domingo, 30 de mayo de 2010

LOS COLORES Y LA KABALA Por Mario Satz

1) San Juan de la Cruz, el mito del ave fénix, el valor de la sangre y la kábala

Al comentar el verso 17 de su Cántico anota San Juan de la Cruz lo siguiente:"...que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor, tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, así como el ave fénix, que se quema y renace de nuevo."(1) Es ésa la única vez en toda su obra en la que aparece la figura del ave mítica. Comparándola a las labores del alma, a su metanoia mística y, muy especialmente, a su familiaridad con el fuego,el poeta nos revela la metamorfosis que esa figura simbólica había alcanzado en las mentes del Renacimiento. Para la época que en San Juan de la Cruz escribe, siglo XVI, ya los bestiarios medievales habían asimilado la figura de Jesús a la del fénix. En elPhysiologus griego (2) leemos:" Pues el fénix asume la figura de Nuestro Señor,cuando, al bajar de los cielos, trajo consigo ambas alas llenas de olores agradables, las excelentes palabras celestiales, de modo que cuando extendemos las manos en plegaria, nos vemos llenos del agradable perfume de su misericordia". La versión siríaca incluida en el citado documento todavía agrega: "Cada fénix es único; vive para él solo, y no está comprometido por esponsales. Viaja a la tierra de Egipto cada quinientos años, y lo ve el sacerdote a mucha altura sobre el ara, mientras llega de Oriente. Y cuando llega trae bajo las alas canela perfumada y otras especies; recoge madera, la amontona sobre el ara, se tumba de espaldas sobre la leña ardiente, y resulta quemado del todo y convertido en cenizas. Y de las cenizas sale un gusano, que crece hasta convertirse en un pajarillo, y al que le salen alas; al tercer día recupera su aspecto físico íntegro, y se transforma en un fénix completo y perfecto, como lo era antes. Entonces se pone en camino y vuela hacia la India, donde vivía antes."

La introyección que el poeta castellano lleva a cabo es sintomática de una mors iniciatica insoslayable por la que pasan todos aquellos que, como los mistes en la tradición eleusina, quieren ver en su propio corazón el espectáculo de la creación y extinción de los mundos. La prueba de fuego, para el ámbito cristiano, ya la había señalado San Pablo en 1 Corintios 3:13: "Y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará". Ese ignis probabit, de larga data en la Orden del Carmelo, se remite al profeta Elías-su santo patrón-y también, a nuestro juicio, al mundo secreto de la Kábala, en cuyo seno las metáforas ígneas son constantes y responde a etimologías tan precisas como alucinantes. Si acudimos a una período tan distante del nuestro como es el del judaísmo talmúdico, hallamos este sorprendente pasaje en el que se explica: "¿Con qué pueden compararse las palabras de la Ley (Torá)? Las palabras de la Ley pueden compararse al fuego. Como el fuego vienen del cielo y como el fuego son perdurables. Si un hombre se acerca mucho a ellas se quema, y si se aleja se hiela. Si son instrumento para su trabajo, salvan al hombre. Si se sirve de ellas como medio de ruina, lo pierden. El fuego deja la marca en todos los que lo usan. Eso mismo hace la Ley. Cada hombre dedicado al estudio lleva impreso el sello de su fuego en sus hechos y palabras". (Sifre Deut. Berakah, 343) (3) Un fuego que no es el heraclitiano que arde, enciende y apaga las estrellas en las profundidades del cosmos tanto como el intracelular, la marca fosfórica de los artesanos del alma, entre quienes sin duda San Juan de la Cruz se cuenta como uno de los mayores. Y como ocurre que el fuego iguala, en su ardor, todas las cosas, estamos ante una constante imaginaria cuya raíz, por qué no, habría que buscarla en la fisiología del sistema circulatorio humano o, más aún, en el corazón que la hace posible. San Pablo, San Juan de la Cruz y los kabalistas proceden todos el mismo fuego, el eshdat o Ley de Fuego que aparece en el Antiguo Testamento.

La Kábala, tradición oral que complementa a la escrita y que es, entre otras cosas, un arte de escrutar los entresijos de la Escritura, la Kábala comenta en sus escasos pero valiosos textos lo que ese corazón, eje purpúreo de las corrientes sanguíneas, significa en el seno de Israel, y lo hace de tal modo que nos es posible inferir una conexión misteriosa entre la actividad poético espiritual del santo de Fontiveros, la sangre, la palmera y el simbolismo de la muerte y resurrección en el ara de nuestra propia conciencia. "Todas esas santas formas –consigna el Bahir o Libro de claridad, texto provenzal del siglo XII– han sido ofrecidas a las naciones, pero el Santo, bendito sea, se ha reservado para sí el cuerpo del árbol así como su corazón. Del mismo modo que el corazón constituye el más espléndido fruto del cuerpo, así ha tomado Israel el fruto del árbol esplendor. Así como la palmera está rodeada de ramas y en su centro está el lulab, así ha hecho Israel con el cuerpo de ese árbol que es su corazón. La palmera simboliza la columna vertebral del hombre, su pilar esencial. Siendo así que la palabra lulab contiene las letras lámed-bet más el prefijo que denota pronombre posesivo de tercera persona, lo, hay que ofrecerle al Creador el corazón, lo-leb. ¿Y qué significan las consonantes lámed y bet? Aluden a los treinta y dos senderos de la Sabiduría delicadamente ocultos, que confluyen hacia el corazón y cada uno de los cuales está regido por una forma especial, de las cuales se dice en el Génesis 3:24: "Para guardar el camino del Arbol de la Vida".

Si el mencionado árbol no es la palmera ¿cuál es? Mejor dicho, si el Arbol de la Vida supera la muerte que supone comer del otro, el del Bien y del Mal, fénix y palmera deben estar relacionados en el gran tapiz mítico que nos legó el Mediterráneo. Relacionados, cuando menos, como dos hebras que se tocan por detrás de la trama, en la oscuridad del inconsciente colectivo, allí donde las etimologías cesan por un momento de ser engañosas para convertirse en huellas claras de un saber más antiguo. El poeta Ovidio cuenta en sus Metamorfosis (15, 392-410), que "el fénix, cuando ve que los quinientos años están a punto de cumplirse, hace su nido en las ramas de una palmera (in ramis tremulaeue cacumine palmae)." El pasaje da cuenta de una semejanza, de una homofonía singular: foinix que significa rama de palmera, palmón, al mismo tiempo alude al color rojo purpúreo o escarlata. El vocablo griego foiníos (emparentado con el anterior)indica un color rojo sangre, de donde volvemos a la fenomenología cordial antes mencionada. Los juegos de aliteración que realiza el Libro de la claridad responden, creemos, a dos verdades indiscutibles: la primera de ellas nos recuerda que la Torá o Ley hebrea comienza con la bet del principio del Génesis, bereshit, y acaba en el libro del Deuteronomio con la lámedde la palabra Israel. La segunda, que las consonantes lámed-bet articulan, juntas, la palabra corazón, leb. Y es por ello, para justificar una coherencia secreta que el mencionado texto kabalístico volverá una y otra vez sobre ambas letras hasta convertir al palmón sagrado, (lulab ), en un don ofrecido al Creador, (lo leb).

No es necesario que el poeta San Juan Cruz conociese tales precedentes míticos y literarios para que explicase, en el comentario a su poesía, los trasportes, cambios de color y temperatura por los que pasa el alma dedicada a la meditación crística, pero ciertamente nosotros no podemos ignorarlos tras los relevamientos arqueológicos realizados por la historia comparada de las religiones, la fenomenología poética estudiada por Gastón Bachelard y, sobre todo, los trabajos de la escuela de psicología de las profundidades de C.G.Jung. Sin embargo, la Kábala no constituye propiamente una mitología en el sentido lato de la palabra; antes bien se plantea como una exégesis de la palabra escrita a la que la palabra oral modifica según sean las necesidades de la época, por lo que, más que un sistema cerrado –cosa que, en el fondo,es toda mitología– constituye un arte de la fuga por medio del cual el kabalista escapa mediante nuevas y sucesivas sinapsis creadoras del determinismo establecido por las distancias existentes entre sus neuronas. Conocemos las bases del código genético, pero no el azaroso rumbo de sus miles de millares de combinaciones. De la misma manera, sabemos cuantos signos tiene la Torá, de qué libros se compone e, incluso, desde hace apenas un siglo, hasta qué punto es tributaria de distintas corrientes o estilos, la elohísta y la yahavista. Pero eso nada agrega ni sustrae al sentimiento poético por medio del cual ave fénix, alma humana, rama de palmera y lenguaje sagrado nos transportan al delta interior de la sangre, por cuyos laberínticos glóbulos fluye aún la imagen inmortal del fuego.

"El fénix es doblemente solar –anota Marcel Detienne (4). En primer lugar por los colores de su plumaje: unas (plumas) son de color dorado y otras de rojo vivo. En el vocabulario griego de los colores foinix indica al rojo púrpura, un púrpura que aparentemente tiende hacia el oro y significa el brillo luminoso más intenso. Pero las afinidades del fénix con el sol también se leen a través del espacio que habita este ave. El fénix no abandona la tierra de los árabes más que para ir al santuario de Helios, o al Altar del Sol. Esta solidaridad con el fuego del sol adquirirá en toda una tradición dos formas alternativas, que se corresponden a dos ciclos, uno diario y otro anual. En el primero de ellos, el fénix está íntimamente asociado al recorrido del sol, a quien escolta todas las mañanas, haciendo como de una pantalla móvil que evita a la tierra las quemaduras que podría infligirle el astro. En el segundo, el fénix se halla sometido al ritmo del año sotíaco, este ciclo egipcio de 1.461, reducido a 500 en la tradición grecoromana, y definido por la concomitancia entre el horto helíaco de Sirio (Sothis) y la aparición del sol, coincidiendo con el comienzo de la crecida del Nilo".

El Séfer yetzirá o Libro de la formación, documento kabalístico aún hoy en uso en la mayor parte de los círculos de estudio del tema y que data de los siglos III o IV de nuestra era, se insinúa que el Tetragrama y el sol, en hebreo shemesh tienen el mismo origen. (5) Y que los signos del zodíaco, los meses, las tribus de Israel y –en la periferia– otra vez las chispas o letras del Nombre Inefable en distintas aliteraciones, constituyen esas formas del mundo a las que aludirá, muchos siglos después y en la Provenza francesa, el Bahir o Libro de la claridad. Pero incluso si no fuera así,si tal asimilación fuera pura metáfora, no podemos negar que todos los fuegos del universo, los internos –volcánicos, nucleares y fosfóricos–, y los externos –estelares– tienen un mismo linaje. Para los alquimistas medievales y los poetas místicos del Renacimiento, el fuego era el inevitable rito de paso a través del cual el alma del operador o artifex cambiaba de estado, pasando de lo que San Pablo denominaba –con genial perspicacia– alma viviente, a un nivel superior llamado espíritu vivificante. En términos sanjuaninos eso es "amada (el alma) en Amado (espíritu) transformada". Tal tránsito, sutil, continuo entre la parte y el todo, la criatura y su Creador, cada individuo en el seno de cada especie y cada especie en el diorama íntegro de la Creación, es percibido como un latido amplificado que los kabalistas sienten transcurrir entre las operaciones descendentes del orden aparente de las Escrituras señalizado por las consonanteslámed-bet, que juntas dan lugar a bal, voz que en hebreo significa no, nada, negación, y las operaciones ascendentes del orden secreto de la Torá, que están contenidas en el revés de bal, es decir en el leb o corazón. De manera tal que los rollos de la Ley se mueven entre sus polos inicial y terminal como el corazón entre sus latidos, para renovar el oxígeno de la sangre a la vez que los sentidos circulares del texto; de modo semejante a como el alma , tras el fuego de la combustión que el mero acto respiratorio supone, tiene, cual fénix, su "fin en su comienzo y su comienzo en su fin" (Yetzirá, Capítulo 3, párrafo primero).

Pues bien: San Juan de la Cruz asimila de tal manera su alma a los movimientos místicos del fénix, que imprime a su lenguaje poético el vaivén de las llamaradas, el oscilar del Espíritu Santo, que-como sabemos-habla por sus "lenguas de fuego" (Hechos de los apóstoles, 2:1). Como discípulo que es de la Orden del Carmelo, tendrá siempre presente la escena paradigmática de 1Reyes (18:24) en la que leemos: "Invocad luego vosotros (dice Elías) el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová, y el Dios que respondiere por medio del fuego, ése sea Dios". El sintagma original que traducimos por "en medio del fuego" es en hebreo ba-esh, palabra que también puede leerse como un venir en el futuro, un llegar a ser, ba, a través del fuego o esh, cuyo retorno eterno puede leerse incluso en la voz shab, incluida en el citado sintagma. Si además de ello sé que la letra alef, a la que ese retorno se lleva a cabo, simboliza a Dios, siendo, a su vez, hipóstasis de su infinitud, habré llegado a la misma conclusión que la que el mito del fénix postula. El fuego del principio es idéntico al fuego del final, pero mi pasaje, mi metamorfosis a través de él no lo es.

¿Acaso no puede decirse de la sangre que nos recorre día y noche que es la misma y también distinta cada vez, y que en el movimiento oscilatorio armónico establecido entre su cauce arterial y su cauce venoso está contenido todo el misterio aléfico de la identidad y la semejanza entre la criatura y su Creador? La Kábala ve en la sangre, dam, más de la mitad del nombre de Adám, el primer hombre, el hombre arquetípico, pero también percibe el alto silencio, dom, que en su fluír arrastra la luz de la creación del mundo. Un silencio que condice bien con el pájaro solitario de San Juan de la Cruz, cuyas condiciones meditativas son cinco. A saber: "la primera, que ordinariamente se pone en lo más alto; y así el espíritu en este paso se pone en altísima contemplación. La segunda, que tiene siempre vuelto el pico hacia donde viene el aire; y así el espíritu vuelve aquí el pico de el afecto hacia donde le viene el espíritu de amor, que es Dios. La tercera es que ordinariamente está solo, y no consiente otra ave alguna junto a sí, sino que, en sentándose junto alguna, luego se va; y así el espíritu en esta contemplación está en soledad de todas las cosas, desnudo de todas ellas, ni consiente en sí otra cosa que soledad en Dios. La cuarta propiedad es que canta muy suavemente, y lo mismo hace a Dios el espíritu a este tiempo, porque las alabanzas que hace a Dios son de suavísimo amor, sabrosísimas para sí y preciosísimas para Dios. La quinta es que no es de algún determinado color, y así es el espíritu perfecto, que no sólo en este exceso no tiene algún color de afecto sensual y amor propio, mas ni aun particular consideración en lo superior ni inferior, ni podrá decir de ello modo ni manera, porque es abismo de noticia de Dios la que le posee, según se ha dicho." (Cántico, 13-14,24).

La soledad del pájaro solitario es algo que conocen muy bien los kabalistas, porque al margen del trabajo de las zugot o parejas, cada estudiante está sólo frente al tablero mágico de la Torá, en la que los meandros de los treinta y dos senderos de la sabiduría acabarán, algún día, por refluír hacia su corazón. Por otra parte, el hecho de que el pájaro no posea un determinado color, y que nos lo hace imaginar transparente, aludiría al instante en que el fuego que consume al fénix determina al mismo tiempo su recreación. En cuanto al abismo ¡quién que no lo haya experimentado puede hablar de él, y quién que lo haya sentido confiará ya en las palabras que expliquen sus aventuras en tales profundidades! La Kábala –sostenía el profesor G. Scholem– es una mística del lenguaje, y por lo mismo, me atrevería a decir, una poética. Pero no es una poética preceptiva, a la manera de la de Aristóteles, sino que es un ars combinatoria cuyo fin último es despertar la mente del combinador a situaciones vitales inéditas tal como el ajedrecista que, en el despliegue continuo y constante de su habilidad para el juego, desarrolla el sentido de la previsión.

San Juan de la Cruz labró para nuestra lengua, el castellano, pocas pero exquisitas metáforas. Frases cuya sugestión continúa aún ejerciéndose sobre nosotros, lectores del siglo XX. Su obra, como la de los kabalistas, nada sería sin la existencia previa de la Biblia y sobre todo sin la existencia de ese prodigio de síntesis y sutileza ontológica que constituye el hebreo clásico, lengua llamada, hasta hace menos de un siglo, sfat malajim, el habla de los ángeles, el idioma en el que debió haber hablado Adám cuando nombró con alegría todas las maravillas del mundo que le rodeaba.

Me atrevería a afirmar, incluso, que el mito de la muerte y resurrección del ave fénix, paralelo al del hebreo, nos concierne hoy y aquí, porque después de quinientos años los judíos vuelven a hablar esa lengua entre nosotros, resucitando en la tierra uno de los vastos proyectos del cielo de la sociología: el retorno de los hijos de Israel a su solar natal, a sus fuentes, veneros, montañas y árboles. Como el ave fénix, Israel es y no es quien era, pero siempre será lo que fue –un puente entre naciones, un corazón entre los pueblos al decir del Yetzirá y del poeta Yehuda Haleví– del mismo modo que San Juan de la Cruz reciclará una y otra vez para su Orden religiosa, pero también para nosotros, el más antiguo periplo del Ser, el más entrañable de los viajes. El camino que, por el alma individual, nos lleva al alma del universo. Cuando uno se hace viajero de ese viaje, escribe el santo poeta: "El alma se ve hecha como un inmenso fuego de amor, que nace de aquel punto encendido del corazón del espíritu". (Llama de amor viva, 3,21).

2) Los colores de los hábitos de Jesús según la Kábala

Cuando en los primeros siglos del cristianismo la creencia se desplaza de lo oral a lo visual, gradualmente desaparecen las significaciones ocultas de algunas escenas evangélicas pálidamente reflejadas más tarde en la iconografía religiosa. Sabemos que la mayor parte del tiempo Jesús vestía, como los esenios y los terapeutas en Egipto, de blanco. También es posible que lo hicieran sus discípulos, pues ése era el color que vestían los hebreos durante las fiestas solemnes y qué más fiesta que coexistir, en el espacio y el tiempo, con quien desempeñaba, para muchos, el rol de Mesías. Por encima de ese hábito cándido, la pintura occidental dibuja un manto rojo. De modo que dos son los colores fundamentales atribuidos al ropaje del maestro: el blanco por debajo y el rojo por encima, la luz adentro y la carne fuera. Con el tiempo y no sabemos por qué, la iconografía suplantará el blanco por el azul, conservando el rojo. Pero la continuidad simbólica entre el azul y el blanco se explica por aludir al cielo, a lo celeste. Las vestimentas del Papa prueban hoy aquella antigua verdad cromática.

La Transfiguración del Tabor, esa epifanía luminosa que se resume en un blanco solar, en una helioización del Hijo del Hombre, revela y nos revela que también es posible para nosotros acceder a la comprensión del citado fenómeno a través de la gnosis que propone la Kábala. La cual cosa no significa igualarnos a Jesús pero sí entrever, en la llamada experiencia tabórica la luz transformadora del rojo carnal en blanco espiritual, el camino de alquimia interior. Para ello la Kábala emplea varios métodos de indagación cuyo alcance es profundo y revelador. Así, y en este caso particular, cuenta los valores numéricos de la palabra hebrea rojo –retornando de la imagen al sonido– y los valores numéricos de la palabra blanco y una vez hallada su diferencia constata, milagro espiritual, que en esa misma diferencia subyace el método de aproximación de lo humano a lo divino. Ver para creer: pocas veces resulta tan evidente para el estudiante de Kábala aquella verdad de los sabios orientales expertos en mantras, cuando dicen que es el sonido el que determina la imagen y no al revés, pues el verbo precede siempre a la experiencia visionaria, de donde volvemos a la admonición que cierra el pasaje evangélico relativo al Tabor y la Transfiguración de Jesús: Dios quiere no quiere que lo miremos únicamente, ya que ansía, sobre todas las cosas, que lo escuchemos.

A través de sus treinta y dos senderos de sabiduría, que parten de y vuelven al corazón, la Kábala resulta así el auténtico yoga de Occidente. El método más asequible y riguroso para entender las grandes obras de nuestros místicos y pensadores religiosos; de los Padres del Desierto a San Juan de la Cruz, y de Santa Teresa a Unamuno en su Cristo de Velázquez.

Tales senderos, como los de la astrología, apenas si son un mapa bajo el pie selector del discípulo. Sólo lo cósmico está determinado y, aún así, existe el libre albedrío, la interpretación, el factor decisivo de la voluntad iluminada por el conocimiento. Así como la astrología llama Zodíaco o Rueda de la Vida al conjunto de signos que la explican y expresan, los kabalistas llaman Arbol de la Vida al conjunto de las reglas, números y combinaciones que conducen a su vera. Ejercicios que transforman el rojo en blanco y comunican lo eterno con el tiempo, aquello que permanece con aquello que pasa.

REFERENCIAS:
(1) Vida y obras de San Juan de la Cruz,BAC, Madrid 1978.
(2) Bestiario medieval, Siruela, Madrid 1986.
(3) Angel María Garibay K.:Sabiduría de Israel, Porrúa, México 1976.
(4) Marcel Detienne:Los jardines de Adonis,Akal, Madrid 1983.
(5) Séfer yetzirá, Jerusalén, 1979

viernes, 28 de mayo de 2010

Trabajo 3 Recogiendo las Manzanas de Oro de las Hespérides Parte 2 (Géminis, 21 Mayo - 20 junio)



El Campo del Trabajo

Géminis tiene en ella dos estrellas, llamadas por los griegos, Cástor y Pólux, o los
Gemelos. Estas personifican a dos grupos mayores de estrellas, las Siete Pléyades, y las Siete Estrellas de la Osa Mayor, que son las dos constelaciones en el norte alrededor de las cuales nuestro universo parece girar. Una estrella representa cada constelación. Desde el punto de vista del esoterismo, el gran misterio de Dios encarnado en la materia, y la crucifixión del Cristo Cósmico sobre la cruz de la materia, está vinculada con la relación (que se presume que existe desde los tiempos más antiguos) entre las estrellas de las Pléyades y las de la Osa Mayor. Estos dos grupos de estrellas representan a Dios, el macrocosmos, mientras que en Géminis, Cástor y Pólux eran vistas como símbolos del hombre, el microcosmos. Eran también llamadas Apolo y Hércules: Apolo, significando el soberano, el Dios Sol; y Hércules, "aquél que viene a trabajar". Ellos representan, por lo tanto, los dos aspectos de la naturaleza del hombre, el alma y la personalidad, el hombre espiritual y el ser humano a través del cual esa entidad espiritual está funcionando: Cristo encarnado en la materia, Dios trabajando a través de la forma.
Cástor era considerado como mortal y Pólux como inmortal. Es un hecho astronómico
interesante que la estrella Cástor está disminuyendo en fulgor y no tiene la luz que tenía hace varios años; mientras que Pólux, el hermano inmortal, está aumentando en brillantez y eclipsando a su hermano, haciendo presente uno de los dichos de Juan el Bautista, expresado mientras miraba a Cristo, "él debe crecer pero yo debo decrecer". (Evang. San Juan, III, 30). Así tenemos a la constelación más significativa, porque ella sostiene siempre ante los ojos del hombre, el pensamiento de la potencia creciente de la vida espiritual y del poder decreciente del yo personal. La historia del crecimiento del hombre hacia la madurez y la del gradualmente creciente control del alma, nos es revelada en la constelación de Géminis.
En el antiguo zodíaco de Denderah, este signo es llamado "El lugar de Aquel que viene", y el pensamiento de un Ser espiritual que emerge es sostenido ante nosotros. Es representado por dos figuras, una masculina, otra femenina; una lo positivo, el aspecto espíritu, y la otra, lo negativo, el aspecto materia. Los nombres copto y hebreo significan "unidos", y este es el estado de Hércules, el aspirante. Él es alma y cuerpo unificados. Este era el problema con el que había que luchar en el signo Géminis. La compensación del yo inferior con el superior, de los aspectos mortal e inmortal, es el objetivo. Fue este problema el que creó la tortuosa y prolongada búsqueda que emprendió Hércules, pues él estuvo finalmente atento a la voz de Nereo, el yo superior, pero a veces, bajo la ilusión y el espejismo del yo inferior.
La dualidad que es enfatizada en Géminis se presenta en gran cantidad de historias
mitológicas. Nos encontramos de nuevo a los mismos hermanos en Rómulo y Remo, por
ejemplo, y en Caín y Abel, un hermano muriendo y el otro viviendo. Encontramos el
símbolo astrológico para Géminis en los dos pilares de la masonería, y muchos creen que la tradición masónica podría, si tuviéramos el poder de hacerlo, ser rastreada hasta ese período, anterior a la era de Tauro, cuando el sol estaba en Géminis, y hasta ese gran ciclo en el cual la raza lemuriana, la primera raza estrictamente humana, empezó a existir; cuando el aspecto mente empezó a emerger, y la dualidad de la humanidad se volvió un hecho en la naturaleza.
La raza lemuriana fue la tercera raza; y este trabajo que Hércules simbólicamente
emprendió, es el tercer trabajo. La búsqueda en la cual estaba comprometido era la del alma, y ésta ha sido siempre la búsqueda no reconocida del ser humano, hasta que llega el tiempo en que él se reconoce como Hércules, y empieza a encontrarse en la búsqueda de las manzanas de oro del conocimiento y la sabiduría. Así tenemos en la tradición masónica la búsqueda de la familia humana representada, la búsqueda de la luz, la búsqueda de la unidad, la búsqueda de la divinidad. Y de esta manera los dos pilares, Boaz y Jachim, permanecen como los emblemas de esa dualidad.
En China se habla de Cástor y Pólux como de los dos "dioses de la puerta", mostrando el tremendo poder que el dios de la materia puede asumir, y también la potencia de la
divinidad.
Géminis es predominantemente el signo del intelecto y tiene un efecto peculiarmente
vital en nuestra raza aria. En esta raza la facultad de la mente y del intelecto han sido firmemente desarrolladas. Géminis, por lo tanto, tiene influencia en tres divisiones que conciernen a las relaciones humanas. Primero, gobierna toda la educación. Se ocupa del conocimiento, de las ciencias, y coloca el fundamento para la sabiduría. Un educador ha dicho que "la finalidad última de la educación es la adquisición del conocimiento para recibir la revelación superior. El que no es inteligente puede recibirla, pero no puede interpretarla". En este trabajo, Hércules recibe una revelación sobresaliente y en las cinco etapas de su búsqueda su educación es constantemente estimulada.
El regente exotérico de Géminis y del primer decanato es Mercurio, pues, como Alan
Leo nos dice:
"Mercurio en el mundo exterior significa escuelas, colegios, y todos los lugares
donde se enseña y se aprende, instituciones científicas y literarias... En relación al conocimiento, significa pensamiento, comprensión, razón, inteligencia, intelecto;
los géneros abstractos más bien que los concretos, conocimiento por sí mismo... Su
más alta aplicación parece ser lo que se llama 'razón pura'... En el cuerpo, gobierna
el cerebro y el sistema nervioso, la lengua y los órganos del lenguaje, las manos,
como instrumentos de la inteligencia" (Alan Leo, Diccionario Completo de Astrología, p. 163).
Géminis se halla, en segundo lugar, para mediar en las relaciones. Gobierna, por
consiguiente, el lenguaje, el intercambio o intercomunicación y el comercio. Es interesante notar que los Estados Unidos e Inglaterra son ambos gobernados por Géminis; que el idioma inglés ha llegado a ser predominantemente la lengua del mundo; que las líneas más grandes de la comunicación oceánica empiezan en Nueva York o Londres, y que ambas ciudades han sido mercados mundiales y centros mundiales de distribución. Mercurio, el planeta gobernante del signo, es el intérprete, el mensajero de los dioses. Es digno de notar también en esta conexión, cómo Hércules aparece bajo la influencia de dos maestros:
Nereo, el maestro superior, y Busiris, el maestro inferior o psíquico; y así hemos enfatizado nuevamente la dualidad de Géminis y su calidad mental.
Cuando este signo está en evidencia como lo está ahora, siendo un poderoso signo
inconstante, inaugura muchos cambios; ideas nuevas inundan el mundo; nuevos impulsos
hacen sentir su presencia; emergen nuevas y no desarrolladas líneas de acercamiento a la verdad espiritual, y muchos maestros aparecerán por todas partes para ayudar a conducir a la raza a un nuevo estado de conocimiento espiritual. Siendo un signo de aire, encontramos que la conquista del aire marcha con rapidez, y también se hace un esfuerzo constante para unificar y coordinar los muchos y variados aspectos del esfuerzo humano.
Venus es el regente esotérico de Géminis y gobierna el segundo decanato; pues Venus
compensa, y a través de su influencia tiene lugar la ley de la atracción y conducir juntos los polos opuestos. Pero todos estos cambios y unificaciones, naturalmente inauguran un nuevo estado de conocimiento, un nuevo estado de ser, y conducen a una nueva era y a un nuevo mundo. Por lo tanto, surgen nuevas dificultades y problemas y encontramos a Saturno gobernando el último decanato, pues Saturno es el planeta del discipulado; el planeta que causa las dificultades, problemas y pruebas, que ofrecen al discípulo oportunidad inmediata. Es Saturno el que abre la puerta a la encarnación, y Saturno el que abre la puerta al sendero de la iniciación. Mercurio, el intérprete, y el intelecto iluminador; Venus, el principio de atracción y de compensación; y Saturno, el generador de la oportunidad: estos tres juegan sus papeles en la vida del aspirante a medida que éste unifica lo superior y lo inferior, pasa a través de las cinco etapas en esta prueba, y prevé la meta que debe lograr finalmente.

Las Tres Constelaciones Simbólicas

Las tres constelaciones que se encuentran en conexión con el signo son Lepus, la liebre, el Can Mayor y el Can Menor, y en su interrelación y su asociación de éstas con Hércules, el aspirante, la historia completa del ser humano, estaba de nuevo notablemente descrita. En el Can Mayor encontramos a Sirio, la Estrella Perro, llamada en muchos libros antiguos "el conductor de toda la hueste celestial”, pues es diez o doce veces más brillante que cualquier otra estrella de primera magnitud. Sirio ha sido siempre asociada con el gran calor, de ahí tenemos la frase de "los días de perro" en medio del verano, cuando se supone que hace el mayor calor. Desde el punto de vista ocultista, Sirio es de profunda significación. "Nuestro Dios es un fuego consumidor”, y Sirio es el símbolo del alma universal como así también del alma individual. Es, por consiguiente, esotéricamente considerada, la estrella de la iniciación. En el lenguaje de la simbología se nos dice, que llega un momento en que una estrella resplandece delante del iniciado, significando la realización de su identidad con el alma universal, y a ésta, él la vislumbra repentinamente por medio de su propia alma, su propia estrella.
El Can Mayor es el inmortal Sabueso del Cielo, que caza por siempre al Perro más pequeño, el más débil, el hombre en encarnación física. Esta caza ha sido inmortalizada
para nosotros por Francis Thompson en "El Sabueso del Cielo”:
"Yo huí de Él, a lo largo de las noches y los días;
Yo huí de Él, bajo la bóveda de los años;
Yo huí de Él, en los caminos laberínticos
De mi propia mente; y en la niebla de las lágrimas
Yo me oculté de Él, y bajo raudales de risa
Corrí por esperanzas entrevistas
Y salí, precipitado,
Bajando por tinieblas Titánicas de miedos abismales,
De aquellos poderosos pies que venían detrás mío".
En el zodíaco de Denderah, esta estrella es llamada Simios, la cabeza. Se nos dice (en el apéndice, p. 1518, de la Biblia Compañera) que la estrella más brillante en el Can Mayor es Sirio, el Príncipe, llamado en persa, El Jefe. Hay otras tres estrella en la misma constelación: una llamada "el anunciador", otra "la resplandeciente", y la tercera "la gloriosa", todas estas frases ponen de relieve la magnificencia del Can Mayor y, esotéricamente, la maravilla y la gloria del yo superior.
En el Can Menor, el "más débil", el mismo escrito nos relata que el nombre de la estrella más brillante significa "redentor", que la que le sigue en brillo es "el portador de la carga" o "el que soporta por los demás". Tenemos, por consiguiente, en el significado de estos dos nombres, una representación de Hércules, a medida que logra su propia salvación y mientras soporta la gran carga de Atlas y aprende el significado del servicio.
Lepus, la fiebre, asociada con estas dos constelaciones, contiene una estrella del más intenso color carmesí, casi como una gota de sangre. El rojo es siempre el símbolo del deseo por las cosas materiales. En el zodíaco de Denderah, el nombre dado es Bashtibeki, que significa "caída maldita". Aratus, escribiendo cerca de 250 años A.C., habla de Lepus como siendo "eternamente perseguida", y es interesante notar que los nombres hebreos de algunas de las estrellas encontradas en esta constelación significan "el enemigo de Aquel que viene", que es el significado del nombre de la estrella más brillante, Arneb; mientras que otras tres estrellas tienen nombres que significan "el loco", "el amarrado", "el engañador". Todas estas palabras son características del yo inferior perseguido eternamente por el yo superior; el alma humana perseguida por el Sabueso del Cielo.
Cuando miramos los cielos estrellados en la noche y ubicamos a Sirio, la Estrella Perro, la historia de nuestro pasado, presente y futuro está dramáticamente representada. Tenemos la historia de nuestro pasado en Lepus, la Liebre, de pies veloces, engañada, loca, amarrada a la rueda de la vida, identificada con el aspecto materia, y siempre la enemiga de "El Príncipe que Viene". En el Can Menor, tenemos la historia del aspirante, de nuestra suerte presente. Morando dentro nuestro está el gobernante interior, la divinidad oculta, el redentor. Nosotros salimos victoriosos y a triunfar, pero tenemos que hacerlo como el discípulo agobiado, soportando por otros y sirviendo. En el Can Mayor tenemos representado nuestro futuro y una consumación, gloriosa más allá de toda presente realización. Si todas las religiones y escrituras del mundo se perdieran y no nos quedara nada excepto los cielos estrellados, con la historia del zodíaco y el significado de los nombres de las diversas estrellas que se encuentran en las diferentes constelaciones, podríamos seguir las huellas de la historia del hombre, recobrar el conocimiento de nuestrameta y aprender el modo de su realización.

La Lección del Trabajo

El total de esta historia significa realmente la lección que es la primera que todos los aspirantes tienen que dominar, y la que es imposible aprender, hasta que se haya pasado por las pruebas en Aries y en Tauro. Entonces, en el plano físico, en el campo del cerebro y en su estado de conciencia despierta, el discípulo tiene que registrar contactos con el alma y reconocer sus cualidades. El no debe ser más el místico visionario, sino que debe agregar a la realización mística el conocimiento oculto de la realidad. Esto es olvidado a menudo por los aspirantes. Ellos descansan contentos con la aspiración, con la visión de la meta celestial. Han forjado en el crisol de la vida, un equipaje que se caracteriza por las sinceridad, el buen deseo, el carácter agradable, y son conscientes de la pureza del motivo, buena voluntad para cumplir los requerimientos, y la satisfacción de que ellos han alcanzado un cierto estado de desarrollo que los autoriza a seguir. Pero una cosa falta aún:
no tienen lo que podría llamarse “la técnica de la presencia"; no tienen privilegio y
prerrogativa para poseer. Ellos creen en la realidad del alma, en la posibilidad de la perfección, en el sendero que debe ser hollado; pero la creencia no ha sido todavía trasmutada en conocimiento del reino espiritual. ¡Y no saben cómo lograr su meta! Por lo tanto, como lo hizo Hércules, emprenden la quíntuple búsqueda.
La primera etapa de la búsqueda está llena de estímulo para ellos, habiendo sido capaces de reconocer el acontecimiento. Como Hércules, se encuentran con Nereo, el símbolo del yo superior, y más tarde en la historia del discípulo, él es el símbolo del Maestro que enseña. Una vez puestos en contacto, especialmente en las primitivas etapas de la búsqueda, el yo superior se manifestará como un destello de iluminación y ¡he aquí! ha desaparecido; como una repentina comprensión de la verdad, tan elusiva, huidiza, que al principio el discípulo no puede asirla; como una sugerencia que se deja caer en el estado consciente en momentos de una concentrada atención, cuando la mente se mantiene firme y las emociones temporalmente cesan de controlar.
En el caso de un discípulo más avanzado que ha establecido contacto con su alma y que, por consiguiente, se puede suponer que está listo para recibir instrucción de uno de los grandes Maestros de la Raza, se encontrará que el Maestro trabaja exactamente como lo hizo Nereo. No se puede entrar siempre en contacto con Él, y sólo ocasionalmente el discípulo entra en comunicación con Él. Cuando lo hace, no necesita esperar felicitaciones por su magnífico progreso, ni encontrará una cuidadosa explicación de su problema, ni el prolijo diseño del trabajo que deberá hacer. El Maestro dará una sugerencia y desaparecerá.
Hará una insinuación y no dirá más. Corresponde al discípulo actuar lo mejor que pueda y llevar hasta el fin la sugerencia, la cual él deberá juzgar si es sabia.
Muchos ocultistas bien intencionados lo conducirían a uno a creer que los Maestros de
Sabiduría se toman un interés personal con ellos, que los sobrecargados Guías de la Raza, no tienen mejor ocupación que decirles personalmente cómo vivir, cómo resolver sus problemas y cómo, minuciosamente, guiar sus empresas. Me gustaría aquí registrar mi protesta contra cualquier intento de rebajar el trabajo de los Grandes. Las razones por las cuales Nereo, el Maestro, es elusivo y no da sino un destello de pensamiento o de momentánea atención al aspirante, son dos:
Primero, el aspirante individual no es de interés personal para el Maestro hasta que ha llegado el punto en su evolución en que está en tan estrecha relación con su alma, que llega a ser un servidor magnético en el mundo. Entonces, y sólo entonces, le será beneficioso al Maestro enviarle un pensamiento, y darle una sugerencia. Entonces, a medida que esas sugerencias son seguidas, Él puede darle más, pero, y éste es el punto que debe ser enfatizado, sólo en conexión con el trabajo que debe hacer en el campo del servicio del mundo. Los aspirantes necesitan recordar que ellos llegan a ser maestros sólo dominando, y que se nos enseña a ser maestros y se nos lleva a la posición de miembro en el grupo de servidores del mundo, a través de los esfuerzos de nuestra propia alma. Esa alma es un divino hijo de Dios, omnisciente y omnipotente. A medida que el gemelo inmortal aumenta en poder y esplendor el hermano mortal disminuye.
Segundo, los cuerpos físicos de los aspirantes no están en condición de soportar la
elevada vibración de aquél que se ha realizado. El cuerpo sería destrozado y el cerebro sería sometido a demasiado esfuerzo, si uno de los Maestros hiciera constante contacto con un discípulo, antes de que él hubiera aún aprendido a conocer a Nereo como el símbolo de su propio yo superior. Cuando por nuestros propios esfuerzos estemos empezando a vivir como almas, y cuando por nuestro propio autoiniciado empeño estemos aprendiendo a servir y a ser canales de energía espiritual, entonces conoceremos a Nereo más íntimamente; y entonces, casi inevitablemente, nuestro conocimiento del trabajo que los Grandes tienen que hacer, será tan vital y tan real, que renunciaremos a nuestro propio deseo por el contacto y buscaremos sólo levantar la carga que ellos llevan.
Al principio de su búsqueda, Hércules se encontró con Nereo; pero no se sintió
impresionado y por lo tanto se extravió por otras partes, buscando furiosamente satisfacer su aspiración. Al fin de su búsqueda él se encuentra con Atlas, soportando la carga del mundo, y se siente tan impresionado con el peso de esa responsabilidad y la carga que Atlas, el gran Maestro, está llevando, que olvida todo acerca de la meta y su búsqueda de las manzanas de oro, y se esfuerza por levantar la carga de los hombros de Atlas. Cuando los aspirantes en el campo religioso y en la iglesia, en el campo teosófico, en el campo de los rosacruces, y en los muchos grupos en los cuales ellos gravitan, hayan aprendido a olvidarse de ellos mismos para servir, y a perder de vista su egoísmo espiritual ayudando a la humanidad, habrá una más rápida reunión de los iniciados a través del portal en el Sendero que conduce de la oscuridad hacia la Luz, y de lo ilusorio a lo Real. Uno de los Grandes ha dicho que "hay personas que, sin tener nunca ningún signo externo de egoísmo, son intensamente egoístas en su interna aspiración espiritual". (p. 360, The Mahatma Letters to A. P. Sinnett). Y más tarde ofrecen ante nosotros un estupendo ideal que hace un corte en la raíz del egoísmo espiritual: "Si en nuestra visión de las más altas aspiraciones por el bienestar de la humanidad, éstas se manchan con egoísmo, en la mente del filántropo,
acecha la sombra del deseo por el propio beneficio...”.
Hércules, el discípulo, ha conocido el toque del yo superior, pero no lo conocía lo
suficiente para permanecer con Nereo. Por lo tanto, se volvió al sur, o de regreso al mundo.
Él ha tenido su momento supremo, cuando trascendió el estado consciente de su cerebro y platicó con su alma. Pero esto no dura, y se abandona nuevamente al estado de conciencia del cerebro y entra en otra experiencia. Tiene que luchar con Anteo, la serpiente (o gigante). Pero, esta vez, es la serpiente del espejismo astral y no principalmente la serpiente del deseo. Es con los hechizos del psiquismo inferior que él tiene que luchar, y éstos parecen, en las primeras etapas, atraen inevitablemente el interés de los aspirantes.
Cualquier maestro que haya trabajado con aquéllos que están buscando el Camino, conoce el hechizo bajo el cual ellos pueden caer tan fácilmente. Según el temperamento del aspirante así será el hechizo. Algunos se desvían por los fenómenos espiritistas. En el esfuerzo para penetrar el velo, se sienten absorbidos por el lado inferior del espiritismo y pasan mucho tiempo en la sala de sesiones, estudiando una y otra vez los mismos viejos fenómenos de materialización, comunicación con los espíritus y manifestaciones, no hago aquí referencias a las verdaderas investigaciones científicas de aquellos que ahondan en su indagación, y que están dotados para hacer esto. Me refiero a la participación del ignorante en ciertos tipos de trabajo en la sala de sesiones. Esto intriga al hombre y a la mujer comunes y los pone a merced del igualmente ignorante medium o del charlatán, pues ellos no están equipados para verificar de ninguna manera lo que ven y oyen.
La serpiente puede tomar la forma del aspecto más común de los fenómenos psíquicos.
El aspirante se interesa en la escritura automática, o aprende a sentarse y escuchar "voces", se vuelve astralmente clarividente y clariaudiente, se une a la confusión del plano psíquico, y así cae dentro de las trampas y peligros latentes del astralismo. Se vuelve negativo, porque está todo el tiempo tratando de oir o ver lo que no es físico. Porque nosotros compartimos con los gatos y los perros la capacidad de ser clarividentes y clariaudientes, a su debido tiempo seguramente veremos y oiremos, si no en realidad, al menos a través del poder de esa facultad creadora que todos poseemos, la imaginación creadora. Pero en una forma y otra, el aspirante que ha dejado a Nereo, se encontrará con la serpiente y tendrá que luchar con ella. Como el mito lo expresa, por un largo tiempo Hércules no pudo vencer, pero cuando levantó a la serpiente en el aire triunfó.
Hay gran verdad debajo de este simbolismo. El aire ha sido siempre mirado como el
símbolo del elemento relacionado con el plano de Cristo, llamado en la terminología
teosófica y en el oriente, el plano búdico. El plano astral es el reflejo distorsionado del
plano búdico, y sólo cuando elevemos el espejismo dentro de la clara luz del alma de
Cristo, veremos la verdad como es, y nos volveremos invencibles. Solemnemente, yo me
esforzaría por convencer a todos los aspirantes, a renunciar a todo interés en los fenómenos psíquicos, y a excluir tan firmemente como puedan el plano astral, hasta que hayan desarrollado el poder de ser intuitivos, y de interpretar sus intuiciones por medio de una mente bien desarrollada, bien provista y bien entrenada.
La próxima etapa de la búsqueda de Hércules es igualmente aplicable a la humanidad en
conjunto. El cayó en las garras de Busiris, que pretendía ser un gran maestro. Por un largo período de tiempo Hércules fue mantenido en cautiverio. El mundo hoy en día está lleno de maestros, y, como Busiris, ellos basan su enseñanza en portentosas pretensiones; afirman que son iniciados, que son los custodios de la verdad, y que tienen un camino seguro y cierto de desarrollo que debe, inevitablemente, capacitar al aspirante para realizarse. Ellos sostienen su posición con promesas; crean la atmósfera para una fuerte relación de la personalidad, y utilizando la sinceridad y la aspiración del buscador tras la verdad, reúnen a su alrededor grupos de hombres y mujeres que inocente y sinceramente creen en la verdad de lo que ellos pretenden, y los atan al altar del sacrificio por un mayor o menor período detiempo. El verdadero iniciado es conocido por su vida y actos, está demasiado ocupadosirviendo a la raza, para perder el tiempo en interesar a la gente sobre sí mismo, y no puede
hacer promesas más allá que decir a cada aspirante: "Éstas son las reglas antiguas, éste es el camino que todos los santos y Maestros de Sabiduría han recorrido, ésta es la disciplina a la cual deben sujetarse, y si sólo tratan de resistir y tener paciencia, la meta seguramente será alcanzada".
Pero Hércules se liberó, como lo hacen todos los buscadores sinceros; y habiendo
escapado del mundo psíquico y pseudo-espiritual empezó a servir. Primero se liberó a sí mismo bajo el símbolo de Prometeo, el que significa Dios encarnado, liberándolo de la tortura de los buitres de lo antiguo. El plexo solar, el estómago y el hígado son
exteriorizaciones, si puedo expresarlo así, de la naturaleza del deseo, y Hércules se liberó a sí mismo de los buitres del deseo, que por largo tiempo lo habían torturado. Dejó de ser egoísta, y de buscar su propia satisfacción. Había tenido dos amargas lecciones en este signo y por este ciclo en particular estaba relativamente libre. Prometeo, el Dios interior, podría adelantarse al servicio del mundo y levantar la carga de Atlas.
Después del sacrificio viene la recompensa, y Hércules recibió su gran sorpresa después de liberar a Prometeo y Atlas. Habiendo abandonado su búsqueda para ayudar al mundo, Atlas fue en su lugar al jardín y le trajo las manzanas de oro, poniéndole en contacto con las tres hermosas doncellas, los tres aspectos del alma.
Al principio de su trabajo él se pone en contacto con su alma como Nereo; al final de su trabajo, habiendo superado muchos espejismos logra una visión grandemente acrecentada de su alma y la ve en sus tres aspectos, cada uno, conteniendo en sí, la potencia de los tres principios de la divinidad. Eglé simboliza la gloria de la vida y el esplendor del sol poniente, la magnificencia de la manifestación en el plano físico. Ella le da una manzana a Hércules, diciendo, "El camino hacia nosotros es, siempre, a través de actos de amor".
Erythena cuida la puerta, el alma, que está siempre abierta por Amor-Sabiduría, y le da a Hércules una manzana marcada con la palabra dorada Servicio. Hesperis, la estrella vespertina, la estrella de la iniciación, representa la Voluntad. Ella le dice a Hércules,
"Recorre el Camino". Cuerpo, alma y espíritu; Inteligencia, Amor y Voluntad, avistados y contactados por el aspirante desinteresado a través del Servicio.

TRABAJO 3 DE HÉRCULES Recogiendo las Manzanas de Oro de las Hespérides Parte 1 (Géminis, 21 Mayo - 20 junio)



El Mito

El Gran Presidente, dentro de la Cámara del Concilio del Señor, había vigilado los trabajos del hijo del hombre que es un hijo de Dios. ÉI y el Maestro vieron el tercer gran Portal, abierto ante el hijo del hombre, descubriendo una nueva oportunidad para andar el camino.
Ellos advirtieron cómo el trabajador apareció y se preparó para emprender su tarea.
"Ordeno que cuiden el árbol sagrado. Que Hércules desarrolle el poder de buscar sin desmayo, decepción o demasiada presteza. Que se le exija ahora perseverancia. Ha cumplido bien hasta ahora". Y así salió la orden.
Lejos, en una región distante, crecía el árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, y en él crecían las manzanas de oro de las Hespérides. La fama de estas dulces frutas había llegado a tierras distantes, y todos los hijos de los hombres, quienes se sabían que eran asimismo los hijos de Dios, las deseaban. Hércules, también sabía de esas frutas, y cuando salió la orden de buscarlas, buscó al Maestro, preguntándole el camino para ir y encontrar el árbol sagrado y recoger las manzanas.
"Dime el camino, Oh Maestro de mi alma. Yo busco las manzanas y las necesito rápidamente para mi provecho. ¡
Muéstrame el camino más rápido y YO iré!"
"No es así, hijo mío", replicó el Maestro, "el camino es largo. Sólo dos cosas te confiaré, y luego a ti, te corresponderá probar la verdad de lo que digo. Recuerda que el árbol sagrado está bien custodiado. Tres hermosas doncellas aprecian el árbol protegiendo bien su fruto. Un dragón de cien cabezas protege a las doncellas y al árbol. Guárdate bien de la fuerza demasiado grande para ti, de los engaños demasiado sutiles para tu comprensión. Vigila bien.
La segunda cosa que te diría es que tu búsqueda te llevará donde te encontrarás con cinco grandes pruebas en el camino. Cada una te proporcionará el ámbito para la sabiduría, la comprensión, la destreza y la oportunidad. Vigila bien.
Me temo, hijo mío, que tú fracasarás en reconocer estos puntos sobre el Camino. Pero sólo el tiempo lo mostrará; Dios te acompaña en tu búsqueda".
Con confianza, porque pretendía el éxito no el fracaso, Hércules salió al Camino, seguro de sí mismo, de su sabiduría y fuerza. Pasó a través del tercer Portal, yendo rectamente al norte. Anduvo por toda la tierra buscando el árbol sagrado, pero no lo encontró. A todos los hombres que vio les preguntó, pero ninguno le pudo conducir a él, nadie conocía el lugar. El tiempo pasó, no obstante, buscaba todavía de lugar en lugar y volviendo muchas veces sobre sus pasos hacia
el tercer Portal. Triste y desanimado, buscaba, por doquier.
El Maestro, vigilando desde lejos, envió a Nereo para ver si podía ayudar. Éste, vino repetidas veces en forma variable y con diferentes palabras de verdad, pero Hércules no respondía, ni sabía que el mensajero era para él. Aunque era hábil con la palabra y sabio con la profunda sabiduría de un hijo de Dios, Nereo fracasó, pues Hércules estaba ciego.
No reconoció la ayuda tan sutilmente brindada. Presentado de nuevo al fin con tristeza al Maestro, Nereo habló del fracaso.
"La primera de las cinco pruebas menores ha pasado", respondió el Maestro, "y el fracaso caracteriza esta etapa. Que Hércules prosiga".
No encontrando el árbol sagrado en el camino del norte, Hércules volvió hacia el sur y en el lugar de la oscuridad continuó con la búsqueda. Al principio soñó con un éxito rápido, pero Anteo, la serpiente, le encontró en ese camino y luchó con él, venciéndole en todas las ocasiones.
"Ella custodia el árbol", dijo Hércules, "esto se me dijo; el árbol debe estar muy cerca de ella, debo acabar con su guardián y así, destruyéndolo, abatir el árbol y coger el fruto". Sin embargo, a pesar de luchar con mucha fuerza, no triunfó.
"¿Dónde está mi falta?" dijo Hércules. "¿Por qué Anteo puede vencerme? Si aún cuando niño yo destrocé una serpiente en mi cuna. Con mis propias manos la estrangulé. ¿Por qué fracaso ahora?"
Luchando nuevamente con todo su poder, asió la serpiente con ambas manos, elevándola en el aire y alejándole del suelo. ¡He aquí la hazaña fue hecha!: Anteo, vencido, dijo: "Yo vengo otra vez con diferente apariencia en el octavo portal. Prepárate de nuevo para luchar".
El Maestro, contemplando desde lejos, vio todo lo sucedido, y habló al Gran Presidente en la Cámara del Concilio del Señor, refiriéndole la hazaña. "La segunda prueba ha pasado. El peligro ha sido superado. El éxito obtenido en esta ocasión marca su sendero". Y el Gran Presidente respondió: "Que siga adelante".
Feliz y confiado, Hércules continuó, seguro de sí mismo y con nuevo ánimo para la búsqueda. Se volvió hacia el oeste ahora y, al volverse, encontró el desastre. Entró sin pensar en la tercera gran prueba y el fracaso le encontró y demoró su avance por largo tiempo.
Pues allá encontró a Busiris, el gran engañador, hijo de las aguas, pariente cercano de Poseidón. Su trabajo es conducir a los hijos de los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría. El afirma conocer la verdad y con rapidez ellos creen. Habla bellas palabras diciendo: "Yo soy el maestro. A mí me ha sido dado el conocimiento de la verdad y debéis hacer sacrificio por mí. Acepten el camino de la vida a través mío.
Yo sé pero nadie más. Mi verdad es justa. Cualquier otra razón es errada y falsa. Escuchen mis palabras; permanezcan conmigo y serán salvos". Y Hércules obedeció, y diariamente, debilitándose su entusiasmo por el camino primitivo (la tercera prueba) no procuraba nuevamente conseguir el árbol sagrado. Su fuerza se agotó. El amó, adoró a Busiris, y aceptó todo lo que éste dijo. Su debilidad crecía día tras día, hasta que llegó un día en que su amado maestro le amarró a un altar y lo mantuvo atado durante un año.
De pronto un día, cuando estaba luchando para liberarse, y lentamente, viendo a Busiris por cuya causa estaba en ese trance, vinieron a su mente unas palabras dichas por Nereo hacia largo tiempo: "La verdad está en ti mismo. En ti hay un poder, una fuerza que yace allí, el poder que es la herencia de todos los hijos de los hombres que son los hijos de Dios". Quieto, yació prisionero en el altar, atado a sus cuatro esquinas por un año entero. Entonces, con la fuerza que es la fuerza de todos los hijos de Dios, rompió sus ataduras, asió al falso maestro (que había parecido ser tan sabio) y lo ató al altar en su lugar. No le dijo nada, pero le dejó allí para aprender.
El vigilante Maestro, desde lejos, advirtió el momento de la liberación, y volviéndose hacia Nereo le dijo: "La tercera gran prueba ha pasado. Tú le enseñaste cómo encontrar la salida y a su debido tiempo él supo encontrarla. Que siga adelante en el sendero y aprenda el secreto del éxito".
Aleccionado, y sin embargo con un alivio lleno de interrogantes, Hércules, continuó con su búsqueda y recorrió mucho camino. El año que pasó inclinado en el altar le había enseñado mucho. Retornó con mayor sabiduría a su senda.
Repentinamente, detuvo sus pasos. Un grito de profundo dolor hirió sus oídos. Algunos buitres dando vueltas sobre una roca distante llamaron su atención; entonces, nuevamente se oyó el grito. ¿Debía él proseguir su camino, o debía buscar a aquél que parecía estar en necesidad y así retrasar sus pasos? Reflexionó sobre el problema de la demora; un año se había perdido y sintió la necesidad de apresurarse. Otra vez se oyó un grito rasgar los aires y Hércules, con pasos rápidos, se apresuró a ir en ayuda de su hermano.
Encontró a Prometeo encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor, causado por los buitres que picoteaban su hígado, matándolo así poco a poco. Él rompió la cadena que le sujetaba y liberó a Prometeo,
persiguiendo a los buitres hasta su distante guarida y cuidando del hombre enfermo hasta que se hubo recuperado de sus heridas. Entonces, con mucha pérdida de tiempo, nuevamente comenzó a ponerse en camino.
El Maestro, mirando desde lejos, habló a su aspirante a discípulo estas claras palabras, las primeras palabras que le decían desde que emprendió la búsqueda: "La cuarta etapa en el camino hacia el árbol sagrado ha pasado. No ha habido retraso. La regla en el sendero elegido que apresura todos los éxitos es, 'Aprende a vivir' ".
Aquel que preside en la Cámara del Concilio del Señor, observó: "Él ha cumplido bien. Que continúe con las pruebas".
En todos los caminos continuó la búsqueda, en el norte y en el sur, en el este y en el oeste: Buscó el árbol sagrado, pero no lo encontró. Llegó un día en que, cansado de viajar y con temor; oyó el rumor de un peregrino que pasaba por el camino, "cerca de una montaña distante, el árbol sería encontrado". La primera verdadera afirmación que se le daba hasta ahora. Por lo tanto, volvió sus pies hacia las altas montañas del este y en brillante y soleado día, vio el objeto de su búsqueda y apresuró entonces sus pasos. "Ahora tocaré el árbol sagrado", gritó en su alegría, "venceré al dragón
que le custodia; veré las hermosas doncellas de grande fama, y cogeré las manzanas".
Pero, nuevamente, fue retenido por sentimiento de profunda pena. Atlas le hacía frente, tambaleante bajo la carga de los mundos sobre su espalda. Su rostro estaba marcado por el sufrimiento; sus miembros curvados por el dolor; sus ojos cerrados por la agonía; él no pedía ayuda; no vio a Hércules sino que permaneció encorvado por el dolor, por el peso de los mundos. Hércules, temblando, observó y estimó la medida de la carga y el dolor. Olvidó su búsqueda. El
árbol sagrado y las manzanas desaparecieron de su mente; solo buscó ayudar al gigante, y eso sin tardanza; se arrojó hacia adelante y ansiosamente quitó la carga de los hombros de su hermano levantándola sobre su propia espalda, echándose a los hombros la carga de los mundos. Cerró sus ojos, asegurándose con esfuerzo, y ¡he aquí! la carga rodó, y él se halló libre, y también Atlas.
Delante de él estaba parado el gigante y en su mano sostenía las manzanas de oro, ofreciéndolas, con amor, a Hércules. La búsqueda había terminado.
Las tres hermanas sostenían aún más manzanas de oro, y lo instaban también a recibirlas en sus manos, y Eglé, esa hermosa doncella que es la gloria del sol poniente, le dijo, poniendo una manzana en su mano, "El Camino hacia nosotras está siempre marcado por el servicio. Actos de amor son hitos en el Camino". Luego Erytheia, que cuida la puerta que todos debemos pasar ante el Grande que Preside, le dio una manzana, y en su costado, con luz, estaba escrita la dorada palabra Servicio. "Recuerda esto", dijo, "no lo olvides".
Y finalmente llegó Hesperis, la maravilla de la estrella vespertina, y le dijo con claridad y amor, "Sal y sirve, y anda por el camino de todos los servidores del mundo, de aquí en adelante y por siempre jamás".
"Entonces yo restituí estas manzanas para aquellos que siguen la misma ruta", dijo Hércules, y regresó de donde vino.
Entonces se paró ante el Maestro y rindió debida cuenta de todo lo que había acontecido. El Maestro le expresó su regocijo y luego, señalando con el dedo, indicó el cuarto Portal y le dijo: "Pasa a través de ese Portal. Captura la gama y entra una vez más en el Lugar Sagrado".

El tibetano

La Naturaleza de la Prueba

Llegamos ahora al tercer trabajo, en el signo de Géminis, concerniente al trabajo activo del aspirante en el plano físico, a medida que llega a una comprensión de sí mismo. Antes que este trabajo activo sea posible, debe haber un ciclo de pensamiento interior y anhelo místico; el esfuerzo tras la visión y un proceso subjetivo continuado, tal vez por muy largo tiempo, antes de que el hombre en el plano físico realmente empiece el trabajo de unificar alma y cuerpo.
Este es el tema de este trabajo. Es en este plano físico de la realización, y en el trabajo de ganar las manzanas de oro de la sabiduría, que la verdadera prueba de la sinceridad del aspirante tiene lugar. Un anhelo de ser bueno, un profundo deseo de indagar los hechos de la vida espiritual, esfuerzos tendientes a la autodisciplina, a la oración y la meditación, preceden casi inevitablemente, a este verdadero y constante esfuerzo.
El visionario debe volverse un hombre de acción: el deseo tiene que ser llevado al mundo de la consumación, y aquí yace la prueba de Géminis. El plano físico es el lugar donde se gana la experiencia y donde las causas, iniciadas en el mundo del esfuerzo mental, deben manifestarse y lograr objetividad. Es también el lugar donde se desarrolla el mecanismo de contacto, donde, poco a poco, los cinco sentidos descubren al ser humano, nuevos campos de conocimiento y le presentan nuevas esferas para la conquista y la realización.
Es el lugar, por consiguiente, donde se logra el conocimiento, y donde ese conocimiento debe ser trasmutado en sabiduría. El conocimiento, nosotros sabemos, es la búsqueda del significado, mientras que la sabiduría es la omnisciencia del conocimiento sintético del alma.
Sin la comprensión en la aplicación del conocimiento, nosotros sucumbimos; pues la comprensión es la aplicación del conocimiento a la luz de la sabiduría, a los problemas de la vida y al logro de la meta. En este trabajo, Hércules es enfrentado a la tremenda tarea de juntar los dos polos de su ser y de coordinar, o compensar, alma y cuerpo, para que la dualidad dé lugar a la unidad y se fundan los pares de opuestos.


Los Símbolos
Euristeo, habiendo observado a Hércules lograr control mental y después sojuzgar al toro del deseo y conducirlo dentro del Templo del Alma, ahora le señala la tarea de ir a buscar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. La manzana ha figurado durante mucho tiempo en mitología y en simbología. En el jardín del Edén, como sabemos, la serpiente dio la manzana a Eva; y al dar esa manzana, y con la aceptación llegó el conocimiento del bien y del mal.
Este es un método simbólico de contarnos la historia de la aparición de la mente, y de cómo empezó a funcionar en esa primitiva criatura, que no era ni animal ni estrictamente humana. Con el advenimiento de la mente llegó también el conocimiento de la dualidad, de la atracción de los pares de opuestos, de la naturaleza del alma, que es buena, y de la naturaleza de la forma, que es mala si retiene al alma y le impide su completa expresión. No es mala en sí misma.
Es digno de notar que en el jardín del Edén una sola manzana fue dada al ser humano, el símbolo de la separación, de la soledad. Hércules tuvo que buscar las manzanas de oro en otro jardín, y en el jardín de las Hespérides las manzanas eran el símbolo de la pluralidad, de la síntesis, y de los muchos, nutridos por el único árbol de la Vida.
A Hércules sólo se le dijeron tres hechos: que había un jardín encerrando un árbol en el cual crecían las manzanas de oro; que el árbol estaba custodiado por la serpiente de cien cabezas; que, cuando la encontrara, él encontraría allí estas tres hermosas doncellas. Pero no se le dijo en qué dirección estaba el jardín, y cómo encontrarlo.
Esta vez no estuvo limitado a tierras salvajes, asolados por yeguas comedoras de hombres; ni estuvo limitado a la pequeña isla de Creta. Todo el planeta tenía que ser explorado, y él fue de un lado a otro, de norte a sur y de este a oeste, hasta que por fin encontró a Nereo, que era experto en toda sabiduría y en todas las formas de lenguaje.
Él es llamado en algunos de los clásicos "el anciano del mar". No sólo era sabio, sino muy elusivo, asumiendo muchas formas, y rehusaba siempre dar a Hércules una respuesta directa. Finalmente, sugería con respecto a la dirección en la cual deberían ser buscadas las manzanas, enviándolo por su camino solo y algo desanimado, con apenas una vaga idea en cuanto a lo que tendría que hacer y dónde tendría que ir. Todo lo que él sabía era que tenía que volver hacia el
sur; un símbolo de retroceder en el mando, el polo opuesto del espíritu.
Apenas había hecho esto encontró la serpiente con quien tuvo que luchar *. En su búsqueda de las manzanas de oro en el plano físico, Hércules tenía que vencer, como lo hacen todos los discípulos, el espejismo y la ilusión; pues en el desarrollo de la aspiración espiritual, el discípulo es muy propenso a caer en el astralismo y el psiquismo inferior, en una forma y otra. A medida que Hércules luchaba con la serpiente, encontró que no podía vencerla hasta que descubrió, que sólo era invencible mientras estaba en contacto con la tierra. Simplemente tan pronto como Hércules levantó la serpiente (Anteo) en el aire, ésta se volvió completamente débil e incapaz de derrotarle.
Géminis es un signo de aire, un signo cambiante o común. El espejismo está siempre cambiando, tomando siempre una u otra forma. Atañe a la apariencia y no a la realidad, y la tierra se mantiene por las apariencias.
Habiendo vencido a la serpiente que se erguía en su camino, Hércules continuó con su búsqueda. Su próximo encuentro fue con el espejismo en otra forma. Busiris era un hijo de Poseidón, el dios de las aguas, pero su madre era una simple mortal. Él pretendía ser un gran maestro. Era fluído en el hablar y cautivador en lo que decía. Tenía grandes pretensiones, induciendo a Hércules a creer que él podría mostrarle el camino, que podría conducirlo a la luz, y que él
era el custodio de la verdad. Hércules fue completamente engañado.
Poco a poco cayó bajo el poder y el hechizo de Busiris; poco a poco rindió, su voluntad y su mente y lo aceptó como su maestro y guía. Finalmente, cuando Busiris tuvo a Hércules completamente bajo su control, le ató al altar del sacrificio y le forzó a olvidar a Nereo.
El mito relata que Hércules eventualmente se liberó y reanudó su búsqueda, amarrando a Busiris al altar sobre el cual él mismo había yacido. Nuevamente encontramos desaliento, tardanza, fracaso y engaño caracterizando esta parte de laprueba.
Buscando todavía por todas partes, él encontró a Prometeo atado a una roca con los buitres desgarrando su hígado. La vista de tal sufrimiento fue más de lo que Hércules podía soportar y se desvió de su búsqueda para liberar a Prometeo, poniéndose, por lo tanto, en una posición como para ahuyentar a los buitres.
Llegamos ahora al punto crucial del trabajo que constituye la verdadera prueba. Hércules encuentra a Atlas soportando la carga del mundo en sus hombros, y tambaleando bajo el peso de la tarea que había emprendido. Hércules está tan subyugado por la estupenda empresa de Atlas, y tan preocupado por sus sufrimientos mientras Atlas se esfuerza por llevar el peso del mundo, que abandona su búsqueda de las manzanas de oro. Olvida lo que ha salido a hacer y, apiadado, quita la carga de los hombros de Atlas y la soporta él.
Entonces, se nos dice en el maravilloso final de la historia, que Atlas, libre de su carga, va al jardín de las Hespérides, arranca las manzanas de oro sin ningún impedimento u obstáculo de parte de la serpiente de cien cabezas, con la ayuda entusiasta de las tres hermosas doncellas, y lleva las manzanas a Hércules, que ahora también permanece libre, a pesar de todos los obstáculos e impedimentos, desviaciones debidas al espejismo y la ilusión.
A pesar de los fracasos y la extensión de tiempo que a él le ha tomado para llegar a la sabiduría, Hércules obtiene las manzanas de oro. Reparar en que el opuesto, o el signo consumado, de Géminis, es el de Sagitario, el Arquero, que da en el blanco y se dirige sin impedimentos hacia la meta: ¡No hay desviaciones ni fracaso! Sólo hay un constante ir hacia adelante.

* También conocida en la mitología como el gigante Anteo, el hijo de Poseidón, dios de las aguas, y Gea, la Tierra. De ahí que, cuando estaba en contacto con la Tierra, su madre, él era invencible.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Los Siete Capítulos de Hermes




CAPITULO I



Esto es lo que dice Hermes: Durante el tiempo que he vivido no he cesado de realizar experiencias y siempre he trabajado, sin cansarme.



No poseo éste arte y ésta ciencia sino por la única inspiración de Dios; El es quien la ha querido revelar a su servidor, El es quien ha dado el medio para conocer la verdad a quienes saben usar de su razón y El jamás ha sido la causa de que alguien haya seguido el error o la mentira.



Por mi parte, y si no temiera el día del Juicio y la posibilidad de ser castigado por haber ocultado ésta ciencia, no hubiera dicho nada y nada habría escrito para enseñarla a quienes habrán de venir después de mí, pero he querido dar a los fieles aquello que les debo, y enseñarles lo que el Autor de la fidelidad me ha querido revelar.



Escuchad pues, hijos de los sabios filósofos, nuestros predecesores, pero no de un modo corporal o desconsiderado, la ciencia de los cuatro elementos que son pasibles y que pueden ser alterados y cambiados por sus formas y que están escondidos junto a su acción; porque su acción está escondida en nuestro elixir, y éste no podría actuar si no estuviera compuesto de la muy exacta unión de éstos elementos, y no será perfecto hasta que no haya pasado por todos sus colores, de los que cada uno denota el dominio de un elemento particular.



Sabed, hijos de los Sabios, que hay una división en el agua de los antiguos filósofos, que la divide en otras cuatro cosas. Una es de dos, y tres son de una, y al color de éstas cosas, es decir, al humor que coagula, pertenece la tercera parte, y las otras dos terceras partes son para el agua: Estos son los pesos de los Filósofos.



Tomad una onza y media del humor, y la cuarta parte de la rojez meridional, o del Alma del Sol, que será de una media onza, y tomad la mitad de Oropimente, que son ocho, es decir, tres onzas.



Y sabed que la viña de los Sabios se extrae en tres y que su vino es perfecto al terminar las treinta.



Concebid como se hace la operación: La cocción lo disminuye en cantidad y la tintura lo aumenta en calidad; porque la Luna comienza a decrecer después del decimoquinto día y crece al tercero. Esto será, por tanto, el principio y el fin.



He aquí que os acabo de declarar lo que estaba escondido, pues la obra está con vosotros y en vosotros, de modo que si la encontráis en vosotros mismos, donde está continuamente, también la tendréis siempre y en cualquier parte en que os encontréis, sea en la tierra o en el mar.



Por lo tanto, guardad la plata viva que se produce en los lugares o gabinetes interiores, es decir, en los principios de los metales compuestos de ella, donde está coagulada, pues ésta es la plata viva que se llama tierra que Permanece.



Aquel que no entienda mis palabras, que demande inteligencia a Dios, que de ningún malvado justifica las obras, más no rehúsa a ningún hombre de bien la recompensa que le es debida.

Pues yo he descubierto todo lo oculto de ésta ciencia, he revelado un gran secreto y he explicado toda la ciencia a quienes sepan entenderla.



Así pues, vosotros, investigadores de la ciencia, y vosotros, hijos de la Sabiduría, sabed que, cuando el buitre está en la montaña, grita en voz alta:

¡ yo soy el blanco del negro,

y el rojo del blanco,

y el anaranjado del rojo!

Ciertamente, digo la verdad.



Sabed también que el cuervo que vuela sin alas en la negrura de la noche y en la claridad del día, es la cabeza o comienzo del arte. El color lo toma de la amargura que está en su garganta, y la tintura sale de su cuerpo, y de su espalda se extrae un agua verdadera y pura. Por tanto, comprended lo que digo y de éste modo recibid el don de Dios que yo os comunico, pero ocultadlo a todos los imprudentes.



Es una piedra honorable que está encerrada en las cavernas o profundidades de los metales; su color la hace brillante; es un alma, o un espíritu sublime, y un mar abierto.



Yo os la he declarado: dad gracias a Dios porque os ha enseñado ésta ciencia, pues El ama a quienes aprecian sus dones.



Por tanto poned esta piedra, es decir, su materia, en un fuego húmedo, y cocedla. Este fuego aumentará el calor de la humedad y matará la sequedad de la in combustión, hasta que aparezca la raíz, es decir, hasta que el cuerpo sea resuelto en su mercurio. Después de esto, haced surgir la rojez de la materia, y su parte ligera, y continuad haciéndolo hasta que no quede más que una tercera parte.





Hijos de los Sabios, si se ha llamado envidiosos a los Filósofos no es porque hayan querido, jamás, ocultar nada a las gentes de bien ni a quienes viven piadosamente, ni a los legítimos y verdaderos hijos de la ciencia, ni a los sabios, si se les ha llamado así es porque la esconden a los ignorantes, es decir, a quienes no saben lo suficiente como para conocerla, a los viciosos y a quienes viven sin ley ni caridad, por temor de que, por éste medio, los malvados se pudieran volver poderosos y cometieran toda clase de crímenes, de los que, ante Dios, serían responsables los Filósofos pues todos los malvados son indignos de poseer la Sabiduría.



Sabed que a ésta piedra yo la llamo por su nombre: si los filósofos la llaman Mujer de la Magnesia, o Gallina, o Saliva Blanca, o Leche de las Cosas Volátiles, y Ceniza Incombustible, es con el fin de esconderla a los imprudentes, que no tienen ni sentido, ni ley, ni humanidad. Pero yo la he denominado con un nombre muy conocido al llamarla Piedra de los Sabios. Conservad el mar, el fuego y el volátil del cielo en esta piedra, hasta su aparición.



Y os conjuro a todos, ¡oh, hijos de los Filósofos! en nombre de nuestro Bienhechor, a fin de que se os haga una gracia tan singular como es la de no declarar jamás el nombre de ésta piedra a ningún loco, a ningún ignorante, ni a nadie que sea indigno de tal cosa. Por lo que a mi concierne, puedo decir que nadie me ha dado nada sin que yo se lo haya devuelto enteramente. Jamás le he faltado al respeto que le debo y siempre he hablado honrosamente de él.

Hijo mío, ésta piedra está envuelta de muchos colores que la esconden, pero sólo hay uno que indique su nacimiento y entera perfección; sabed cual es ese color y jamás digáis nada de él.



Con la ayuda de Dios Todopoderoso, esta piedra os librará de todas las enfermedades, por graves que sean, os preservará de toda tristeza y aflicción y de todo cuanto os pueda dañar en cuerpo o en espíritu. Además, os conducirá de las tinieblas a la luz, del desierto al hogar y de la necesidad a la abundancia.



CAPITULO II



Hijo mío, ante todo te advierto que has de temer a Dios, pues El es quien hará que tu operación resulte y quien unirá cada uno de los elementos separados.



Hijo mío, ya que no te considero privado de razón, ni insensato, has de razonar todo lo que se te dirá acerca de nuestra ciencia, recibir mis exhortaciones y meditar sobre las lecciones que yo te impartiré, hasta que las entiendas, como si tú mismo fueras su autor.



Del mismo modo que aquello que naturalmente es cálido no puede volverse frío sin ser alterado, así también, quien usa bien de su razón ha de cerrar la puerta a la ignorancia, por temor de que, al creerse seguro, se equivoque.



Hijo mío, toma el volátil, sumérgelo hasta que se eleve y sepáralo de su herrumbre, que lo mata. Quítala y apártala de él con objeto de que se transforme en viviente, según es tu deseo. Después de esto ya no deberá elevarse en el vaso, sino que deberá retener y fijar visiblemente todo cuanto haya de volátil. Pues, si lo apartas de una segunda aflicción, después de retirarlo de la primera y si durante los días, de los que ya sabes el número, lo gobiernas con destreza será para ti una compañía como la que necesitas, y separándolo, serás su dueño y él te servirá de adorno.



Hijo mío, del rayo de luz separarás la sombra y todo cuanto tenga de impuro, pues sobre él hay nubes que lo esconden e impiden que brille, a causa de que está quemado por la presión y la rojez.



Toma esta rojez que ha sido corrompida por el agua, de igual manera que la ceniza viva contiene el fuego, y si la retiras de modo que la rojez quede limpia y purificada, harás una unión en la que él se calentará y reposará.



Hijo mío, vuelve a poner en el agua, durante los treinta días que ya sabes, el carbón, cuya vida ha sido extinguida.



¡Oh, obra nuestra, que reposas sobre el futuro de éste Oropimente que no tiene ninguna humedad! He aquí que he colmado de alegría los corazones de aquellos que esperan en ti, ¡oh, elixir nuestro! y he alegrado los ojos de los que te estiman, con la esperanza del bien que contienes en ti.



Hijo mío, ten por seguro que el agua está encerrada, primeramente en el aire, y después en la tierra, por eso la has de hacer subir hacia lo alto a través de sus conductos y transformarla con discreción; seguidamente la has de unir a su primer espíritu rojo, que previamente ha sido recogido.



Hijo mío, te digo que el ungüento de nuestra tierra es un azufre, Oropimente, Goma, Colcotar, que es azufre, Oropimente e, incluso, diversos azufres y cosas parecidas, a cual más vil, y entre ellas hay diversidad. De ellas proviene el ungüento de la Cola, que son pelos, uñas y azufre. De ahí también viene el Aceite de las Piedras, y el Cerebro, que es el Oropimente. De ahí, a su vez, proviene la Uña de los Gatos, que es Goma, y el ungüento de los Blancos, y el ungüento de las dos Platas vivas Orientales, que persiguen los azufres y contienen los cuerpos.



Además digo que el azufre tiñe y fija, y que está contenido y encerrado, y que se produce por la unión de las tinturas. Y los ungüentos tiñen y fijan lo que está contenido en los cuerpos, y por éste único medio se realiza la unión de las cosas volátiles con los azufres aluminosos, que retienen y fijan todo cuanto hay de volátil.



Hijo mío, la disposición que buscan los Filósofos es particular de nuestro Huevo, y no se encuentra en el huevo de gallina; sin embargo hay algún parecido entre nuestra divina obra, que es la obra de la Sabiduría, y el huevo de la gallina, debido a que en una y en otro los elementos están unidos y puestos en orden.



Sabe pues, hijo mío, que de éste parecido y de ésta proximidad de naturaleza se puede sacar una gran enseñanza para el conocimiento de nuestra obra; pues en el huevo de gallina hay una sustancia que representa la materia acuosa de la obra, llamada espiritual o espíritu, y hay otra parecida al Oro, que es la tierra de los Filósofos; y en estas dos sustancias se nota de modo visible la unión y el ensamblaje de los cuatro elementos.

El hijo ha preguntado a Hermes: los azufres que convienen a nuestra obra, ¿son celestes o terrestres? y Hermes ha respondido: los hay celestes y los hay terrestres.



El hijo le ha dicho: padre mío, creo que el Cielo es el corazón de las cosas superiores, y que la tierra lo es de las inferiores. A ello, Hermes ha respondido: no dices bien; pues el macho es el cielo de la hembra y la hembra es la tierra del macho.



A continuación, el hijo le preguntó: ¿cual de los dos es más digno de ser el cielo o de ser la tierra? Hermes respondió: tienen necesidad el uno del otro, porque en todos los preceptos no se pide sino mediocridad, como quien dice: el Sabio gobierna a todos los hombres; pues el mediocre es el mejor, dado que cualquier naturaleza se asocia y mejor se une a lo que le es semejante, y nuestra ciencia, que se llama Sabiduría, nos hace ver que sólo se unen las cosas mediocres y templadas.



Dijo entonces el hijo: padre mío, ¿cual de ellos es mediocre? Y Hermes respondió: en cada naturaleza hay tres de dos. El agua es necesaria en primer lugar, después el ungüento o azufre, y las heces o impurezas que permanecen abajo.



El Dragón se encuentra en cada una de estas cosas: las tinieblas son su morada, y la negrura está en ellas, y por esta negrura asciende al aire, y éste aire es el cielo, donde él comienza a aparecer como por su oriente; pero dado que éstas cosas se elevan como un humo y se evaporan no son, por lo tanto, ni permanentes, ni fijas.



Haz salir el humo del agua, quita la negrura del ungüento y expulsa la muerte de las heces y de la impureza; y una vez realizada la disolución por la victoria que las dos materias obtienen una sobre la otra, y uniéndolas de modo que se mantengan juntas, entonces se tornarán vivientes.



Hijo mío, has de saber que el ungüento mediocre, es decir, el fuego, ocupa el medio entre las heces y el agua, porque se las llama ungüento y azufre, y hay una gran afinidad entre el fuego, el aceite y el azufre, pues del mismo modo que el fuego lanza una llama, así mismo hace el azufre.



Sabe, hijo mío, que toda la Sabiduría del mundo está por debajo de la Sabiduría que yo poseo, y todo lo que su arte puede hacer consiste en restituir esos elementos ocultos y encerrados, lo cual es una cosa maravillosa.



Por tanto, aquel que desee ser iniciado en esta Sabiduría oculta que poseemos, ha de rehuir el vicio de la arrogancia, ser piadoso, ser hombre de bien, tener un profundo razonamiento y guardar los secretos que le hayan sido descubiertos.



Además, te advierto hijo mío, que nada sabe y nada avanzará, quien no sepa mortificar, hacer una nueva generación, vivificar los espíritus, purificar, introducir la luz hasta que los elementos se combatan, se coloreen y sean limpiados de sus manchas, como son la negrura y las tinieblas. Pero si sabe lo que acabo de decir, será elevado a una gran dignidad, hasta el punto que los Reyes sentirán veneración por él.



Hijo mío, estamos obligados a guardar éstos secretos y a esconderlos de todos los malvados y de aquellos que no tienen ni la suficiente sabiduría, ni la discreción suficiente como para guardarlos y hacer buen uso de ellos.



Además has de saber que nuestra piedra está hecha de muchas cosas y de muchos colores, que está hecha y compuesta de cuatro elementos unidos, que hemos de separar éstos elementos, desunirlos y ponerlos aparte, como si fueran distintas piezas.



También hemos de mortificar en parte la naturaleza o principios que están en esta piedra; conservar el agua y el fuego que están en ella y que están compuestos de los cuatro elementos y retener o fijar sus aguas por su agua, que no es, sin embargo, agua en cuanto a su forma exterior o aparente, sino un fuego que asciende sobre las aguas conteniéndolas en un vaso que ha de estar entero y sin fisura, para que los espíritus no se escapen y no salgan de los cuerpos. Si son retenidos así, se tornan fijos y tingentes.



¡Oh, bendita forma o apariencia del agua Póntica que disuelve los elementos! Y a fin de que, con ésta alma acuosa poseamos la forma sulfurosa, es decir, a fin de que la composición, que es parecida al agua, se convierta en tierra o azufre, es preciso que la mezclemos con nuestro Vinagre. Pues, cuando por potencia y virtud del agua, se disuelva el compuesto, tendremos entonces la llave o el medio asegurado de restablecerlo y rehacerlo. Entonces la muerte y la negrura los abandonan y la Sabiduría, es decir, la obra de la Sabiduría, empieza a aparecer. Quiero decir que el Artista conocerá con ello que ha conducido bien y sabiamente su operación, y que está en la verdadera vía que han seguido los Filósofos.



CAPITULO III



Has de saber, hijo mío, que los Filósofos hacen lazos, o fuertes ligaduras, para combatir contra el fuego, porque los espíritus desean estar y se complacen en habitar los cuerpos que han sido lavados.



Y cuando los espíritus se unen a ellos, éstos espíritus los vivifican y en ellos permanecen, y los cuerpos retienen estos espíritus sin dejarlos jamás.



Entonces, los elementos que están muertos se transforman en vivientes y tiñen los cuerpos compuestos con tales elementos. Se alteran y cambian y hacen obras admirables y permanentes, como dice el Filósofo.



¡Oh, forma acuosa del agua permanente que creas los elementos con los que está compuesto nuestro Rey y que, con un régimen templado, después de adquirir la tintura y uniéndote a tus hermanos, reposas, porque has llegado a tu fin !



Nuestra piedra muy preciosa, arrojada al estercolero, nos es muy querida aunque considerada en su conjunto sea vil e incluso muy vil; entonces deberemos mortificar y vivificar dos mercurios a la vez, que son el mercurio del Oropimente y el mercurio oriental de la Magnesia. ¡Oh, que gran obrera es la Naturaleza, que crea los principios naturales y retiene lo que éstos principios tienen de mediocre después de separar de ellos las crudezas y groseras impurezas. Esta Naturaleza ha venido con la luz y ha sido producida con la luz, que ha dado nacimiento a una Nube tenebrosa, y ésta Nube es la madre de toda la obra.



Después de haber unido al Rey coronado con nuestra Hija roja, ésta, a través de un régimen de fuego templado que no pueda dañar nada, concebirá un Hijo, que se unirá a ella y permanecerá encima de ella.



Ella nutre al Hijo y gracias a éste pequeño fuego lo torna fijo y permanente, y así, el Hijo vive de nuestro fuego. Y cuando se deje el fuego sobre la hoja de azufre será necesario que el término de los corazones penetre en él, que así sea lavado y que así la suciedad se aleje de él. Entonces se transforma, y cuando sea retirado del fuego, su tintura permanecerá roja como la carne viva.



Nuestro Hijo, que ha nacido Rey, recibirá su tintura del fuego, tras lo cual la muerte, el mar y las tinieblas lo abandonarán, porque se transformará en viviente, se desecará, se convertirá en polvo y tendrá un brillo vivo y resplandeciente.



El Dragón, que guarda las cavidades, huye de los rayos del Sol.



Nuestro Hijo, que estaba muerto, recobrará la vida. Saldrá del fuego siendo Rey y, en su boda y unión, se regocijará. Lo que estaba oculto y escondido aparecerá, manifiesto y evidente y la Leche de la Virgen será blanqueada.



El Hijo, después de recibir la tintura, combatirá contra el fuego y poseerá una tintura que será la más excelente de todas las tinturas, porque tendrá el poder de hacer el bien, comunicando esta tintura a sus hermanos, y poseerá en sí mismo la Filosofía, porque él mismo es su fruto y su obra.



¡Venid, hijos de los Sabios, alegrémonos juntos, manifestemos nuestro gozo con clamores de alegría, porque la muerte está consumada. Nuestro Hijo ya reina, lleva la vestimenta roja y va revestido con su púrpura !



CAPITULO IV



Escuchad, hijos de los Sabios, cómo grita ésta piedra: ¡Defendedme y yo os defenderé. Dadme lo que me pertenece y yo os ayudaré.

Mi Sol y mis rayos están en mi interior, y la Luna, que me es propia y particular, es mi luz, que supera a cualquier otra luz, y mis bienes valen más que cualquier otro bien. A quienes me conocen yo otorgo la alegría, la satisfacción, la gloria, las riquezas y los placeres sólidos; además les doy la perfecta inteligencia de aquello que buscan con tanta solicitud, y les doy, en fin, la posesión de las cosas divinas.



Escuchad, porque voy a descubriros aquella ciencia que los antiguos Filósofos escondieron: es una cosa cuyo nombre está comprendido en siete letras y que sigue a dos Alfa y Eta. El Sol también sigue a la Luna y viene después de ella, pero quiere tener el dominio y ser el dueño de la obra; quiere conservar a Marte y teñir al Hijo del agua Viva, que es Júpiter, y éste es el secreto que escondieron los Filósofos.



Vosotros que me escucháis: comprendedme y de ahora en adelante llevemos a la práctica lo que sabemos. Lo que he escrito os lo declaro después de haberlo investigado cuidadosamente y de haberlo meditado muy sutilmente. Conozco cierta cosa que es única.



Pues ¿quien comprenderá nuestra ciencia? tan solo aquellos que la estudian seriamente, quienes la investigan con gran aplicación empleando toda la fuerza de su espíritu y de su razón para descubrirla.



Ved que de un hombre no puede salir sino un semejante y de un animal nada más que otro animal, y si sucede que dos animales de distintas especies se acoplan nacerá uno que no se parecerá ni a uno ni a otro.



Y ahora Venus dice: Yo engendro la luz y las tinieblas no son de mi naturaleza, y si no fuera porque mi metal es seco, todos los otros cuerpos tendrían necesidad de mí. Porque yo los fundo, yo expulso su herrumbre y extraigo su sustancia, por tanto, nada es mejor, ni merece ser más honrado que mi Hermano y yo cuando estamos unidos.



Pero el Rey, que tiene el dominio de la obra, dice a sus hermanos, que por su transmutación rinden testimonio de ésta verdad:



Yo he sido coronado, yo he sido ornado con la Diadema, llevo el manto real y lleno los corazones de alegría; cuando me encuentro en los brazos y regazo de mi madre y me uno a su sustancia, retengo y sujeto ésta sustancia, fijándola, y con lo que es visible preparo y compongo lo invisible. Entonces, lo que está oculto y escondido se hace manifiesto y aparece, y todo cuanto ocultaron los filósofos de su obra será producido y engendrado de un modo evidente por nosotros dos.



Comprended bien éstas palabras, vosotros que me escucháis, conservadlas cuidadosamente en vuestro corazón, meditadlas atentamente y no busquéis otra cosa.



¿No veis que el hombre, cuyas entrañas son de carne, es engendrado por un principio de la Naturaleza que es de sangre, con el que ha sido hecha la carne? El hombre no podía ser hecho de otro modo, ni formado con otra cosa. Meditad lo que acabo de decir y abandonad todo lo superfluo y extraño.





Por eso el Filósofo ha dicho: Botri está hecho del anaranjado que se extrae del nódulo rojo, no de otra parte, y si podéis hacerlo anaranjado, será un logro de vuestra Sabiduría y un testimonio de la certidumbre de vuestra ciencia. No deseéis ni pretendáis mas que hacer surgir del rojo éste color anaranjado. Ved que no me he servido de un juego de palabras y, si me entendéis, veréis que poco ha faltado para que, sin querer, lo hiciera.



Hijos de los Sabios, quemad el cuerpo del Latón a fuego fuerte y os entregará lo que buscáis. Evitad que lo que huye vuele de lo que no huye, y haced que no lo deje ni se separe de él.

Haced de modo que repose y permanezca sobre el fuego, por muy áspero que éste sea. Y lo que será corrompido por el violento calor del fuego, es Cambar.



Sabed que el Latón es una parte de esta agua permanente, que es su tintura y que aquello que ha producido su negrura se transforma en rojo verdadero.



Juro ante Dios que no he dicho sino la verdad, y que aquellas cosas que destruyen son las mismas que perfeccionan. Por eso nada puede ser enmendado o mejorado si previamente no es corrompido, y ésta corrupción hará aparecer la mejora y la perfección, y una y otra son una señal esencial de la verdad del arte.



CAPITULO V



Hijo mío: lo que nace del Cuervo es el principio de éste arte. He aquí que he oscurecido lo que os he dicho y le he quitado su claridad con un juego de palabras diciendo que lo que está unido está separado y lo que está muy próximo está muy alejado.



Por tanto, asad éstas materias y a continuación cocedlas por espacio de siete, catorce y veintiún días en aquello que proviene del vientre de los caballos. Entonces se hace el Dragón, que se come sus alas y se mortifica a si mismo. Después de esto lo pondréis en un pedazo de tela y al fuego del horno, y tened cuidado de que no escape del vaso.



Y sabed que los tiempos de la tierra están en el agua y que siempre se hace el agua hasta que ponéis la tierra sobre ella. Cuando la tierra esté quemada y reducida a agua, tomad su cerebro y trituradlo con el Vinagre muy Fuerte y la Orina de los Niños, hasta que oscurezca.



Una vez se ha hecho ésta, vuestro Magisterio vive en la putrefacción, las nubes negras que estaban en él antes de que muriera se transformarán y convertirán en su cuerpo y si se rehace según la manera que he descrito, morirá una segunda vez y después recibirá la vida, tal como he dicho.



Por lo demás, nos servimos de espíritus tanto en la vida como en la muerte; pues del mismo modo que muere cuando sus espíritus le son retirados se reaviva cuando le son restituidos y se regocija de ello.

Si podéis llegar hasta aquí os aseguro que tendréis la satisfacción de ver lo que buscáis. Aquí os digo las señales que alegran a quienes las ven y aquello que fija su cuerpo.



Y a pesar de que vuestros predecesores hayan llegado con ésta operación a lo que se proponían hacer, sin embargo están muertos.



Ya os he mostrado el cumplimiento o el fin de la obra, he abierto el Libro a los que saben y he velado a los demás las cosas que a ellos han de estar ocultas y desconocidas; he unido e incorporado entre si aquellas cosas que estaban separadas y que tenían distintas figuras y he unido los espíritus.



Recibid éste don de las manos de Dios.



CAPITULO VI



Estamos obligados a dar gracias a Dios, que da a todos aquellos que son sabios una ciencia tan admirable que nos libera de la miseria y la pobreza, y de que haya encerrado tantas maravillas en la Piedra de los Sabios.



No obstante, aquellos a quienes no hace una gracia tan singular, no tienen menos motivos de agradecimiento por todas las cosas que produce continuamente para su subsistencia y que son otros tantos milagros que realiza incesantemente para todos los hombres. Y si no están contentos con todos estos bienes y aspiran a esta ciencia, deben pedir esta gracia a Dios con continuas y fervientes plegarias para obtener su conocimiento durante su vida.



Por otra parte, y a fin de que no les induzca a error lo que antes he dicho de los ungüentos que extraemos de las uñas, de los pelos, del moho, del tragacanto y de los huesos, les advierto que esas son las palabras que los antiguos Filósofos utilizaron en sus libros en sentido figurado y que no han de tomarse al pie de la letra. Aun nos falta explicar más ampliamente la disposición o preparación del ungüento que contiene en si las tinturas, que coagula y fija las cosas volátiles y que embellece los azufres [ ... ]

Es un ungüento oculto y velado del que no parece se haya de hacer ninguna preparación y que permanece en su cuerpo como el fuego en los árboles y en las piedras. Y hay que obtener este ungüento con una industria muy sutil y con un grande artificio, y cuidar que no se queme [ ... ]



Y sabed que el cielo está unido a la tierra, por lo que es mediocre, porque el agua, que es lo mediocre, tiene una común figura con el cielo y con la tierra.



El agua es la primera cosa que sale de esta piedra, el oro es la segunda, la tercera es una cosa que es casi oro y mediocre y por lo tanto más noble que el agua y que las impurezas.



El humo, la negrura y la muerte se encuentran en esas tres cosas. Hay que extraer, por tanto el humo que está sobre el agua, separar la negrura del ungüento y expulsar la muerte de las heces. Esto lo haremos por medio de la disolución, y con ello obtendremos una soberana filosofía y el secreto de todos los secretos.



[He dejado en este capítulo dos lagunas señaladas entre corchetes a causa de que en esos lugares falta algo y que la traducción de Joli es más amplia. Dado que en su comienzo (esa traducción) es distinta, añado aquí este capítulo entero tal como lo ha traducido él. Nótese que lo que está en una letra distinta es lo que no está en los ejemplares latinos ni, en consecuencia, en la traducción que yo he realizado.]



traducción del

CAPITULO VI

por Joli



Tenéis que dar gracias a Dios, que otorga esta ciencia a todo sabio, que nos libera de toda miseria y pobreza.



Agradecedle todos los dones y milagros que ha puesto en esta naturaleza, y rogadle que mientras vivamos vayamos hacia El. Además, hijo mío, los ungüentos que extraemos de los libros de los autores están escritos de uñas, pelos, latón verde, tragacanto y huesos. Por otra parte es preciso exponer la disposición del ungüento que coagula las naturalezas fugitivas, que adorna los azufres prefiriéndolos a cualquier otro ungüento perfecto. Pues sabemos la esencia de su vaso y lo precioso que es y se llama divino azufre y figura a los otros ungüentos; y es el ungüento oculto y velado, del que no se ve ninguna disposición y habita en su cuerpo como el fuego en los árboles y en las piedras y que se ha de extraer por medio de un arte y un entendimiento sutil, sin ninguna combustión.



Has de saber, hijo mío, que aquel que no conoce la diferencia, no conoce bastante bien los dos azufres; no es que los ungüentos que se subliman de las piedras sean azufre, para hacer la tintura, pero los dos, mezclados con sus cuerpos conforman uno que es perfecto. Y conviene saber que reinan dos azufres, pero huyen y conviene separarlos perfectamente bien y retenerlos en su huida. Y sabed que el cielo se une mediocremente con la tierra y lo mediocre se figura con el cielo y con la tierra, y es el agua. Y la primera es agua que sale de ésta piedra, y el segundo, ciertamente, es el oro, y el tercero, la suciedad; y el mediocre es el oro, que es más noble que la suciedad. Y en esos tres está el humo, la negrura y la muerte. Por tanto, hay que expulsar el humo que está encima del agua, la negrura del ungüento y de las heces, la muerte, y esto se hace por disolución. Y aquí tenemos una gran filosofía y el secreto de los secretos.



CAPITULO VII

y último



Hijos de los Filósofos, hay siete cuerpos o metales, entre los que el oro ostenta el primer rango, porque es el mas perfecto de todos, por eso se le llama Rey y Jefe.



La tierra no podría corromperlo, las cosas ardientes no lo destruyen, el agua no lo altera ni cambia, porque su complexión es templada y está compuesto a partes iguales de calor, frialdad, sequedad y humedad, y en él no hay nada superfluo. por eso los Filósofos lo han preferido a todos los demás, teniéndolo en gran estima, asegurándonos que el oro, por su resplandor es, en relación a los metales, lo que el Sol es entre los astros a causa de su luz, más resplandeciente que la de los demás. Así como es el Sol quien, por voluntad de Dios, hace nacer y crecer todos los vegetales y quien produce y madura todos los frutos de la tierra: el oro también contiene a todos los metales en perfección. Es él quien los vivifica, porque él es el fermento del elixir, y sin él, el elixir no puede ser perfecto.



Porque, del mismo modo que la masa no podría ser fermentada sin levadura, asimismo, cuando hayáis sublimado y lavado el cuerpo, cuando hayáis expulsado la negrura de las heces, que las hace desagradables, y con el fin de unir entre si a este cuerpo y a estas heces, poned el fermento y haced agua de la tierra, hasta que el elixir se convierta en fermento, como la masa se hace levadura por la levadura que se une a ella.



Si consideráis y examináis bien la cosa, encontraréis que el fermento que deberá ser unido a la obra no ha de tomarse de otra cosa que no sea de su misma naturaleza, pues ¿no veis que la levadura se toma de la pasta que ha sido fermentada?



Y sabed que el fermento blanquea la composición e impide que se queme, retiene la tintura y la vuelve fija y permanente, alegra los cuerpos y los une entre si haciéndolos penetrantes.



Y esta es la Llave de los Filósofos y el fin al que se dirigen todas las operaciones que se realizan en la obra. Por medio de esta ciencia los cuerpos se hacen más perfectos de lo que eran, y con la ayuda de Dios se realiza la obra, del mismo modo que por el desprecio y la mala opinión que se tiene de este fermento la obra se pierde y no se realiza.



Pues lo que la levadura es a la masa, el cuajo a la leche en cuanto a los quesos, que se hace de ella, y lo que es el almizcle en los perfumes, lo es el color del oro para la tintura roja y su naturaleza no es, ciertamente, una maravilla.



Por eso, con el hacemos la Seda, es decir, el elixir, y con él hemos hecho la tinta con que hemos escrito, y teñimos el barro del sello real y en él hemos puesto el color del cielo, que fortifica la vista de quienes lo miran.



Por tanto, el oro es la piedra muy preciosa que no tiene impurezas y que es templada. Y ni el fuego ni el aire, ni el agua ni la tierra podrían corromper este fermento universal, que por su composición templada, rectifica y sitúa todos los cuerpos imperfectos en una justicia y una temperatura moderada e iguales, transmutándolas en oro.



Y este fermento es amarillo o anaranjado.



El Oro de los Sabios, una vez cocido y bien digerido por medio del agua ígnea o del agua-fuego hace y compone el elixir. Pues el Oro de los Filósofos es más pesado que el plomo y por su composición templada y equilibrada, es el fermento del elixir. Como, por el contrario, lo que no es templado está hecho con una composición desigual.



Por lo demás, la primera obra se hace del vegetal, y la segunda del animal, de lo que tenemos un ejemplo (en el huevo del pollo, del que se forma un pollo) en los elementos que se forman visiblemente. Y nuestra tierra es oro, con el que hacemos la Seda, que es el fermento del elixir.



Hermes

martes, 25 de mayo de 2010



CUAL PUEDE SER EL GRAN SECRETO?
R:.H:. VÍCTOR SALAZAR SOTO
Venerable Maestro
R:.L:.S:.GENESIS DE AMÉRICA N. 144
Oriente Estados Unidos
MASONES DE LA LENGUA ESPAÑOLA NEW YORK

LOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS
DE CADA DÍA QUE SE DAN
MUESTRAS LUZ A LA VERDAD OCULTA.

Cada día nos acercamos a la conclusión de que en los primeros tiempos fuimos visitados y al parecer aun se sigue dando. Y las evidencias las hay día a día con encuentros y avistamiento de aquello mal demonizado UFO, con personas que no tienen que ver los gobiernos u organizaciones mundiales, pero la incredulidad es tan grande; las personas solo vemos intereses personales, económicos y políticos. (LA PRESENCIA DE ESTOS SERES ESTA REGUISTRADA TANTO EN LAS LEYENDAS LOS MITO EN LA HISTORIAS DE LOS PUEBLOS Y EN LOS LIBROS SAGRADOS DE TODOS LOS TIEMPOS)

Ahora bien, estos grandes intereses han creado grupos de poder que están trayendo hambre y guerras, con la consiguiente desgracia del planeta y nosotros los miembros de la HERMANDAD somos parte de este MEA CULPA. Muchos de nuestros miembros asisten a interesantes e importantes eventos nacionales e internacionales, en los cuales se dicen tantas cosas, que quedan registradas en los libros y informes de estas importantes actividades. Pero y DESPUES, aquí que todo, en papeles, videos o material informático; tanto dinero que se gasta y nada. Y yo pregunto y alzo mi voz rompiendo el pacto infame de hablar en el silencio y os digo PORQUE LOS MASONES NO NOS PONEMOS A TRABAJAR, dejando absurda diferencias, "yo soy de aquí y el es allá o que ella y ello son importantes para saber quien tiene derecho", dejémonos de chauvinismo insípidos e infertiles y pongámonos a trabajar todas las ideas dormida en nuestros libros. (TRABAJA POR EL CAMBIO, PARA EL BIEN DE LA HUMANIDAD; NO ESPERES QUE OTRO HAGA, LO QUE TU PUEDES HACER)

Es así, que debemos entender que nuestro secreto tiene un origen en "ELLOS" los que fueron llamados los Dioses - los Semidioses (unión de los ELOHIM con seres de la tierra) y los Héroes.

¿Quienes son de donde vinieron y que quiere o hacen aquí?

Para los versados en esta materia, este hecho sugieren que si quisieran hacernos daño ya lo habrían hecho por su alta tecnología, dado que su presencia esta registrada desde los tiempos inmemoriales de la Historia no escrita de la Humanidad. Cabe entonces una interrogante ¿que paso?, según LOS VEDAS (INDIA) narran las guerras de los dioses y otras tradiciones como LA BIBLIA hacen referencia a detonaciones nucleares que destruyo pueblos. ¿Pero, porque? La Biblia dicen porque eran Pueblos que estuvieron en pecado, ¿será esta la verdad?, esta afirmación religiosa.

Recomiendo leer el Libro de Enoch en que nos narra la llegada de 200 "Ángeles" (no serian estos "ángeles" los que hoy definimos como "AUSTRONAUTAS" ) que se mezclaron con las hijas de los hombres.
"Así pues, cuando los hijos de los hombres se hubieron multiplicado, y les nacieron en esos días hijas hermosas y bonitas. Los ángeles, hijos de los cielos, la vieron, y las desearon y se dijeron entre ellos: "Vamos escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y engendremos hijos' Entonces SEMYAZA, su líder, les dijo: temo que quizá no queréis {realmente} cumplir esa obra, y yo seré, yo solo, responsable de un gran pecado.
Pero todos le respondieron: Hagamos todos un juramento, y prometamos todos con un anatema no cambiar de destino, sino ejecutar realmente (ese destino)". Cap. 7- Ver. 1-6. Libro de Enoch.
Así pues, los que eran 200 descendieron sobre el monte Herman; y se unieron con las hijas de los hombres y engendraron hijos, ellos fueron los semidioses los héroes de la historia. Ellos rompieron el equilibrio armonioso del mundo, enseñando la magia y la ciencia de la naturaleza. Asimismo inculcaron el arte de trabajar los metales, la mezcla de ellos permitió fabricar las espadas, los machetes, el escudo, la coraza del pecho y muchas cosas mas para lo macho y hembra del planeta. Ellos enseñaron las ciencias a los hombres las matemáticas, la astronomía, la escritura y otras ciencias más, interesante esta parte porque entonces Tubal Caín no seria el primer Herrero que trabajo y enseño el arte de trabajar y mezclar los metales. Ya que esta ciencia es mucho más antigua.

La presencia de estos "DIOSES" o de "DIOS" venidos de arriba se encuentras en la narración milenarias no solo del politeísmo, sino también en monoteísmo religioso de oriente y de occidente y muchos de estos escritos hacen referencia que el triangulo y el cuadra forman el numero 7, que esta representado en el mandil Masónico. Los antiguos escritos de oriente hacen referencia de seres venidos de otros lares(MUNDO) como resultante de la guerra en el cielo entre los ángeles. La rebelión mencionado un termino la luz que puede ser entendida por conocimiento que a la vez se interpreta como la búsqueda de la luz(verdad) en base a ciencia, esto nos hace recordar el mito de Prometeo, el que robo la luz a los dioses y se la dio a los hombres. Esta rebelión esta narrada el todo las tradiciones mito leyendas y religiones. Las tradiciones hacen referencia que el HUMANO fue creado en un "laboratorio" , llamado Edén, una tierra rica en vegetación y agua, ¿quizás somos hijos de primer experimento genético mezcla de ADN?, Y la ciencia esta comprobando que los primeros padres de la raza humana eran de tes negra o mejor dicho la PRIMERA EVA FUE NEGRA; dicen además, la historia ancestral, que los primeros seres eran unicelulares macho y hembra juntos unidos en un solo. Por eso la biblia dice: "… y fue Hecho a imagen y semejanza hombre y mujer". Otros relatos refieren a un personaje denominado como Samael (IBLIS) la (serpiente Elohim) conoció a EVA la sedujo y mantuvo relaciones sexuales y de ese relación nacerá el KAIN bíblico, por eso el rechazo de ADAN a DAIN. De la unión real de ADAN - EVA nacerá el ABEL y también una hija llamada ACLINIA, la cual es ignorada misteriosamente por la religión monoteísta de origen judío y árabe, que otros fuentes identifican también como awon(escritos sumerios) y de la cual KAIN estaba enamorado.

KAIN era considerado un ser inteligente y diferente a sus hermanos ya que EL tenia un origen diferente. Con la del Ángel Samael y EVA terrestre. De la descendencia de KAIN nacerá una raza diferente, semí divina si cabe esta palabra, que poseía un conocimiento en los artes y ciencias. CAIN se va a la tierra de Enoc (ENOC fue un instructor de los 32 guardianes que llegaron a nuestro planeta encargado de ayudar e instruir a la humanidad pero estos 32 seres fracasaron algunos se unieron a la rebelión de luz bel y el proyecto fracaso. Enoc que no es el ENOCH que narra la llegada de los 200 ángeles en "EL LIBROS DE ENOCH") se lleva a su hermana ACLINIA (awon) a la cual hará su mujer y con ella iniciaran, lo que se conoce como el Clan de los AMNOS de donde saldrán como descendiente TUBAL KAIN. Y genera la leyenda de HIRAM ABIFF.

La tradición oral mística y ancestral refiere que es estos 32 instructores o MM:. de la humanidad han de redimir el fracaso del proyecto y están trabajando para que el hombre ocupe su puesto que perdió, y sea el numero 33, que es el numero de la armonía universal de la creación.
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