viernes, 15 de mayo de 2009

EL DRAMA HORTELANO

El león y el domador salvaje, cogidos del brazo,

han ido a visitar las siembras primaverales.

Enguantada de verde silencio la fiel culebra les acompaña.

Dos ojos salidos de la tierra contemplan de muy abajo

la vida y su misterio.

El león se enternece y el domador distraído recuenta los años.

Un aspersor danza entre los tules de agua.

El domador se palmea los costados y bosteza.

El tierno león estirado amasa la tierra en torno a las pálidas manos

recién replantadas.

*

Leñador embielado, ¿sobre quién golpeas?

El entierro del conde envenenado

ha reunido las formas negras del recuerdo.

La palidez de la joven duquesa

no sorprenderá a nadie en este día en que el rojo se prohíbe

la gran cruz del duque su marido.

*

Igualmente muertas, la alegría y la tristeza yacen

ante mi alma que flota sin hábitos.

*

¡Socorro, vosotros, el alambre me enlaza!

Pasada la celada de los verdores,

el muerto sorprendido oye leer la sentencia desigual

de los gestos reencontrados.

Sobre las pendientes declives donde se despedazan formas,

la memoria se encorva ante las asperezas de las manos sin dedos

que palpan los contornos del yo.

Y las sensaciones pálidas escurren

la presencia invisible de las uñas que crecen

y de los cabellos que se enroscan para ellos mismos.

Ningún apoyo en lo negro donde el ruido sin eco

engendra el secreto y los miedos dispares.

*

Este hombre cubierto de cielo que mira en lo negro, es Él.

La dama cuya vaga chispa luce, es Ella.

El monstruo que dormita a mis pies de noche y murmulla.

Una mano cubierta de dedos dulcemente se empareja.

Calentándole las uñas aún se le podría salvar.



Louis Cattiaux

Luis Montero

No hay comentarios: