Mostrando entradas con la etiqueta Mitología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mitología. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de julio de 2010

Mitología Clásica [Libro 2]

1. La petición de Faetón. Acude al Sol y le pide, si es su padre, lo demuestre dejándole conducir su carro resplandeciente.

2. El carro mal conducido por Faetón. Perdiendo el gobierno del carro, abrasa toda la tierra.

3. La caída de Faetón. Arrojó uno de sus rayos con tal tino que despojó de su vida al necio y ciego conductor de carros.


4. Las Helíades en árboles. Sollozó Faetusa, queriéndose postrar. La bella Lampecia se arrancó los cabellos.

5. La luz del globo de Apolo. Y el Sol, inconsolable, renegaba de ser Sol, deseando únicamente lamentarse.

6. Júpiter y Calisto. La vio y sintió un rápido y violento amor por ella.

7. Calisto en osa. Condenada a vagar por los valles y montañas, convertida en osa.

8. Calisto y Arcas en estrellas. Convirtiéndolos en dos vecinas constelaciones celestes. La Osa Mayor y la Osa Menor.

9. Erictonio encerrado en la cesta. Palas colocó en un cesto a Erictonio, engendrado sin madre, nacido de la tierra.

10. Coronis y el cuervo. El cuervo descubrió los amoríos de Coronis y fue en busca de su dueño para hacerle la confidencia.

11. Coronis atravesada por Apolo. El cuervo terminó su confidencia, Apolo tomó arco y flechas y atravesó el seno que amaba.

12. Ocirroe hija de Quirón en caballo. ¡ay de mí, me parece que ya estoy perdiendo mi figura humana! me convierto en yegua.

13. Bato en roca. Voy a convertirte en la dura piedra que, según tú, sería la única conocedora de mi hurto.

14. El amor de Mercurio y Herse. El hijo de Júpiter, apasionado por esta princesa, quedó suspenso en medio del aire.

15. El Odio y la Envidia. Palas irritada, fue al antro donde la Envidia se retorcía, cubierta de sangre y de baba venenosa.

16. Aglaura en piedra. Quiere resistir, pero se nota como petrificada, no es más que una estatua de gran blancura y dureza.

17. Júpiter en toro. El padre y soberano de los dioses abandona su cetro y todo el esplendor, para tomar la figura de toro.

domingo, 27 de junio de 2010

Mitología Clásica [Libro 1]

Fuente del trabajo: LA PUERTA
«Los grandes poetas de la antigüedad han cantado al gran Arte [de la alquimia] y así nos han transmitido su recuerdo». Emmanuel d'Hooghvorst.
Publio Ovidio Nasón es uno de los más grandes poetas latinos y sus Metamorfosis son una recopilación de todos los grandes mitos clásicos. Nació en Sulmona en los Abruzos, el 20 de marzo del año 43 a. C. y murió en Tomi en el año 17 d. C. a la edad de sesenta años. Durante el Renacimiento las Metamorfosis son traducidas e ilustradas en múltiples ocasiones. Las imágenes que presentamos fueron realizadas por Luís y Martín Pérez de Barón y Juan Moreto y publicadas en 1591 por Plantino.

Libro 1


1. Distribución de los elementos. El Caos dejó de ser. Dios puso a cada cuerpo en el lugar que le correspondía.

2. Creación del hombre. Su propia semilla divina puso el Creador de la Naturaleza en aquel ser.

3. Edad de oro. La buena fe y la justicia eran las únicas leyes. Se deslizaba un río divino de leche y de néctar.

4. Edad de plata. Júpiter señaló las cuatro estaciones del año. La tierra, para ser fértil, tuvo que ser cultivada.

5. Edad de bronce y hierro. Los hombres, roídos de instintos feroces, empezaron a desear las guerras.

6. Gigantomaquia. Los cielos maravillosos fueron imprecados por los Gigantes, que creyeron posible subir hasta ellos.

7. Concilio de los dioses. Júpiter llamó a consejo a los demás dioses, que llegaron por el camino de la Vía Láctea.

8. Licaón transformado en lobo. Apareció el lobo de pupilas fosforescentes, de aspecto feroz y de maneras violentas.

9. El Diluvio. Para castigar al género humano dejó lanzarse al torrente de las aguas desde todas las cataratas del Cielo.

10. Fin del Diluvio. Júpiter viendo todo el Universo sumergido, ordena al Aquilón que recoja sus tempestades.

11. El género humano renovado. Y fue así como las piedras se convirtieron en hombres y mujeres respectivamente.

12. La serpiente Pitón aniquilada. Terror de los hombres, a la cual mataron las flechas de Apolo.

13. Dafne amada por Febo. Apolo la vio, y verla fue enamorarse y sentir los apremios del deseo.

14. Dafne convertida en laurel. Ya que no puedes ser mi mujer serás mi árbol predilecto, el laurel. Honra de victorias.

15. Júpiter e Io. Entonces cubrió la tierra de una suave y dorada neblina y gozó de la ninfa con una naturalidad pasmosa.

16. Io en vaca. Aun tuvo tiempo el dios infinitas veces adúltero de convertir a Io en una vaca de singular belleza.

17. Argos y Mercurio. Júpiter no puede resistir el dolor de Io y llama a Mercurio ordenándole que mate al feroz guardián.

18. Sirinja en cañas. Pan se lanza en su persecución y ella suplica a sus hermanas que la conviertan en cañas.

19. Argos muerto, Io reformada. Mercurio degolló a Argos. Amansada Juno accedió, devolviendo su figura humana a Io.

sábado, 24 de abril de 2010

LA MITOLOGIA COMO FILOSOFIA SECRETA


Raimon Arola


Dios nos ha dado el Libro de la naturaleza, pero no lo hemos leído.

M+R XXIX-50


En la literatura del Siglo de Oro español los dioses de la antigüedad clásica ocupan un lugar privilegiado, por doquier se cuentan sus hazañas, se explican sus nombres y se cantan sus glorias. Sin duda esta familiaridad se debe a la influencia del Renacimiento italiano, cuando los artistas y los filósofos se dedicaron a desenterrar la cultura y los mitos de la antigüedad entusiasmados con la Prisca theologia (1). Se consideraban continuadores de una antigua revelación que empezó con el legendario Hermes Trismegisto, quien la transmitió a Orfeo, éste a Pitágoras, él a su vez la transmitió al divino Platón, y Platón la trasmitió a Virgilio.

El Siglo de Oro español coincidió con la reacción de Roma contra la reforma protestante, las autoridades eclesiásticas vigilaban con extremado celo el cumplimiento de la ortodoxia. Fue bajo estas circunstancias que los escritores y sabios españoles se refugiaron en la mitología clásica para mantener vivo el sentido oculto y esotérico de la revelación de la religión cristiana. La inquisición prohibió toda interpretación de la Biblia que pudiera tener algún viso de herejía protestante o alguna influencia judaizante, la cárcel y la pena de muerte pesaban sobre quien intentara reencontrar, detrás de los ritos sacramentales, el sentido vivo y universal. Sin embargo, los antiguos mitos de Ovidio y Virgilio no atentaban contra la doctrina ortodoxa, y en ellos los sabios escritores castellanos encontraron un inmejorable refugio.

El tratado de mitología que más resonancia tuvo durante el Siglo de Oro español, y sin duda el más importante es La Filosofía Secreta, escrito por el Bachiller Juan Pérez de Moya, astrólogo y matemático, que fue publicado en Madrid en agosto de 1584, que sigue muy de cerca la obra de Natali Conti, Mitología. Su título, La Filosofía Secreta, indica claramente la intención del autor, éste propone para comprender las fábulas antiguas cinco sentidos, que van desde el más exterior y superficial, esto es la historia, hasta el sentido central, la filosofía secreta ; Pérez de Moya lo explica de la manera siguiente:

«De cinco modos se puede declarar una fábula, conviene a saber: Literal, Alegórico, Anagógico, Tropológico y Físico o natural. Sentido literal, que por otro nombre dicen Histórico o Parabólico, es lo mismo que suena la letra de la tal fábula o escritura. Sentido alegórico es un entendimiento diverso de lo que la fábula o escritura literalmente dice. Derívase de alseon, que significa diverso, porque diciendo una cosa la letra, se entiende otra cosa diversa. Anagógico se dice de anagoe, y anagoe se deriva de ana, que quiere decir hacia arriba, y goge, guía, que quiere decir guiar hacia arriba, a cosas altas de Dios. Tropológico se dice de tropos, que es reversio, o conversión, y logos, que es palabra. o razón, o oración; como quien dijese, palabra o oración convertible a informar el ánima a buenas costumbres. Físico o natural, es sentido que declara alguna obra de naturaleza. Ejemplo: Hércules, hijo de Júpiter (según fingimiento poético), concluidos sus trabajos fue colocado en el Cielo. Tomando esto según sentido literal, no se entiende otra cosa más de lo que la letra suena. Y según Alegoría o moralidad, por Hércules se entiende la victoria sobre los vicios. Y según sentido Anagógico significa el levantamiento del ánima que desprecia las cosas mundanas por las celestiales. Y según sentido Tropológico, por Hércules se entiende un hombre fuerte, habituado en virtud y buenas costumbres. Y según sentido Físico o natural, por Hércules se entiende el Sol, y por sus doce trabajos o hazañas, los doce signos del Zodíaco, sobrepujados dél por pasar por ellos en un año.»(2)

Pérez de Moya en su explicación sigue muy de cerca al judío español exiliado en Italia, León Hebreo, quien recogiendo la tradición clásica y la tradición cabalística, propone en sus Diálogos de Amor cuatro interpretaciones posibles de la mitología: la primera, literal, a modo de corteza exterior, que cuenta historias dignas de recordar; la segunda, más interna, más cerca de la médula, la moral, ejemplo para la vida humana, que alaba las buenas acciones i condena las malas; la tercera, más escondida, oculta bajo las mismas palabras, la que nos da a conocer las cosas de la tierra y el cielo, astrológicas o teológicas; por fin, como en el mismo corazón de la fruta, bajo tanta corteza, quedan otras significaciones científicas, sentidos medulares que llamamos alegorías.(3)

Para León Hebreo, los antiguos sabios que inventaron las fábulas:

«Han querido decir estas cosas con tanto artificio y hermetismo por muchas razones. Primero porque estimaban que era odioso a la naturaleza y a la divinidad el manifestar sus excelentes secretos a cualquier hombre; y en esto han tenido razón, porque difundir demasiado la ciencia verdadera y profunda es ponerla en manos de los ineptos, en cuya mente se estropea y adultera, como le ocurre al buen vino en un mal recipiente»(4)

León Hebreo fue un claro exponente del hermetismo que floreció en Europa durante el siglo XVI, cuando la tradición clásica y la cábala judía se unieron, a nuestro entender, definitivamente. Los cabalistas hebreos proponen los mismos niveles de lectura de la Escritura. E.H. resume sus explicaciones de la manera siguiente:

«Observemos que en hebreo la palabra Paraíso (PaRDeS) está compuesta por las primeras letras de las cuatro palabras que se refieren a los cuatro sentidos de la Escritura. 1-Pashat: el sentido sencillo; 2-Remez: la alusión (el signo); 3-Derash: la explicación; 4-Sod: el secreto. Y los cuatro juntos constituyen el Paraíso. No se trata de cuatro sentidos distintos, puestos que están todos vinculados al "secreto". Son como los peldaños que conducen a él. Incluso el primer sentido, el sentido sencillo, ya transmite le secreto. Hallar el Paraíso es leer la Escritura como debe ser leída. Aquel que lo consigue vuelve al Paraíso. Entrar en él equivale a poseer los Nombres de Dios, es haber revivificado el texto sagrado y haberlo penetrado. He aquí el Paraíso. No hay otro»(5)

Nos interesa en este artículo apuntar, en la medida de lo posible, el último de los sentidos de los mitos, el secreto, para constatar que está íntimamente ligado a la realización alquímica. El gran dramaturgo Lope de Vega, en el prólogo de otro tratado de la época sobre los mitos antiguos, El Teatro de los Dioses Fray Baltasar de Vitoria, escribió lo siguiente:

«Los antiguos desarrollaron la filosofía en forma de fábula, bajo los bellos ornamentos de la poesía, de la pintura y de la astrología. Toda la teología de los gentiles, desde Hermes Trismegisto hasta el divino Platón escondieron bajo símbolos y jeroglíficos la explicación de la naturaleza -como dice el Timeo y el Poimandres que hicieron los egipcios, para disimular al vulgo las verdades sagradas»(6)

Lo oculto y secreto es "la explicación de la naturaleza", el fundamento de la propia vida. En este sentido escribe la insigne poetisa mejicana Sor Juana Inés de la Cruz, explicando la interpretación de los dioses antiguos en relación a los elementos naturales:

«Entendiendo por Vulcano, el fuego,: por Juno, el aire; por Neptuno el agua; y por Vesta la Tierra; y así todo lo demás. Hícieronlo no solo para atraer a los hombres al culto divino con más agradables atractivos, sino también por reverencia a las deidades, por no vulgarizar sus misterios a la gente común e ignorante. Decoro de mejores luces que aprobó el real profeta: Abriré con parábolas mi boca, con enigmas antiguos hablaré (Salmos VII 7). Y de nuestro redentor dice el sagrado cronista san Mateo: Todas estas cosas dijo Jesús a las muchedumbres por parábola, y sin parábola no les hablaba»(7)

Alonso del Madrigal, en la misma época, escribe: «Las fábulas son para el vulgo e los secretos esos de las fábulas son para los sabios»(8).

Los poetas inventan unas metáforas o fábulas para descubrir al Dios creador en la realidad creada, es decir, en el comportamiento de la naturaleza. T. Hawkes explica el concepto de la poesía y de la creación literaria en la época de Pérez de Moya de la siguiente manera:

«La tarea del poeta es en última instancia la de descubrir el significado de Dios y sus metáforas son los medios para este fin, así que el Poeta dirige la atención no hacia sus propios poderes sino hacia los de Dios que ha escrito el libro que él está interpretando. Las relaciones que las metáforas establecen son creadas en primer lugar por Dios, el Poeta sólo las descubre»(9).

Esta explicación es extraordinaria, el poeta descubre lo que está escrito en la naturaleza y por eso encuentra las metáforas. No crea sus fábulas, alegorías y metáforas por un gusto estético, sino que el poeta descubre al Creador a partir de las criaturas, y este descubrimiento es el origen de la mitología. Desde lo creado descubre el único origen. Una cita de H.C. Agrippa que trata de los tipos de visiones para conocer a Dios nos puede iluminar sobre el sentido profundo del origen de la mitología. Agrippa explica:

« Una (visión) por la cual se ve a Dios como al descubierto, cara a cara, [...] la otra clase de visión es, como dice la Escritura, cuando se ven las partes posteriores de Dios. Es cuando se ve claramente lo que concierne a las criaturas que son las partes posteriores de Dios y sus efectos, por el conocimiento de los cuales se alcanza al Creador que las ha hecho y a la causa primera actuando tal como dice el sabio ya que por la grandeza de su belleza puede ser conocido el Creador y de éste, dice San Pablo, las cosas invisibles de Dios pueden ser conocidas por las que están hechas y comprendidas... » (10).

La explicación de los secretos de la naturaleza se consideraba como el sentido más medular, más importante incluso que la comprensión de las fábulas bajo una óptica teológica o moral. Tal dimensión de la naturaleza solo se puede entender desde un punto de vista hermético, en particular alquímico; esto es, el arte y la ciencia de la regeneración física y completa del hombre y la naturaleza por medio de la Piedra Filosofal. Tal hipótesis parece confirmarse en las palabras de Sebastián de Covarrubias cuando en su Tesoro de la Lengua Castellana de 1611 definiendo la fábula escribe:

« Hase de notar que todos aquellos grandes filósofos que dieron a la especulación del movimiento de los cielos y de sus efectos, la generación y la corrupción de las cosas elementadas, la conversión por parte de los mesmos elementos, para ocultar su doctrina, fingieron essa multitud de fábulas con tanta diversidad de dioses, entendiendo por ellos el sol, la luna, las estrellas, los elementos; y a unos pusieron Júpiter, como el aire, Juno a la exhalación y vapore que sube de la tierra. Febo al sol, Diana a la luna y de los demás se entiende lo mesmo. Fingieron aquellas transformaciones que llaman metamorfosis, en razón de la corrupción de unas cosas y la generación de otras y todas las causas y efectos naturales disfraçaron con estas invenciones; como hasta oy día vemos que lo hazen los alchimistas, cuyo lenguaje no se puede entender sino con particular estudio y con la contracifra que ellos tienen» (11).

La interpretación física de los mitos no es ni mucho menos un descubrimiento de los escritores españoles. Desde el s. VI antes de J.C. (12) gran cantidad de comentadores de Homero desvelan un sentido y una explicación física en los mitos. Durante la Edad Media la difícil supervivencia de los dioses paganos fue posible gracias a la interpretación cosmológica y física, pues la interpretación teológica de los mitos paganos carecía de sentido, e incluso podía resultar peligrosa. Los tratadistas españoles recogieron esta herencia, la continuaron y la ampliaron, a diferencia de los humanistas italianos que intentaron cortar completamente con la tradición medieval a la que consideraban bárbara e ignorante. Pérez de Moya, nuestro autor, utiliza en muchísimas ocasiones a San Isidoro de Sevilla (13); este padre de la Iglesia, erudito de todos los temas y puente entre la Antigüedad y el mundo moderno, al explicar en sus Etimologías los dioses paganos, los describe casi únicamente como alegorías físicas, diciendo por ejemplo:

« A Neptuno lo consideran señor de las aguas del mundo (...) Pretenden que Vulcano es el fuego (...) Apolo era el sol, como si dijeran ‘el solo’ (...) De Diana, hermana de Apolo, dicen igualmente que es la luna (...) A Ceres, es decir la tierra, la llaman así por producir frutos! » (14)

En 1613, treinta años después de la aparición de la obra de Pérez de Moya, Michael Maier publica la primera interpretación directamente alquímica de los mitos clásicos el título de la obra nos indica claramente la intención de su autor. Completo dicho título es el siguiente:

« Los secretos secretísimos, es decir, los jeroglíficos egipcios y griegos desconocidos hasta ahora para el vulgo expuestos en seis libros con el ánimo de demostrar que el origen de los falsos dioses, diosas, héroes, animales e instituciones considerados sagrados por los antiguos se haya en un artificio de los egipcios que lograba la medicina áurea del alma y del cuerpo» (15)

A continuación nos introduciremos brevemente en la Filósofa Secreta de Juan Pérez de Moya remarcando el sentido físico-alquímico de sus explicaciones. Tan solo pretendemos mostrar algunas cuestiones muy puntuales y a título de ejemplos.

Pérez de Moya, después de las consideraciones preliminares que ocupan el libro primero de la obra, aborda en el segundo libro, el linaje de los dioses. Utiliza para ello la genealogía de Bocaccio que empieza describiendo e interpretando a Demorgogon, el genio de la tierra, el primer dios creador. Sobre ello, Pérez de Moya explica que los antiguos:

« No llamaron a la tierra simplemente autora de todas las cosas, mas imaginaron estar conjunto con ella una mente o ser divino, por cuya voluntad se obrase lo que se ha dicho, la cual mente creyeron tener estancia debajo de la tierra; y a esta que hacia producir a la tierra tantas cosas, llamaron Demorgogon, que en griego quiere decir el dios de la tierra, que Lactancio le interpreta sabiduría de la tierra...quisieron, al fin, por este de Demorgogon entender el hacedor de todo lo criado, que es Dios que llena los cielos y la tierra» (16)

Demorgogon, al que podemos entender como el Caos primero o el compañero del Caos, según Bocaccio, representa el mundo confuso, sin separación. Para proceder a la creación Demorgogon saco del vientre del fatigado Caos a Litigio, la discordia que confunde las partes; esto es, siguiendo las palabras de Pérez de Moya:

« El cual litigio tantas veces se quita de las cosas, cuando se pone en ellas el debido orden. Es, pues, manifiesto que ante todas cosas (Demorgogon) hizo esto: conviene saber, apartar las cosas que estaban juntas. Los elementos estaban confusos: las cosas calientes contrarrestaban a las frías, las secas a las húmedas, y las ligeras a las pesadas» (17)

Cuando esta separación se realiza, explica Pérez de Moya, aparecerán los cuatro elementos, el alfabeto de toda la creación. Nos gustaría comparar este fragmento con la explicación de Jean d’Espagnet, el reconocido alquimista presidente del Parlamento de Burdeos, una generación mas joven que Pérez de Moya, escribe sobre la creación del mundo:

« Se opera la congregación de los homogéneos por la separación de los heterogéneos, y mediante este arte químico inicial (hac arte protochimica) el espíritu increado, constructor del mundo, estableció la separación de las naturalezas de las cosas que anteriormente estaban confundidas» (18)

Pérez de Moya explica a continuación como, después de la separación de Litigio del Caos, aparecieron los elementos y nació Pan:

« De haber nacido Pan tras el Litigio, creo yo que los antiguos imaginaron que en aquel apartamiento de los elementos había tenido principio la naturaleza». El capítulo tercero está dedicado a este dios, medio hombre medio cabrón, quien queda bien definido en estas palabras de Pérez:

« Por Pan entendieron los antiguos el Sol o la naturaleza o la causa segunda, obradora de la voluntad divina de Dios, criada de su divina providencia. Y porque en la naturaleza el Sol es el que mas obra en la operación de todas las cosas, acerca de la generación y corrupción dellas, por tanto a Pan, por quien entendían el Sol, le llamaron Pan o Pana, que quiere decir en griego toda cosa o todo el universo» (19).

D. Pernety, en su lectura abiertamente alquímica de las fábulas antiguas ya en el siglo xviii, dice de Pan prácticamente lo mismo al definirlo como "el principio fecundante de la Naturaleza; es decir, el fuego innato principio de vida y regeneración".(20)

Mas adelante Pérez de Moya analiza el mito de Saturno y cita a San Isidoro, cuando éste dice: « Los paganos señalan a Saturno como origen de los dioses y de toda su descendencia"; y añade lo siguiente: "En esto quisieron denotar la vicisitud de las cosas, y que la corrupción de una cosa es generación de otra" (21). Sobre la fábula según la cual Saturno se come a sus hijos Pérez de Moya explica: "Estos hijos no se entienden los años, sino las cosas que en tiempo nacen y se corrompen". Pernety también discute y desautoriza la opinión de representar a Saturno como el tiempo, y comenta: "Si se ha hecho que Saturno devore sus propios hijos, es que siendo el primer principio de los metales, y su primera materia, tiene la propiedad y la virtud de disolverlos radicalmente, y de conducirlos a su propia naturaleza» (22).

Sobre la significación de Júpiter, el hijo de Saturno que gobernara el Olimpo, Pérez de Moya empieza analizando la etimología griega de Zeus, y escribe:

« Lo que en griego dicen Zoy, en latín quiere decir Júpiter, y Zoy quiere decir ‘vida’ o ‘dador de vida’; o según otros, Júpiter se dice cuasi Juvans Pater, que quiere decir ‘padre ayudante’ o ‘padre que engendra y da ser’. Llámase padre ayudante, porque no solo da vida, engendrando, así como padre carnal, pero ayudando a criar, como el padre hace sustentando a sus hijos, cosas que no convienen a hombre, como lo fueron todos los que se llamaron Júpiter, salvo a Dios verdadero, porque El es Padre y principio de todas las cosas, las cuales no viven, o dél reciben la vida» (23)

Pérez de Moya sigue muy de cerca las explicaciones tradicionales de la etimología, alude sin citarlos a Platón y Varrón (24), pero no se queda aquí, su interpretación concluye siempre con la lectura natural del mito. Veamos algunos episodios de las fábulas de Júpiter que, en la interpretación del sabio castellano, nos permiten reconocer el origen de la etimología, esto es, la realidad natural a la que aluden; en relación a la fábula de las abejas que acuden a criar a Júpiter, nuestro erudito interpreta que los antiguos quisieron: « significar que de la tierra se levantan exhalaciones y los engendramientos de los elementos». A continuación comenta la leyenda en la que Júpiter fue criado por una cabra, y escribe: « porque la cabra es amiga de subir a lo alto, tanto que aun para comer se alza y sube a las matas; así los elementos y los vapores se levantan sobre la tierra» (25). En la explicación de la lucha de Júpiter con los Titanes, Pérez de Moya, afina todavía más su lectura de los mitos de Júpiter relacionados con la exhalación de la tierra, y comenta que:

«Algunos dicen que los antiguos por esta fábula declararon los mudamientos de los elementos, unos en otros, y las generaciones de las cosas naturales, entendiendo por los Titanes lo grueso y terrestre, que entre sí tienen los elementos, que la fuerza de los cuerpos celestiales arrempuja de lo alto a lo bajo, porque los vapores por la fuerza o virtud del Sol, por quien se entienden los Titanes, suben hacia arriba, los cuales, llegados a lo alto por virtud de los cuerpos divinos se resuelven en puros elementos, o se rechazan hacia abajo, y dellos se vuelven a entrar en la tierra, como hace el agua, y de esta entrada vuelve la tierra a engendrar cosas, y otros vapores, que es una pelea perpetua, mediante la cual contrariedad de elementos consiste la generación de las cosas naturales» (26).

Estos comentarios naturales pueden parecer a primera vista gratuitos, pero al compararlos con textos de literatura propiamente alquímica, encontramos interesantes coincidencias. Dom Pernety, otra vez, nos presta una ayuda inestimable para dicha comparación, pues reconoce en las fábulas del nacimiento de Júpiter una operación alquímica, para ello cita a Jean d’Espagnet cuando éste dice:

« La Ablución nos enseña a blanquear el cuervo y a crear Júpiter de Saturno, lo que se hace por la volatilización del cuerpo, o la metamorfosis del cuerpo en espíritu. La Reducción o la caída en forma de lluvia del cuerpo volatilizado, restituye a la piedra su alma y la alimenta con la leche espiritual del rocío, hasta que adquiere una fuerza perfecta» (27)

Toda la lectura alquímica de Pernety gira entorno a esta operación, parecida, según él, a la destilación y condensación de la química vulgar, y que alquímicamente es, siguiendo otra vez a d’Espagnet, lo que permite: "la formación y la alimentación del Hijo filosófico; que aparece finalmente con una cara blanca y bella como la de la Luna"(28). Entonces comprendemos porque Júpiter es llamado el dador y mantenedor de la vida.

El pensamiento hermético que sabe leer los fenómenos naturales como el libro en donde Dios ha escrito los misterios de la regeneración del hombre y la naturaleza esta muy extendido en la época. Basta observar brevemente el índice de la segunda parte de la Introducción del Símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada, publicado un año antes que la Filosofía Secreta, para convencernos del conocimiento de esta tradición. Una de las ideas capitales de su obra es que, por medio de la observación de las maravillas naturales es posible conocer a Dios, el artífice, y : >« No como filósofos (que no pretenden más que darnos conocimiento de las cosas), sino como teólogos, mostrando en ellas la infinita sabiduría del Hacedor, que tales cosas supo trazar, y la de su omnipotencia, que todo lo que trazó pudo con sola su palabra hacer »(29) Veamos, a modo de ejemplo, como explica el fenómeno de la evaporación y condensación del agua que produce la lluvia. Primero describe el fenómeno, después hace la siguiente comparación:

« La experiencia de esto vemos en los alambiques en los que se destilan las rosas y otra yerbas, donde la fuerza del calor del fuego seca la humedad de las yerbas que se destilan, y las resuelve en vapores, y hace subir a lo alto, donde, no pudiendo subir más, se juntan y espesan y convierten en agua, la cual con su natural peso, corre luego hacia abajo, y así se destila (...) Desta manera el arte imita la naturaleza, como lo hace en todas las otras cosas»(30).

Después Fray Luis cita algunos pasajes bíblicos en las que el agua caída del cielo hace producir a la tierra hierbas frescas y verdes, así como todas las riquezas; y escribe: « Finalmente son tantos los bienes que por esta agua recibimos que uno de los siete Sabios de Grecia, por nombre Tales, vino a decir que el agua era la materia de la que todas las cosas se componían, viendo que el agua es la cría de todos los frutos de la tierra» (31).

Volviendo a La Filosofía secreta de Pérez de Moya quisiéramos destacar un fragmento que nos parece especialmente interesante, es el siguiente: >« Decir que Júpiter para engendrar a Hércules tomo forma de Anfitrión, es porque el hombre es para engendrar instrumento: empero la voluntad divina, entendida por Júpiter, y la fuerza de las estrellas, como causa segunda, son como instrumento para procrear varones claros» (32)

La diferencia que establece entre el engendramiento de la voluntad humana y el engendramiento según la voluntad divina nos muestra claramente que todas sus explicaciones sobre las operaciones naturales esconden el sentido último de la alquimia, la regeneración del hombre, los varones claros, de los que Juan en su Evangelio dice: « Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (I, 13), y >« Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (III, 6). Pérez de Moya nos señala claramente como los varones claros nacen de la voluntad divina por medio de las estrellas, que son el instrumento de este engendramiento. En El Mensaje Reencontrado, Louis Cattiaux escribe: « ¿Pensáis hacer algo bueno sin el sol, sin la luna, sin las estrellas, sin el aire, sin el agua y sin la tierra?, Entonces, ignoráis la agricultura que es la ciencia de Dios» (XXIII, 48). Es importante señalar que Cattiaux, al igual que Pérez de Moya, habla de las estrellas y no los astros, los cuales dirigen la voluntad humana, a diferencia de las estrellas que fecundan los trabajo de los adeptos.

La idea de los varones claros es muy importante en la literatura y el arte del Siglo de Oro, se le representa como Hércules, o Teseo pero generalmente como Apolo imberbe cuya belleza es como la de Cristo (33). Pérez de Moya explica lo que significa que Apolo sea el hijo de Júpiter y Latona; por Latona entendían los antiguos: « aquella materia confusa, llamada caos, de que se hicieron las cosas» , y por Júpiter: >« el verdadero Dios señor nuestro. Este criador de todo hizo primero dos luminarias, que son el Sol y la Luna, como se lee en el Génesis» (34), es decir Apolo y Diana. Y completando el mito escribe: >« Que Apolo en naciendo usase la ballestería y matase a la serpiente Fitón, es que saliendo el Sol, con el calor de sus rayos, que son como saetas, consumió los nublados y vapores de que se engendraban, que primero lo oscurecían»(35). Lo que Nicolás Flamel lee alquímicamente diciendo: « Lo que se lava es la Serpiente Fitón, quien, habiendo tomado su ser de la corrupción del limo de la tierra surgido de las aguas del diluvio, cuando todas las confecciones eran agua, debe ser matada y vencida por las flechas del Dios Apolo, por el rubio Sol, es decir por nuestro fuego igual al del Sol»(36).

Pérez de Moya expone por qué se representa a Apolo imberbe: « Llámase Febo, porque es nuevo y como niño, porque en latín llaman efebos a los que no tienen aun barba, como son los niños, y conviene al Sol esto, porque cada día nace de nuevo, saliendo por el horizonte, como el que sale del vientre de su madre»(37).

Los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Sebastián de Covarrubias representa al varón justo con el emblema de un obelisco, y escribe: >« El varón justo, es como columna, o aguja de firmeza» (38). Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando en ellos uno de sus rayos. Plinio en su Historia Natural define a los obeliscos como rayos de sol petrificados, explica lo siguiente tratando de las maravillas de Egipto:

« Los reyes, por una cierta rivalidad entre ellos, hicieron de esta piedra unos bloques largos llamados obeliscos, consagrados a la divinidad del Sol. En la superficie se halla la representación de sus rayos, y eso es lo que significa su nombre en lengua egipcia». (39)

Estas palabras son profundamente herméticas, aunque a nivel exterior parezcan que explican una curiosidad de poca importancia. El « rayo del sol petrificado» es lo mismo que la « luz corporificada», el término imperible de la creación, por lo que la imagen del obelisco nos conduce directamente al misterio del hombre regenerado. Los obeliscos estaban dedicados al sol, representando a uno de sus rayos. Así pues, los varones claros son la imagen del Sol filosófico. Es por ellos que L. Cattiaux decía: « Rayo y germen se aplican perfectamente a Jesucristo y al Verbo Eterno representado, de hecho, por el Sol dispensador de vida... ». (40)

El sentido esotérico del obelisco está perfectamente descrito en los comentarios cabalísticos sobre el Sueño de Jacob, en particular sobre el pasaje >« Y cogió la piedra que había puesto como cabecera y la enderezo en estela (matsevah : obelisco, columna) » (Génesis XXII,17). En el Sefer ha-Zohar leemos el siguiente comentario sobre dicho versículo: « ¿Que significa matsevah? Significa que la piedra había caído y él la volvió a levantar». (41) O sea, se entiende que esta piedra no es otra cosa que el hombre que habiendo caído, se vuelve a levantar, es decir, se regenera.

Estas últimas citas nos ayudan a comprender con bastante precisión cual es la Naturaleza de la que hablan los sabios y, entre ellos, el bachiller Pérez de Moya, pues la Naturaleza que vemos con nuestros ojos y sentidos caídos, no es sino un reflejo de la Naturaleza interior, aquella que está oculta en cada uno de nosotros mismos, y que en los varones claros se levanta y se manifiesta completamente. Entonces la mitología es la filosofía que reúne al hombre con Dios.





(1) Sobre la Prisca Theología, es decir, la Teología de los antiguos, cfr. F. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética. Ed. Ariel, Barcelona, 1983; p. 34-36.

(2) Hemos utilizado la edición de la Filosofía secreta de Ed. Glosa, Barcelona, 1977. Todas las referencias citadas pertenecen al primer volumen, la presente cita se encuentra en la p.9. Recientemente ha aparecido una edición de la editorial Cátedra, realizada por M. Claverías.

(3) Diálogos de amor, Promoción publicaciones universitarias, Barcelona, 1986; p.218.

(4) ibídem. p.220.

(5) "La Cábala", en La Puerta-Cábala, Barcelona, 1989; p.9.

(6) Citado por J. Seznec, La survivance des dieux antiques. Ed. Flammarion, París, 198o; p.278.

(7) Inundación castálida. Ed. Castalia, Madrid, 1982; p.366.

(8) Citado por R. López, La mitología en la pintura española. Ed. Cátedra, Madrid, 1985; p.24.

(9) Citado por A. Parker en la introducción a la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora. Ed. Cátedra, Madrid, 1990; p.53.

(10) Citado por C. del Tilo en la presentación "De la incertidumbre, vanidad y abusos de las ciencias de E. C. Agrippa, La Puerta, "Magia", Barcelona 1993, p. 54.

(11) Tesoro de la lengua castellana. Ed. Altafulla, Barcelona, 1943; voz: fábula.

(12) Cfr. F. Buffiere, Les mythes d’Homère. Ed. Les Belles Lettres, París, 1956; p.81s.

(13) Cfr. J. Seznec, op. cit.; 278.

(14) Etimologías. Ed. Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 1982; vol. I, p.725s.

(15) Cfr. S. Klossowsky de Rola, El Juego Aureo. Ed. Siruela, Madrid, 1988; p.63.

(16) op. cit.;p.47-48.

(17) op. cit.; p.50.

(18) La Filosofía natural restituida. Biblioteca esotérica, Barcelona, 1986; p.30s.

(19) op. cit.; p.54.

(20) Les fables égyptiennes et grecques. Ed. Delalain, París, 1786; vol. I, p.389.

(21) op. cit.; p.71.

(22) op. cit.; vol. II, p. 34.

(23) op. cit.; p.74.

(24) Cfr. M.T. Varrón, Di lingua Latina. Ed. Anthropos, Barcelona, 1990; p.49s. Y Platón, "Crátilo", Diálogos II. Ed. Gredos, Madrid, 1987; p.386s.

(25) op. cit.; p.83.

(26) ibídem.; p.90s.

(27) D. Pernety, op. cit.; vol.I I, p.58. Y J. d’Espagnet, L’oeuvre secret de la philosophie d’Hermès. Ed. Denoël, París, 1972; p. 150.

(28) op. cit.; vol.II, p.58.

(29) Fray Luis de Granada Introducción del Símbolo de la Fe . Ed. Cátedra, Madrid, 1989; p.114.

(30) ibídem.

(31) ibídem; p.210.

(32) op. cit.; vol. II, 131.

(33) Los hombre del Renacimiento bajo las formas de Apolo hablaban del Hijo de Dios, es el viejo sueño de A. Durero cuando decía: "De la misma manera que los paganos han dado a su ídolo Apolo las proporciones de la más bella forma humana, nosotros queremos utilizar la misma medida para Cristo Nuestro Señor, que es el más bello del mundo". Citado por J. Garriga, Fuentes y documentos para la historia del arte. El Renacimiento en Europa. Ed. G. Gili, Barcelona, 1983; p.483.

(34) ibídem.; p. 210.

(35) ibídem.; p.211.

(36) N. Flamel Libro de las figuras jeroglíficas. Ed. Obelisco, Barcelona, 1982; p. 59.

(37) ibídem.; p.225.

(38) Emblemas morales. Madrid, 1610. Centuria II, emblema 149.

(39) Textos de Historia del Arte. Ed. Visor, Madrid, 1988; p.147.La palabra egipcia teche designa a la vez el rayo de sol y el obelisco.

(40) "Extracto de cartas de L. Cattiaux a sus amigos" en La Puerta, nº 9; Barcelona, 1982; p. 31.

(41) Sefer ha-Zohar . Ed. Verdier, Lagrasse, 1981; vol. I, p.366.

sábado, 3 de abril de 2010

Los Dioses del Olimpo

La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero.

La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

Principales dioses
Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.
Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.


Zeus es en la mitología griega, dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector y soberano tanto de la familia olímpica como de la raza humana. Señor del cielo, dios de la lluvia y acumulador de nubes blandía el terrible rayo. Su arma principal era la égida, su ave, el águila, su árbol, el roble. Zeus presidía a los dioses en el monte Olimpo, en Tesalia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus.

Zeus era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera. De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían. Al nacer Zeus, Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, donde se alimentó con la leche de la cabra Amaltea y lo criaron unas ninfas. Cuando Zeus llegó a la madurez, obligó a Cronos a vomitar a los otros hijos, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.

En la obra del poeta griego Homero, Zeus aparece representado de dos maneras muy diferentes: como dios de la justicia y la clemencia y como responsable del castigo a la maldad. Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganimedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

En la mitología antigua son numerosas sus relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. También sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus víctimas, como su transformación en toro para raptar a Europa (véase Los toros y la mitología). En leyendas posteriores, en las que se introducen otros valores morales, se pretende mostrar al padre de los dioses a salvo de esta imagen libertina y lasciva. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia.

Hera es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas. Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno

Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos

Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos

Ártemis o Artemisa (mitología), en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

Apolo (mitología), en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.

Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.

Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. En la mitología latina, llegó a identificarse con la diosa Minerva, también conocida como Palas Atenea. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus y fue su hija favorita. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su 'égida' y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos ('la virgen'). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.

Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza, equivalente a la Venus romana. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione, una de sus consortes, pero en leyendas posteriores se la describe brotando de la espuma del mar y su nombre puede traducirse como 'nacida de la espuma'. En la leyenda homérica, Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada "a la más hermosa". Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya.

Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados


Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Poseidón era marido de Anfitrite, una de las nereidas, con quien tuvo un hijo, Tritón. Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

El arte representa a Poseidón como una figura barbada y majestuosa que sostiene un tridente y a menudo aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Cada dos años, los Juegos Ístmicos, en los que había carreras de caballos y de carros, se celebraban en su honor en Corinto. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.


Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra. Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos. Entre las deidades asociadas con Ares estaban su consorte, Afrodita, diosa del amor, y deidades menores como Deimo (temor) y Fobo (terror), que lo acompañaban en batalla. Aunque feroz y belicoso, Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales.

El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Ares era una deidad ancestral de Tebas y tenía un templo en Atenas, al pie del Areópago o colina de Ares

Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón. El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado. Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada. En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe como puede comprobarse en el Hermes de Praxíteles, en Olimpia

Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.