lunes, 19 de julio de 2010

Trabajo 5 Matando al León de Nemea (Leo, 22 julio - 21 Agosto)



El Mito
El Gran Presidente se sentó dentro de la Cámara del Concilio del Señor y allí discutió el plan de Dios para todos los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios. El Maestro permanecía a su derecha y escuchaba sus palabras. Y Hércules descansaba de sus trabajos.
Y el Gran Presidente, dentro de la Cámara del Concilio del Señor, observaba el reposo del cansado guerrero y vigilaba sus pensamientos. Él le dijo entonces al Maestro que se mantenía a su lado dentro de la Cámara del Concilio del Señor: "El tiempo para un terrible trabajo se acerca ahora. Este hombre, que es un hijo de hombre y no obstante un hijo de Dios, debe ser preparado. Que mire las armas que posee y que pula brillante su escudo, y que sumerja sus flechas en una mezcla letal, pues horrible y espantoso es el trabajo que tiene por delante. Que se prepare".
Pero Hércules, descansando de sus trabajos, no tenía noticia de la prueba que estaba por delante. Sentía fuerte su coraje. Descansaba de sus trabajos, y una y otra vez más allá del cuarto Portal perseguía la gama sagrada claramente hasta el templo del Señor. Llegó el tiempo en que la tímida cierva conoció bien al cazador que la perseguía, y gentilmente acudió a una orden suya. Así una y otra vez, él colocaba a la gama sobre su corazón y buscaba el templo del Señor. Así descansaba.
Delante del quinto gran Portal se erguía Hércules, armado hasta los dientes con todos los obsequios de guerra y de guerreros, y mientras él se erguía los vigilantes dioses observaban su firme paso, su ojo ansioso, su mano pronta. Pero en lo profundo de su corazón se
preguntaba:
"¿Qué hago yo aquí?”, "¿Cuál es la prueba y por qué busco pasar este Portal?”, y hablando así escuchaba, esperando oír una voz. “¡Qué hago aquí, Oh, Maestro de mi vida, armado, como tú vez, con todos los pertrechos de guerra? ¿Qué hago yo aquí?" "Una llamada ha sonado, Hércules, una llamada de profundo dolor, tus oídos exteriores no han respondido a esa llamada, y no obstante el oído interior conoce bien la necesidad, pues él ha oído una voz, sí, muchas voces, diciéndote la necesidad, el apremio de que tú te arriesgues. La gente de Nemea busca tu ayuda. Ellos están en profunda angustia. La noticia de tus proezas se ha hecho pública. Piden que tú mates al León que devasta su región, tomando sus víctimas entre los hombres".
"¿Es ése el salvaje ruido que oigo?”, preguntó Hércules. "¿Es el rugido de un león lo que oigo, en el aire vespertino?”. El Maestro dijo: "Ve, busca al león que asola la región situada en la parte más distante del quinto Portal. La gente de esta asolada comarca vive silenciosamente detrás de sus puertas con cerrojo, no se aventura a salir a sus tareas, ni cultivan su tierra, ni siembran. De norte a sur, de este a oeste el león merodea, y acechando captura a todo aquél que cruza su camino. Su espantoso rugido se oye a lo largo de la noche y todos están temblando detrás de sus puertas atrancadas. ¿Qué harás, Oh Hércules? ¿Qué harás?”.
Y Hércules, prestando oídos, respondió a la necesidad. En el lado más cercano del gran Portal que custodia firme la región de Nemea, dejó caer las armas de guerra, reteniendo el garrote, cortado por sus manos de un árbol joven y primaveral. "¿Qué haces ahora, oh hijo del hombre, que eres asimismo un hijo de Dios? ¿Dónde están tus armas y dónde tu fuerte protección?” "Este admirable conjunto de armas sólo me oprime, demora mi velocidad y obstruye mi marcha en el camino. No necesitaré nada sino mi fornida maza, y con esta clava y mi intrépido corazón, iré por mi camino a buscar al león. Envía a decir a la gente de Nemea que voy por el Camino, y diles que desechen su temor".
* * *
De un lugar a otro pasó Hércules, buscando al león. Encontró a las gentes de Nemea, escondidas detrás de sus puertas con cerrojo, excepto unos pocos afuera que se aventuraban a causa de la necesidad o la desesperación. Ellos andaban por el camino a la luz del día, aunque llenos de temor.
Dieron la bienvenida a Hércules con alegría al principio, después con preguntas, cuando vieron su manera de viajar; sin armas, con escasos conocimientos de las costumbres del león, y nada, excepto un quebradizo garrote de madera. "¿Dónde están tus armas, Oh, Hércules? ¿No tienes miedo? ¿Por qué buscas al león sin protección? Ve a procurar tus armas y tu escudo. El león es feroz y fuerte, y a gran multitud ha devorado. ¿Por qué correr este riesgo? Ve a buscar tus armas y panoplia de poder". Pero silenciosamente, sin responder, el hijo del hombre, que era el hijo de Dios, siguió por el Camino, buscando las huellas del león y siguiendo su voz. "¿Dónde está el león?”, preguntaba Hércules. "El león está aquí”, llegaba la respuesta. "No, allí", se imponía una voz de miedo. "No es verdad" replicaba una tercera, "Yo escuché su rugido cerca de la desierta montaña esta semana". "Y yo, también, cerca de este valle donde estamos". Y todavía otra decía: "Yo vi sus huellas sobre el sendero por el que caminé, de modo que, Hércules, escucha mi voz y síguele la pista hasta su guarida".
* * *
Así prosiguió Hércules su camino, ansioso pero sin miedo; solo, no obstante acompañado, pues en la huella él seguía a otros y era seguido, con esperanza y tembloroso espanto. Durante días y muchas noches exploró el Camino y prestó oídos al rugido del león mientras la gente de Nemea se agazapaba tras las puertas cerradas.
De repente vio al león. Estaba parado a la orilla de un espeso matorral. Viendo a un enemigo que se acercaba y que parecía completamente sin temor, el león rugió, y con su rugido los arbustos se sacudieron, las gentes de Nemea huyeron y Hércules permaneció inmóvil.
Hércules empuñó su arco y su estuche de flechas y con mano segura y ojo experto apuntó una flecha al lomo del león. La flecha se dirigió directo al blanco. La flecha cayó sobre la tierra y falló, no atravesó el lomo del león. De nuevo, y aún otra vez disparó sus flechas sobre el león hasta que no quedó ni una flecha en su carcaj. Entonces el león vino hacia él ileso y enfurecido de rabia, completamente sin temor. Arrojando su arco sobre la tierra, el hijo del hombre, que es un hijo de Dios, se abalanzó con un alarido salvaje hacia el león que estaba en la Senda, bloqueando su camino, asombrado de la proeza con la cual hasta entonces no se había enfrentado. Pues Hércules avanzaba. Repentinamente el león se volvió y se precipitó dentro de un matorral, en las laderas rocosas del camino de la abrupta montaña.
Y así continuaron los dos. Y repentinamente mientras iba por el Camino, el león desapareció y no se lo vio ni oyó más.
Hércules se detuvo en el Camino y permaneció silencioso. Buscaba por todos lados, empuñando su firme garrote, el arma que él mismo había hecho, el obsequio que se había dado en días ya pasados, su confiable clava. Por todos lados buscaba; pasaba por todos los caminos, yendo de un punto a otro sobre la angosta senda que corría por el costado de la montaña. De repente se acercó a una cueva y desde la cueva llegó un fuerte rugido, una voz salvaje, sorda y retumbante que parecía decirle que se detuviera o perdería su vida. Y Hércules permaneció quieto, gritando a las gentes de la región: "El león está aquí, observen la hazaña que haré". Y Hércules, que es un hijo de hombre y sin embargo un hijo de Dios, entró a esa cueva y atravesó toda su extensión oscura hacia la luz del día y no encontró al león, sólo otra abertura que conducía a la luz del día. Y mientras estaba en suspenso, oyó al león detrás suyo, no delante.
"¿Qué haré?”, se preguntó Hércules, "esta cueva tiene dos aberturas y mientras yo entro por una el león sale y entra por la que he dejado atrás. ¿Qué haré? Las armas no me sirven. ¿Cómo matar este león y salvar a la gente de sus dientes, ¿Qué haré?”.
Y mientras buscaba el medio de hacer algo y escuchaba el rugido del león, vio haces de leña y palos tirados en gran profusión al alcance de su mano. Tirando de ellos hacia sí, arrastrándolos con todas sus fuerzas, colocó el montón de palos y haces de pequeñas ramas dentro de la abertura que estaba cerca y las amontonó allí, bloqueando el camino a la luz del día, para entrar y salir, y encerrándose él y encerrando al feroz león dentro de la cueva.
Entonces se volvió y enfrentó al león.
Con sus manos lo apresó, estrechándolo apretadamente y ahogándolo. Cerca de su rostro tenía el resuello y resoplido del león. Pero sin embargo sostuvo su garganta y lo estranguló.
Más y más débiles se volvían los rugidos de odio y temor; más y más débil se volvía el enemigo del hombre; cada vez más se abatía el león, pero Hércules lo sostenía. Y así lo mató con sus dos manos, sin sus armas y con su propia admirable fuerza.
Mató al león y lo despojó de su piel, mostrándola a las gentes que no podían entrar en la cueva. "El león está muerto” gritaban, "el león está muerto. Ahora podemos vivir y labrar nuestras tierras y sembrar las semillas que necesitamos y vivir en paz. El león está muerto y grande es nuestro liberador, el hijo del hombre, que es un hijo de Dios, llamado Hércules".
* * *
Así Hércules retornó triunfante a Aquel que lo envió para probar su fuerza, para servir y satisfacer la necesidad de aquellos que se encontraban en horrible angustia. Colocó la piel del león bajo los pies del que era el Maestro de su vida, y obtuvo permiso para usar la piel en lugar de la ya gastada y usada.
"La hazaña está hecha. La gente ahora está libre. No hay temor. El león ha muerto. Con mis propias manos yo estrangulé al león y lo maté".
"De nuevo, Oh Hércules, mataste un león. Otra vez lo estrangulaste. El león y las serpientes deben ser matados repetidas veces. Bien hecho, hijo mío, ve y descansa en paz con aquéllos que has liberado del temor.
El quinto trabajo ha terminado y voy a decírselo al Gran Presidente, que está sentado esperando en la Cámara del Concilio del Señor. Descansa en paz". Y de la Cámara del Concilio llegó la voz: Yo Se.

El Tibetano
El Número Cinco

En el quinto signo, Leo, Hércules realiza el trabajo mejor conocido históricamente, pues el matar al león de Nemea ha sido siempre asociado con Hércules, aunque es interesante señalar que este famoso trabajo no tiene relación con la piel de león que Hércules siempre usaba.
Esa era la piel del león que él mató antes de que emprendiera sus trabajos y que fue su primer acto de servicio. A través de ese acto demostró que estaba listo para la prueba y la disciplina.
Este es uno de los más interesantes trabajos numéricamente, y para comprenderlo en forma cabal y entender su verdadero significado, debemos tener en cuenta el número cinco que lo distingue. Desde el punto de vista del esoterista, el cinco es el número del hombre, porque el hombre es un divino hijo de Dios, además del cuaternario en que consiste la cuádruple naturaleza inferior, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo vital y la envoltura física. En el lenguaje de los psicólogos, el hombre es un yo, una continuación de los estados mental y emocional, la vitalidad, y el instrumento de respuesta del cuerpo físico.
Hemos visto a estas cuatro cosas presentadas en relación al alma involucrada, en los cuatro signos precedentes.
En Aries, el alma tomaba para sí ese tipo de materia que la capacitaría para estar en relación con el mundo de las ideas. Ella se revestía de una envoltura mental. Agregaba a la individualidad aquellas combinaciones de sustancia mental a través de las cuales podía expresarse mejor. Y el hombre llegó a ser un alma pensante. En Tauro, hizo contacto con el mundo del deseo y continuó un similar proceder. Se desarrollaron los medios de entrar en contacto conscientemente con el mundo del sentimiento y las emociones, y el hombre llegóa ser un alma consciente. En Géminis, un nuevo y vital cuerpo de energía se construyó por la conducción de las energías del alma y la materia, y el hombre llegó a ser un alma viviente, pues los dos polos estaban en armonía y apareció el cuerpo vital o etérico. En Cáncer, que es el signo del nacimiento físico y de la identificación de la unidad con la masa, se completó el trabajo de la encarnación y se manifestó la cuádruple naturaleza. El hombre llegó a ser un actor viviendo en el plano físico. Pero es en Leo que el hombre llega a ser lo que se llama ocultamente la estrella de cinco puntas, pues esa estrella permanece como el símbolo de la individualización, de la humanidad, del ser humano que se conoce a sí mismo como siendo un individuo y se conoce a sí mismo como el Yo. Es en este signo que empezamos a usar las palabras "Yo", y “mi”, y “mío”.
La Sempiterna Sabiduría del Oriente nos dice que el número cinco es el más oculto y el más profundamente significativo de los números. Sostiene que el grupo de seres celestiales y espirituales, que encarnaron en la tierra, se manifestaron a través del cuaternario, y así entraron en la existencia de la familia humana, que fueron el quinto grupo de vidas divinas y que ellos combinaron dentro de sí mismos, por consiguiente, los atributos duales del universo, lo espiritual y lo físico. Unificaron en ellos mismos los dos polos. Eran exotéricos y esotéricos; eran objetivos y subjetivos. Así tenemos el número diez, que es considerado como el número de la perfección y la consumación humanas, el número de un ser humano perfectamente desarrollado y manifestado, y del equilibrio logrado entre el espíritu y la materia. Pero es el número en donde el espíritu no domina a la materia; es el número del aspirante cuyo objetivo es subordinar la materia a los usos del espíritu y, por consiguiente, trastorna el equilibrio del número diez.
Las antiguas escrituras del Oriente emplean algunas frases interesantes para expresar la naturaleza de estos seres celestiales que son los hombres de nuestro tiempo, que somos nosotros mismos, que son los hijos de Dios encarnados. Ellos son llamados Señores del Conocimiento y de la Sabiduría. Señores de la Voluntad y el Sacrificio, Señores de la Devoción Infinita, y estos términos, caracterizando la entidad espiritual que habita en toda forma humana, son dignos de la más atenta consideración de aquéllos que buscan marchar por el círculo del zodíaco como individuos conscientes con una meta espiritual. Por nuestra propia voluntad y con pleno conocimiento estamos aquí. Para elevar la materia al cielo, hemos venido a esta existencia manifestada. En esencia y en realidad, el hombre no es lo que parece ser. Es esencialmente lo que demostrará en Acuario, el signo opuesto a Leo. El individuo en Leo se transforma en el iniciado en Capricornio, y se pone de manifiesto como el hombre completo en Acuario, y esto sólo ha sido posible a causa de la devoción ilimitada a un objetivo oscuramente sospechado, que lo ha llevado una y otra vez alrededor del zodíaco hasta que se ha logrado una completa autoconciencia.
La propiedad y la relación del quinto Mandamiento con el quinto trabajo y el quinto signo se vuelven así manifestadas. "Honra a tu padre y a tu madre, que tus días puedan ser largos en la tierra que el Señor tu Dios te ha dado", pues en Leo, Padre-espíritu y Madre-materia se encuentran en el individuo y su unión produce esa entidad consciente que llamamos el alma o el Yo. Justamente, sin embargo, como éste es el signo en el cual el hombre se reconoce a sí mismo como el individuo y empieza el ciclo de experiencias en la cuales él adquiere conocimiento, así es el signo en el cual el hombre autoconsciente empieza su entrenamiento para la iniciación. Es en este signo que tenemos la última de las pruebas en el sendero probatorio. Cuando el trabajo de este signo termina, ha empezado el adiestramiento definido para la iniciación en Capricornio. Algunas medidas de control del pensamiento se han ganado en Aries, y algún poder de transmutar el deseo se ha logrado en Tauro. Las manzanas de la sabiduría han sido recogidas en Géminis y la distinción entre sabiduría y conocimiento ha sido aprendida en parte, mientras que la necesidad de transmutar el instinto y el intelecto en intuición y de llevar a ambos al Templo del Señor, ha sido entendida en Cáncer.

La Historia del Mito

Después de un trabajo relativamente simple en Cáncer, el cual estuvo completamente libre de riesgo y peligro, Euristeo impone a Hércules la tremenda tarea de matar al león de Nemea, que estaba devastando la comarca. Por un largo período el león había sido unafuerza destructiva y la gente era incapaz de hacer algo al respecto. Hércules encontró que la única manera en la cual podía lograr su objetivo, era perseguir al león en círculos cada vez más estrechos hasta que lo hubiera acorralado en la cueva. Procedió a hacer esto y eventualmente le siguió la pista hasta su guarida.
Habiendo tenido éxito en esta etapa preliminar, hizo entonces el desagradable descubrimiento de que la cueva tenía dos aberturas y que, tan pronto como lo perseguía por una, emergía por la otra. No había más remedio, por lo tanto, que detener la persecución y bloquear una de lalaberturas de la cueva, y así lo hizo Hércules. Entonces persiguió al león dentro de la cueva a través de la abertura que no estaba bloqueada y, dejando todas las armas, aún el garrote que él mismo había hecho, con sus dos manos estranguló al león hasta la muerte. Ese fue un encuentro que tuvo lugar sin que nadie lo viera; Hércules y el león en la oscuridad y lobreguez de la cueva, tomando parte, ambos, en una lucha que tenía que ser a muerte.

El Campo del Trabajo

El signo de Leo es uno de los cuatro brazos de la cruz fija en los cielos, la cruz en la cual el Cristo Cósmico y el Cristo individual son siempre crucificados. Tal vez la palabra "crucificado" tendría un verdadero significado si la sustituyéramos por la palabra "sacrificado", pues en el desarrollo de la conciencia de Cristo en la forma, etapa por etapa, varios aspectos de la naturaleza divina se ven como siendo sacrificados.
En Tauro, el símbolo de la fuerza creativa expresándose a través del deseo, vemos el aspecto inferior de la divina fuerza creativa, el deseo sexual, transmutado en, o sacrificado a, su aspecto superior. Tenía que ser elevado al cielo.
En Leo, vemos a la mente cósmica actuando en el individuo como la razonadora mente inferior, y su aspecto inferior tiene asimismo que ser sacrificado y la pequeña mente del hombre debe ser subordinada a la mente universal. En Escorpio, que es el tercer brazo de la cruz fija, encontramos el amor cósmico o atracción cósmica. Allí se lo muestra en su aspecto inferior, y a esto lo llamamos la gran Ilusión; y en Escorpio vemos al aspirante en la cruz, sacrificando la ilusión a la realidad. En Acuario, tenemos la luz de la conciencia universal iluminando al ser humano y realizando el sacrificio de la vida individual, fundiéndola en el todo universal. Esta es la verdadera crucifixión: el sacrificio del reflejo a la realidad, del aspecto inferior al superior, y de la unidad individual a la gran suma total.
Fueron estas las características que el Cristo tan maravillosamente demostró. El se mostró como el Creador. Se mostró como funcionando bajo la influencia de la mente iluminada; personificaba en sí mismo el amor de Dios, y se anunció como la Luz del Mando. El problema ante Hércules, por lo tanto, era el problema del signo; la crucifixión inferior y la conquista de la autoafirmación individual.
Originalmente el zodíaco consistió sólo de diez constelaciones y, en alguna época prácticamente desconocida, las dos constelaciones, Leo y Virgo, eran un símbolo. Tal vez el misterio de la esfinge está conectado con esto, pues en la esfinge tenemos al león con cabeza de mujer. Leo con Virgo, el símbolo del león o alma real y su relación con la materia o aspecto Madre. Puede, por consiguiente, significar las dos polaridades, masculina y femenina, positiva y negativa.
En esta constelación está la estrella sumamente brillante que es una de las cuatro estrellas reales de los cielos. Es llamada Regulus, el Gobernante, el Legislador, conteniendo en su significado el pensamiento de que el hombre puede ahora ser una ley en sí mismo, pues él tiene dentro de sí, eso que es el rey o el gobernante. Oculto en la constelación hay también un brillante grupo de estrellas, llamado "la hoz". Para los antiguos iniciados, quienes veían a las constelaciones exteriores como personificaciones de fuerzas y como símbolos de un drama desplegado, tan vasto que ni aún ellos podían comprenderlo, la constelación trasmitía tres pensamientos mayores: primero, que el hombre era el gobernante, el rey, Dios encarnado, un hijo individual de Dios; el segundo, el hombre era gobernado por la ley, la ley de la naturaleza, la ley que él hace para sí mismo, y la ley espiritual a la cual se subordinará eventualmente; tercero, que el trabajo de un individuo es aplicar la hoz y suprimir o derribar aquello que obstaculiza la aplicación de la ley espiritual, y por lo tanto obstruye el florecimiento del alma.
La constelación de Leo tiene noventa y cinco estrellas, dos de las cuales de primera magnitud. Su nombre egipcio, se nos dice, significaba "un fluir” dando el Nilo su más completa irrigación en esta estación.
Esto tiene también un interesante significado esotérico pues, según las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, la familia humana empezó su existencia a través de lo que es técnicamente llamado “la tercera efusión” que era la denominación que se daba a la entrada de una gran marea de almas dentro de los cuerpos animales y, por consiguiente, la formación de la familia humana compuesta de unidades individuales. Otro término técnico para esta tercera efusión es "individualización", transformándose en un individuo con autoconocimiento, vinculándolo así con los grandes sucesos en el signo, Leo.
Las noventa y cinco estrellas en esta constelación tienen también significado numérico pues tenemos allí 9 x 10 + 5. Nueve es el número de la iniciación, diez es el número de la perfección humana, cinco es el número del hombre, y así en esta agrupación de estrellas tenemos la historia del hombre, de la personalidad, del iniciado y de su última realización espiritual.

Las Tres Constelaciones Simbólicas

Hay una constelación inmensa llamada Hidra, la serpiente, asociada con el signo Leo.
Nosotros encontramos también a Cráter, la copa, y Corvus, el cuervo. Las tres sintetizan en su significado el problema del hombre que está buscando la iniciación. Ellas le describen distinta y claramente el trabajo que tiene que hacer. A medida que Leo, el rey, el alma, empieza su trabajo, él comprende que tiene que beber la copa del sufrimiento y de la experiencia, que tiene que vencer la serpiente de la ilusión y el pájaro de presa para eliminar a Hidra, la serpiente; que en las antiguas pinturas está representada como una serpiente hembra. Abarca más de cien grados y está situada debajo de las tres constelaciones, Cáncer, Leo y Virgo.
En Escorpio, esta serpiente de la materia o de la ilusión, con la cual el alma se ha identificado por tanto tiempo, es finalmente vencida. Tiene sesenta estrellas, y de nuevo hacemos contacto con un número significativo, pues seis es el número de la mente o del trabajo creativo de la Mente universal, y de los seis días de la creación. En el sexto signo, Virgo, tenemos completada la forma. Se nos dice en el Libro de las Revelaciones que la marca de la Bestia es 666, e Hidra, la serpiente, se extiende debajo de las tres constelaciones y su número 6 es, por lo tanto, tres veces potente. Diez es el número de la consumación. El seis expresa, por consiguiente, las limitaciones de la naturaleza corporal trabajando a través de la forma y la utilización de la personalidad; simboliza a Dios en la naturaleza, ya sea cósmica o individualmente. Hidra, la serpiente, representa el aspecto materia, porque vela y oculta el alma.
El Cráter, o la copa, tiene trece estrellas de mediana magnitud y cerca de noventa estrellas pequeñas, aunque algunos libros de astronomía dicen tres estrellas brillantes y noventa pequeñas. Por lo tanto, tenemos nuevamente el número de la materia, o de la toma de forma, y el número de lo que es llamado “apostasía", y de "el volver la espalda” como lo hizo Judas Iscariote, al alma o al aspecto Cristo. Esta copa forma realmente parte del cuerpo de la Hidra, pues las estrellas del pie de la copa forman parte del cuerpo de la Serpiente y ambas constelaciones las reclaman. Es la copa que todo ser humano tiene que beber, llena de lo que él ha destilado de su experiencia en la materia. Es la copa de la obligación en algunos de los antiguos rituales masónicos, y simboliza el beber lo que nosotros mismos hemos preparado. También, la misma verdad puede ser expresada en las palabras de la Biblia cristiana, “Según un hombre siembre, así cosechará".
Luego tenemos, en tercer lugar, a Corvus, el cuervo, que está sobre Hidra, la serpiente, y la picotea. Tiene nueve estrellas, otra vez el número de la iniciación. El Antiguo Testamento empezaba con un cuervo, el Nuevo Testamento empieza con una paloma. La experiencia empieza con el pájaro de la materia y termina con el pájaro del espíritu. Es interesante señalar que en Acuario, el consumado signo al que lleva Leo, encontramos a Cygnus, el cisne, el símbolo del ave del espíritu. En La Voz del Silencio leemos: "Y entonces tú puedes reposar entre las alas del gran pájaro. Sí, es dulce descansar entre las alas de aquél que no ha nacido, ni muere, pero que es el Aum a través de las eternas edades”. Y en una nota al pie de la página H.P.B. refiriéndose al pájaro o cisne, cita: "Dice el Rig-Veda... La sílaba A se considera que es el ala derecha del ave Hamsa, la U su ala izquierda, y la M su cola..."
(Los Chacras, por C.W. Leadbeater)
En el zodíaco de Denderah, Leo y las tres constelaciones acompañantes están representadas como formando un gran signo, pues se ve al león pisando la serpiente. Corvus, el cuervo, está posado sobre el lomo del león, mientras que debajo está una figura emplumada de mujer (de nuevo, el símbolo de la materia) sosteniendo dos copas, pues hay siempre la copa que simboliza la copa de la experiencia, la copa del sufrimiento. La copa, es la copa que se ofrece al iniciado, a la cual Cristo se refería en el Jardín de Getsemaní, cuando imploraba que la copa le fuera apartada, pero de la cual terminó bebiendo.
Así Hércules, el aspirante, expresándose en Leo, prevé la gran batalla que está delante de él, sabe que su pasado debe determinar su realización en el futuro, sabe que antes de que él pueda escalar la montaña en Capricornio, debe matar a la Hidra, y sabe que no debe ser más el cuervo, sino que debe manifestarse como Aquila, el águila de Escorpio, y como Cygnus, el cisne, en Acuario. Esto lo tiene que empezar a hacer en Leo, demostrando el poder de atreverse, enfrentando la lucha espantosa que tiene por delante en los tres signos siguientes y matando al león de su propia naturaleza (el rey de las bestias) solo y sin ayuda, y así merecer el poder de vencer a Hidra, en escorpio.

La Lección del Trabajo

Dos pensamientos sacados de la Biblia cristiana, resumen la lección de este trabajo. En la Epístola de San Pedro encontramos estas palabras: "Tu adversario, el demonio, como un león rugiente camina alrededor, buscando a quien poder devorar” y en La Revelación 5:5, encontramos las palabras, "He aquí, el León de la tribu de Judá la raíz de David, ha prevalecido para abrir el libro, y para desatar los siete sellos de éste".
Hércules, el aspirante, el alma, simboliza al león, el príncipe, el rey, el gobernante, y a causa de esto simbólicamente usaba la piel del león. El león de Nemea se yergue esencialmente para la coordinada, dominante personalidad, pues el aspirante tiene siempre que ser un individuo altamente evolucionado.
Con los aspectos triples del yo personal inferior fundidos y mezclados, y, por consiguiente, poderosos más allá del término medio, el aspirante se vuelve a menudo una persona algo irritante y difícil. Tiene una mente y la está usando. Sus emociones están controladas, o bien están tan mezcladas con sus reacciones mentales que son extraordinariamente poderosas; de ahí que sea excesivamente individual, a menudo muy agresivo, autoconfiado, y autosatisfecho y su personalidad sea, por lo tanto, una fuerza devastadora en el grupo familiar, en la sociedad, o en la organización con la cual pueda estar afiliado. Por consiguiente, el aspirante, el león de Judá, tiene que matar al león de su personalidad. Habiendo surgido de la masa, y desarrollado su individualidad, entonces tiene que matar lo que él ha creado; tiene que volver impotente al que ha sido el gran agente protector hasta el momento. El egoísmo, el instinto autoprotector, tiene que dar lugar a la abnegación, lo que es literalmente la subordinación del yo al todo.
Por lo tanto, el león de Nemea simboliza la personalidad poderosa corriendo indómita y amenazando la paz de la comarca. ¿Cuál es la lección que se pretende debe aprenderse del hecho de que Hércules siguiera al león hasta la cueva que tenía dos aberturas? ¿Por qué obstruyó una abertura y entró por la otra? ¿Cuál es la enseñanza espiritual que subyace en la tradición de que allí mató al león con sus simples manos desnudas?
Muchas de estas viejas historias han mantenido el verdadero sentido de su significado inescrutable por miles de años, y es sólo en esta época y generación que el verdadero significado esotérico puede posiblemente emerger. El hecho interesante acerca del período en el que ahora vivimos, es que él marca una evolución singular en el desarrollo racial. Ha habido siempre manifestaciones de los dioses del sol, y este trabajo de Hércules ha sido muchas veces representado por unos pocos aquí y allá. Cada nación ha producido aspirantes altamente evolucionados que logran descubrir al león de la personalidad dentro de la cueva y allí lo dominan. Pero, relativamente, en relación a la miríada de unidades humanas, ellos han constituido una muy pequeña minoría. Ahora tenemos un mundo lleno de aspirantes; la generación venidera en todas las naciones producirá sus miles de discípulos, y ya decenas de miles están buscando el Sendero. La gente no es muy individual, el mundo está lleno de personalidades, y ha llegado el tiempo en que el león de la tribu de Judá debe vencer al león del yo personal. No estamos solos en nuestra lucha, como lo estuvo Hércules, sino que formamos parte de un gran grupo de dioses del sol, que están luchando con las pruebas preparatorias para la iniciación, y con los problemas que sacarán a la luz los plenos poderes del alma.
En Capricornio escalaremos la cima de la montaña, y entrando, como lo estamos ahora, en el ciclo de Acuario, los aspirantes de la raza están en posición de empezar a aprender la lección de servicio y conocimiento universal. Cuando, dentro de dos mil años, empecemos a entrar en Capricornio, habrá entonces allí una inmensa agrupación de iniciados, y el escalamiento del monte de la iniciación y del monte de la transfiguración por muchos cientos de discípulos. Hasta entonces, hay que enfrentar al león de la personalidad y entrar en la cueva.
En el simbolismo de las escrituras del mundo, los acontecimientos más trascendentales son representados en uno de los dos sitios: en la cueva o en la montaña. Cristo nació en la cueva; la personalidad es vencida en la cueva; la voz del Señor se oye en la cueva, el conocimiento de Cristo es alimentado en la cueva del corazón, pero después de la experiencia en la cueva, se escala la montaña de la transfiguración, el monte de la crucifixión es alcanzado, para ser seguido, finalmente, por el monte de la ascensión.
Me gustaría aquí dar la interpretación técnica, tal vez más científica, de esta cueva en la que entró Hércules. La raza aria, a la cual pertenecemos, posee un desarrollo mental agudo, y el conocimiento de la gente en todas partes está cambiando progresivamente más allá de su naturaleza emocional, y por lo tanto fuera del centro del plexo solar, dentro del cuerpo mental, y por consiguiente, dentro de la cabeza. Hay en la cabeza una pequeña cueva, una pequeña estructura ósea que escuda y protege una de las más importantes glándulas del cuerpo, la pituitaria. Cuando esta glándula esté funcionando en completa y apropiada actividad, tendremos una personalidad plena y activa, autocontrolada, con pronunciada actividad mental y resistencia.
Este cuerpo pituitario es dual en su configuración: en uno de sus lóbulos, el frontal o antepituitario se encuentra el asiento de la mente razonadora, de la intelectualidad, y en el otro, el postpituitario, está el asiento de la naturaleza emocional, imaginativa. Se dice también que esta glándula coordina a las otras, controla el crecimiento y es esencial para la vida. Es interesante que Berman defina la intelectualidad corno la "capacidad de la mente de controlar su ambiente por conceptos e ideas abstractas". Donde existe una falta de desarrollo de esta glándula se puede encontrar deficiencia tanto emocional como mental.
Muchos endocrinólogos y psicólogos se han expresado con líneas similares. Es en esta cueva que el león de la personalidad desarrollada o individualidad tiene su guarida, y es aquí que el dios sol, Hércules, debe triunfar.
Durante siglos los egipcios, y especialmente los hindúes, han sabido de los chakras o centros de fuerza en el cuerpo etérico. El descubrimiento del sistema endocrino muestra glándulas físicas correspondientes, en las mismas ubicaciones. Una de éstas, el cuerpo pituitario con sus dos lóbulos, simboliza la cueva con dos aberturas, una de las cuales Hércules tuvo que cerrar antes de que pudiera controlar la personalidad con la mente superior. Pues fue sólo cuando él hubo bloqueado la abertura de las emociones personales (post-pituitaria), desechando incluso su seguro garrote, rehusando simbólicamente a llevar una vida personal egoísta, que él pudo, entrando por la abertura representada por la antepituitaria, someter al león de la personalidad en la cueva. Estas correlaciones son tan exactas que presentan en pequeño y en grande un terrible testimonio de la perfecta integridad del Plan. "Como arriba, así es abajo". Una sorprendente correlación entre las verdades biológicas y espirituales.

1 comentario:

Bruno Faustino dijo...

Mais uma vez, um bom trabalho de pesquisa e estudo nestes temas interconectados entre si, o sol e o signo leo. Parabéns.