparecen en el mar. Esto es parte de la ceremonia de la entronizacion anual del rey-sagrado, el cual debe dejar embarazada a la sacerdortisa principal.


En Magnesia, en el cabo Sepias, al rey-sagrado se le ungia con tinta de sepia, un animal especialmente sagrado por sus ocho tentaculos, el numero de la fecundidad en la antigua Grecia.



La recuperacion de una espada magica con la ayuda del sabio Quiron es un episodio que esta en casi todas las mitologias europeas, basta recordar al mitico rey Arturo del Lionesado, el cual recupera la espada magica que le da la soberania con la ayuda del mago Merlin (el mago Merlin y el centauro Quiron son personajes analogos, este ultimo fue el maestro de muchos heroes: Peleo, Aquiles, Asclepios, Aristeo, Polixeno el primogenito de Medea, etc ...), tambien en la mitologia del norte de Europa Odin o Galahad pasan por episodios semejantes.

La lucha de Tetis con Peleo es una danza ritual, durante la danza se transforma en diferentes animales que son la representacion de cambios estacionales. El ultimo, la Jibia indica que se consuma el matrimionio y la promesa de fecundidad. Al parecer la antigua costumbre de sacrificar niños a los dioses se debio interrumpir es esta epoca como se insinua con la intervencion de Peleo al salvar la vida de su hijo Aquiles. Que se diga que Tetis fuese la hija de Quiron puede indicar que entre los centauros de Magnesia y los habitantes de Yolco hubiera una alianza matrimonial, de modo que los jovenes de ambas tribus podian casarse entre si.
La caida en desgracia de Peleo y su salida de Ftia no parece tener mucho sentido pues en la epoca en que se narra este mito, los hombres no heredaban el reino, sino las hijas por linea matrilineal, es decir la hija mas joven; los hijos, si querian llegar a ser reyes debian emigrar y buscar una heredera con la que casarse. El candidato a Rey debia ser un extrajero y la ceremonia de matrimonio incluia el asesinato ritual y efectivo del esposo anterior. Posiblemente se trate de una epoca de cambio cuando ninguno de los sistemas sociales, el matriarcal y el patriarcal estaban establecidos con seguridad, el primero discutido por el segundo y este ultimo tratando de abrirse camino contra las fuerzas mas conservadoras del matriarcado. Parece tratarse de una epoca de transicion cuando se sustituia la muerte del rey , durante siete años, por una victima sustitutoria, niños principalmente, a quienes se les daba el titulo de "hijos del rey" y al octavo año se sacrificaba al autentico Rey.

(Analogamente en la mitologia india, en la epopeya Mahabarata la diosa del Ganges ahoga a sus siete hijos tenidos con Krishna, pero el propio Krishna salva el octavo hijo Brishma).


Aqui Peleo y Quiron representan unas fuerzas verdaderamente revolucionarias para su epoca, tratando que romper con tradiciones ancestrales. Es evidente que los jovenes candidatos a la realeza (aqui Peleo es un titulo mas que una persona) empiezaban a no conformarse con su destino fatal luchando en alianza con las fuerzas de la cultura, ( el centauro Quiron representa el conocimiento, la cultura, unas veces enseña medicina, otras astrologia, botanica etc ) por constituir unas monarquias estables, en una clara lucha por su propia supervivencia.



El enfrentamiento ancestral entre lapitas y centauros, las dos tribus o clanes mas simportantes de la antigua grecia, antes de las invasiones arias, se ha tratado de pone de manifiesto con el episodio de la boda de Piritoo e Hipodamia. Una boda que habria servido para unir ambos clanes. Piritoo era hijo de Ixion el comun ancestro tanto de lapitas como de centauros. Ambas tribus pueden calificarse tecnicamente como primos entre si, algo parecido a lo que actualmente sucede con arabes y judios por su antepasado comun, el profeta Abraham, lo cual no excluye su enfrentamiento permanente. En esta boda los centauros se emborrocharon y violaron a las mujeres y a los jovenes que pudieron por lo que se inicio una lucha que acabo con la expulsion de los centauros del monte Pelion. Sin embargo estas luchas, deducidas de grabados poco explicativos, parecen mas bien danzas rituales donde se simulan luchas entre hombres que estan vestidos con los trajes de los clanes de tribus neoliticas prehelenicas, tambien es posible que se trate del recuerdo de algun episodio historico sobre la ruptura de alguna tregua o confederacion provisional para luchar contra los invasores arios ya que en esa naracion aparece Teseo, el mas claro representante de la ultima fase de las invasiones arias, la mas violenta sin duda. En esa aparicion Piritoo y Teseo se enamoran locamente y deciden luchar juntos a partir de entonces. Esto no debe sorprender ni escandalizar pues los personajes miticos no suelen ser personas individuales, sino titulos, clanes o tribus, y por tanto el enamoramiento no tiene porque terner ninguna connotacion sexual personal, sino mas bien la expresion de un sentimiento colectivo o politico. En cualquier caso la moral anterior al siglo 15 adc en la cuenca del Mediterraneo debia resultar muy diferente de la moral actual, en aquella epoca todavia subsistia el matrimonio de grupos, de origen neolitico, con relaciones sexuales licitas que escandalizarian a un progresista de hoy dia.
En esa epoca la monogamia (la constitucion de familias a partir de un hombre, una mujer y su descendencia) se veria por muchas personas conservadoras como una autentica inmoralidad y perversion, como una peligrosa innovacion de extranjeros poco civilizados. La monogamia, ya que destruye los sentimientos de familia del clan o grupo polarizado alrrededor de la Madre; y fomenta el individualismo mas radical y por tanto la disolucion o destruccion de la cohesion del grupo o de la tribu.
Es tipico el anacronismo que se observa en muchos relatos modernos de la historia antigua, cuando se hace representar a personajes de epoca con sentimientos, pasiones y reacciones propias de nuestro tiempo, patriarcal y monogamo, en el que predomina una moral cargada del puritanismo misogino surgido del moderno judeo-cristianismo, lo cual lleva al ridiculo y la falsificacion historica. www.albadehermes.com